Es posible que después de la reseña que me marqué de Sueños de Piedra, con lo que se viene ahora Nocturna me ponga directamente en su lista negra. Porque es que llevamos dos de dos. Aunque es cierto que ambas novelas tienen algo más en común que la editorial: el hype. Porque claro, cuando uno se pasa meses con la anticipación de la novelaza juvenil de la temporada se espera algo.

271[1] Faith tiene doce años y vive en el primer mundo. Más concretamente en una urbanización de élite muy estricta para amantes e hijos bastardos de políticos y empresarios. Un día, su madre descubre algo en los negocios de su padre que le lleva a plantearse delatarlo… Esto cambia la vida de Faith para siempre. Con catorce años Faith vive en Europa, el tercer mundo. Es una esclava y entrena en una escuela de gladiadores, donde la preparan para luchar a muerte. Al cumplir los 16, Faith sigue siendo una esclava. Pero empieza a ser una esclava famosa y ahora más que nunca busca vengarse de aquel que se lo arrebató todo cuatro años atras.

Por si por la introducción no lo habíais adivinado, este libro entra en la categoría de lecturas altamente decepcionantes. Y como primera parte de una bilogía, no debería poder permitírselo.

El libro tiene muchos problemas, pero creo que el primero es el de su género. Me explico: Gema Bonnin es una persona adorable y