Danza de Letras

Al son de las palabras

Mes: Noviembre 2014

Oliver Twist. Pobre niño pobre.

Todo el mundo conoce la historia de Oliver Twist. Bueno, es una de esas cosas que “todo el mundo conoce”, dadas las muchas adaptaciones a telefilm y miniserie.

Pobre niño pobre, Oliver Twist es una de esas obras que abundan en la desgracia humana vista con planos picados. Ha sido una lectura dura para mí. Y lo peor es que lo sabía. No me pregunteis por mis razones para leerlo. Tal vez que me gusta ser ecléctica. Tal vez por que creo que si te gusta la literatura, tienes que estar expuesto a todos los géneros. Y más a las llamadas grandes plumas.

Oliver Twist es una novela que puede agradar a muchos. Tiene sangre, amor, acción… un poco lenta tal vez, pero se le perdona. Al fin y al cabo fue escrita en 1838, y más de ciento setenta y cinco años son una distancia considerable.

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Es impagable como retrato de lo mejor y lo peor de la inglaterra victoriana, especialmente del Londres de la época. Y también lo es como ejemplo de lo lento que avanza la humanidad en términos de mejora social.

Todo lo que le puedo reprochar es achacable a la época. ¿Por qué los vicios de las personas deben estar reflejados en el semblante? Los malos son feos. Los buenos son hermosos. Los muy buenos tan hermosos como ángeles en la tierra.
La separación de clases, tan insalvable, casi daña al espíritu del lector moderno. Si, estoy siendo casi tan rimbombante como la novela.

Como lectora además me entristece el retrato de las mujeres. No se le puede achacar ser una novela machista. Hay mujeres, tienen texto e importancia. En ese nivel Tolkien lo hizo bastante peor cien años después. Pero qué es y qué puede esperarse de una mujer en ese tiempo es algo que molesta. Las damas pueden ser damas y ser delicadas, gentiles y bondadosas. O pueden no ser damas y ser egoistas, maquinadoras y dominantes.

Además es maniqueista. El bueno es bueno, el malo es malo. Sin tonos grises. El que ha sido manchado una vez por el mal jamás se recupera, ni en su fuero interno ni tampoco a los ojos de los hombres. La reputación es una carga que siempre se lleva encima. El mal o el bien son vistas como tendencias del alma que guían a las personas de cuna a tumba, sea el camino corto o largo.

El estilo es denso, y rico en monólogos introductorios del narrador para aclarar sus buenas intenciones. Una vez perdonado esto, es una buena obra. Es más, se puede disfrutar de unas descripciones casi cinematográficas.

PS. Si en las próximas semanas vuelvo a oir la expresión “en la flor de su edad” juro que me da un ataque de furia homicida.

Recomendado para: Gente con amor a lo victoriano y jugadores de rol en vivo de la época, estudiantes de literatura.

Abstenerse: Gente incapaz de superar el estilo y lenguaje e impacientes en general.

Título: Oliver Twist
Autor: Charles Dickens
Año de publicación: 1838
Año de última edición España: 2008
Editorial: Alianza Editorial

Frío

Frio

Te me metes dentro en soledad. Sin buscarte, me arrinconas. Sin buscarte y sin dejarte de buscar.

Frio.

Estableces campamento por todo mi interior. Conviertes mis huesos en hielo. Ahuyentas mi calor.

Frio.

Tu garra helada atenaza mi corazón, eliminando el fuego interno con una lágrima a traición.

El testamento de Ilya

Hace mucho tiempo, tuve nombre. Me llamaban Ilia. Yo era Rhea Silvia. Ahora soy el susurro del llanto en una gruta.

Hace mucho tiempo fui la joven hija del rey de esta tierra. Era una niña hermosa y feliz.

Entonces, mi tio accedió al trono. Mi padre murió, y también mi hermano. Me quedé sola con mi tio. Y él decidió que no soportaba ver mi rostro.

Un día de verano, vino al palacio una mujer vestida de blanco. Aunque era la primera vez que la veía, yo sabía quien era. Era una mujer santa. Una sacerdotisa de Vesta.

Mi tio nos dejó solas, y la vestal me tomó de las manos. Me dijo que por voluntad de la Diosa, me habían capturado.

A partir de aquel momento, comenzó mi nueva vida. Dejé atrás mi vida como Ilia, la niña, la princesa. Dejé atrás mis vestidos infantiles, mis juguetes y todas mis posesiones. Me llevaron al templo de la Diosa, me purificaron y me impusieron las ropas de las sirvientas de Vesta, la toga recta de las novias y la toga de las matronas, en tela blanca. Así, me volví una vestal más. Una esposa del fuego, dama sagrada y protectora del pueblo.

Me educaron, tal y como se hace con las mujeres sagradas, en todos los misterios de la Diosa y en todas las tareas sagradas que nos encomendaba.

Encontré la felicidad en esta nueva vida. Preparaba con regocijo los aceites y especias sagrados para los sacrificios, y llevaba con orgullo mi condición de esposa de la ciudad, de virgen sagrada.

Pasó el tiempo, y yo adopté en esta vida mi nuevo nombre, Rhea Silvia. Me había convertido en una mujer hermosa como una reina. Envidiada y deseada por partes iguales. Pero siempre respetada.

Llegó la primavera. Era el mediodía y decidí salir a pasear cerca de la loma principal de la ciudad. Entonces era joven, tal vez descuidada. Me senté a descansar bajo la sombra de un árbol. La brisa movía las ramas que proyectaban la sombra de sus hojas sobre todos los objetos que había alrededor. Dotaban de una ilusión de vida a una estatua de Marte preciosamente elaborada que alguien colocó hacia mucho tiempo.

No sé como, me quedé dormida. Soñé con Marte. En toda su gloria y belleza, surgía de su propia estatua, se acercaba a mi y me hablaba. Después, sin yo poder hacer nada, me tomaba. Antes de desaparecer me dijo “Tus descendientes serán la gloria del pueblo y del mundo”.

Me desperté totalmente segura de que aquello no había sido un sueño. Turbada, muy asustada, volví al templo corriendo y oré con todas mis fuerzas a la Diosa. Pero ella no me respondió.

Al poco tiempo mis temores se vieron ratificados. Estaba embarazada.

Use mis derechos como vestal por última vez en mi vida. Convoqué a las ancianas del templo y a los poderes de la ciudad. Cuando todos estuvieron reunidos, expuse mi caso. Confiaba en la buena voluntad de aquellos a los que había servido durante tanto tiempo.

Cuando les hable de Marte y mi sueño, no me creyeron. Muchas fueron las voces entre mis compañeras vestales y sobre todo, entre los hombres de la ciudad que me acusaron de ser una pérfida. Para ellos lo único cierto era mi embarazo, la prueba definitiva de que había roto mi voto como vestal. Había mancillado no solo mi honor, si no el de la ciudad.

Allí mismo me acusaron de vivir como una loba, de ser una ramera y una traidora. Algunas de mis compañeras, llenas de rabia, me atacaron. Me golpearon. Estiraron de mi pelo y rasgaron mis ropas. Me dejaron condenada como una mujer sin nombre ni origen, como una simple prostituta, en el centro del círculo de venerables.

Yo solamente lloraba. Rogando a la Diosa a la que había dedicado mi existencia y maldiciendo a aquel que había manchado mi alma y destruido mi vida. Pero ninguno de ellos, ni ninguna otra divinidad escucho mis lamentos.

Tampoco lo hizo mi tio. Él se limitó a asentir y observar la escena. En aquel momento él era un hombre anciano y triste. Algún hado oscuro había hecho un nido sobre su lecho, y no había conseguido tener un solo hijo. Yo era el único pariente que le quedaba. Aún así, no tuvo ningún problema en sellar mi muerte como único castigo posible ante mi delito.

Me hicieron caminar casi desnuda y ya condenada ante el pueblo, al que le contaron que había violado mis votos sagrados. Las gentes a las que tanto había amado y ayudado y que tanto me habían querido ahora me insultaban, me lanzaban objetos y me escupían. De este modo me llevaron a las mazmorras de la ciudad.

Pasé mis horas de encierro rogando a todos los dioses. No recuerdo ya lo que llegué a ofrecerles por mi vida, por la vida del niño que llevaba dentro. Nada ocurrió. Ningún Dios vino en mi ayuda.

Pero, a los pocos días, recibí la visita de mi Suma Sacerdotisa. Ella era la mujer que me captó para las vestales, mi maestra, mi amiga durante muchos años. Su nombre era Roma. Al contrario que muchas otras vestales, ella no estaba enfadada conmigo. De algún modo, había decidido creerme. “El corazón del rey se ha movido” – me dijo. “No morirás hasta que des a luz. Entonces, tú serás ejecutada como traidora. Tu hijo será puesto en manos de los Dioses. Lo entregarán al río, y si sobrevive o no, ya no será una decisión humana.”

Ella me cogió de la mano, que temblaba desconsoladamente ante la perspectiva de la muerte de ambos, la mía y la de mi hijo. “No te preocupes”, – me dijo con cariño.  “Siendo progenie de los dioses, no es posible que le dejen morir tan fácilmente.” Y dicho esto, me volvió a dejar sola.

No negaré que gran parte del tiempo que pasé en la celda, lo pase odiando a la ciudad que me había dado la espalda. A todos los hombres que habiéndome deseado en secreto, prefirieron tratarme como a una ramera antes que creerme. Odié a los dioses, a todos. Especialmente al que me había arruinado. Durante mucho tiempo después seguí odiándolos.

Al cabo de un tiempo, di a luz. Aquel fue un momento feliz para mi, aunque implicaba el final de mi vida. Tuve dos bebés preciosos. Dos varones gemelos. Magníficos como dioses recién nacidos.

Casi inmediatamente me quitaron a mis pequeños de mis brazos. Me hicieron levantarme, y aún sangrando, me sacaron de la celda y me hicieron caminar hasta el río.

Justo delante de mí, caminaba un guerrero, con las enseñas de la ciudad, que llevaba a mis niños en un cesto mal fabricado. Me obligaron a ver como los entregaban a las frias aguas del río.

Entonces los soldados que me custodiaban me hicieron caminar más allá del río, en lugar de volver a la ciudad. No me dijeron ni una sola palabra.

Llegamos a una cueva a los pies de la montaña. Me hicieron entrar en ella, y entonces bloquearon la entrada. Los oí alejarse de allí mientras cantaban para no escuchar mis gritos desde el interior.

Después de eso, no podría decir cuánto tiempo pasó, pero recibí por fin la respuesta a alguna de mis plegarias, y una Diosa apareció ante mí. Afrodita, llena de belleza y bondad. Con ella trajo estas herramientas de escritura, para que mi historia no sea olvidada. Y con ella trajo noticias de mis hijos, y de sus hijos. Rómulo y Remo les llamaron, y con el tiempo, refundaron la ciudad, llamándola Roma, por amor a la mujer que mejor les cuidó. Con el tiempo, la ciudad pasó a ser un imperio, y nuestra lengua se extendió por todas partes.

Hoy, ya nada queda como estaba. El tiempo ha pasado. Y lo que queda aquí soy yo. Esta voz en las grutas que ha aprendido a dejar atrás el odio y la rabia. Una sierva de los dioses, como tantas otras, elevando eternamente sus plegarias.


Para Vaelia, que me recordó este escrito de la forma más mágica, coincidentemente.

La Herbolera. La prisa es mala consejera.

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Portada de la edición de bolsillo

La Herbolera es una de esas novelas que pecan de lo que presumen, de ser una “historia de mujeres” y de ser “ligeras”. Una versión en un solo volumen de “Las brumas de Avalon” a la bizcaina.

Como el libro en sí no es demasiado denso ni tampoco largo, la lectura se vuelve fácil y en ocasiones, etérea.

La historia de Catalina de Goiena no es original en ningún punto, pero cumple lo que promete si buscas una de esas historias en las que el transfondo histórico está justo para dar color. La novela en si se vuelve pronto predecible por caer en ciertos tópicos. No es que tenga nada específico contra la literatura predecible. Pero prefiero cierta sorpresa, si puede ser.

Ambientada en la zona de Durango y a los pies del Amboto a principios del siglo XVI, la novela podría haber dado mucho más de si. Toca muchos temas fascinantes: la mitología vasca, la brujería, las herejías cristianas, los comportamientos matrimoniales, el machismo inherente a la época, el choque cultural entre los labriegos aún paganos y los habitantes ya cristianos de los pueblos más grandes, complejidades políticas castellanas… Y sin embargo, no toca ninguno.

Supongo que tengo problemas personales que resolver con respecto a la novela. Primeramente, me considero vasca. He estudiado los mitos de mi tierra. Conozco a sus dioses de un modo bastante cercano. Además he estudiado un poquito sobre brujería. Las descripciones sobre las reuniones paganas y las experiencias místicas me resultan por lo tanto algo inquietantes por lo someras. Cuánta belleza hemos perdido. Cuánto hemos podido malentender con el uso de enteógenos, qué poca importancia hemos dado a los efectos de plantas como la belladona… Puede que Martinez de Lezea no supiera mucho a este respecto.

La novela está llena de personajes planos y sin evolución. Sobre todo, está llena de hombres malvados que son justamente agraviados al final. Pero sobre todo, está llena de personajes desaprovechados. Mal aprovechadas las parteras, injustamente dejados de lado los herejes, reducido a anécdota graciosa el librero… Pero sobre todo, perdido en el olvido el inquisidor. Por su presentación, parece que éste personaje fuera pensado para algo más pero que la autora cambiara de idea por el camino. Tal vez, solo tal vez, el inquisidor y el amante iban a ser el mismo personaje al principio….

Recomendado para: amantes de “Las Nieblas de Avalon” y público Arlequin.
Abstenerse: Amantes de la psicología profunda,  aburridos del sexamor y deseosos por descubrir la brujería vasca.

 

Título: La Herbolera
Autor: Toti Martinez de Lezea
Año de publicación: 2006
Editorial: Maeva

A la Dama Mutable

Te honro a tí, la Silenciosa.

La del manto blanco,

Con tu toca de cristal y luz.

 

Te honro a tí, la del barco de plata.

Señora en la Senda Oculta.

La dama mutable, La de eterna quietud.

 

Luz eterna, sol de antepasados.

Con voz y silencio de honro.

Abuela inmortal.

 

Déjame alzar los brazos

como pequeña implorante.

Déjame reclamar tus manos

Un lugar a tus pies.

 

Déjame alzarme en tu carro,

Y por solo un instante

Hollar tus sendas,

Volver y ser.

1984. Cuando el mundo era temible.

Probablemente 1984 de George Orwell sea LA distopía. Es el ejemplo más claro y más rápido que nos viene a  la mente con esa palabra, mejorando en popularidad otras grandes distopías  como la de Huxley. Y es cierto, es una enorme distopía.

El mundo que esta novela presenta es la perversión de la utopía. La perpetuación de aquello que todo cambio intenta evitar.

LC1984+Botón01[1]He leído este libro,aprovechando el reto lanzado por los amigos y compañeros de El Marcapáginas Loco y Canal Nostalgia. Desde aquí agradecerles el impulso para acometer una lectura que llevaba posponiendo ya demasiado tiempo.

Por cierto, hicieron un banner del evento, y creo que es de buena educación ponerlo.

He hecho esta lectura del tirón, y ello tiene una explicación sencilla. Literariamente, no es un libro que me fascine. Necesita de un esfuerzo intelectual constante que es muy saludable, pero que no invita a entrar de lleno en la ficción literaria. Es una obra densa, importante, pero  no por su ejecución y su arco argumental, si no por argumento de fondo.

1984 es un ensayo sobre geopolítica, sobre la realidad de la guerra en tierra ajena y la guerra fria.

1984 es un ensayo sobre el pensamiento colmena, y lo sencillo que es manipular la mente de la gente a muy distintos niveles. Sobre la fuerza y la debilidad humanas.

1984 es un ensayo sobre la importancia del conocimiento como fuente de humanidad. Conocimiento social, conocimiento político, conocimiento histórico, conocimiento de la lengua. Un repaso a cómo el idioma en el que pensamos moldea nuestro propio pensamiento.

Es una obra pensada para no dar un céntimo por los personajes. Es una obra en la que la metaliteratura es más importante que la literatura.  Curiosamente, desde mi punto de vista, el Gran Hermano y la vigilancia constante que es la idea que se tiene en principio del libro no es lo relevante. Lo importante es el límite de la intervención del estado en el pensamiento, dónde están los reductos que nos hacen humanos y hasta que punto éstos son o no inviolables.

Si la intención del autor era, y asumo que sí, dejar a los lectores con un pesar en el corazón y un desasosiego casi físico: reto superado.

No deja de ser reseñable por lo impresionante que a pesar de las variaciones obvias en el discurso, las reflexiones sigan estando tan vigentes hoy como el día que fueron escritas.

Recomendado para: linguistas, políticos y filósofos sociales y para mi amigo Diego, que es un poco de todo lo anterior.
Abstenerse: Gente que quiere pasar un rato y amantes de los finales felices.

 

Título: 1984
Autor: George Orwell
Año de publicación: 1949
Última edición en España: 2013
Editorial: Debolsillo

Sangre de otoño

Es el terrible encuentro,

Señor contra Señor.

En todas partes el lamento,

El bramido y el terror

Llenando bosques y llanos.

Orgulloso uno, orgullosos todos

Contando sus infinitas puntas

Los grandes dioses viajan solos.

Se cruzan, y bravos disputan

Sus derechos a muerte.

Con tesón cruzan sus armas,

En la lid más igualada

Pero la suerte gira para uno,

Bañan de sangre la rama sagrada

El espíritu del bosque despierta y reclama:

Osais mancillar con ira el reposo

De quien os acogerá en muerte

Sea por honor o amor veleidoso,

No será excusa suficiente

Aquí expiareis por siempre la ofensa.

Esta es vuestra promesa

Si debeis seguir luchando

Chocareis sólo asta contra asta

Sin derramar una gota de sangre

Y para recordaros la palabra

Las hojas en derredor

De rojo se teñirán solas.


 

Reto de creación. Un poema mitológico escrito para el otoño.

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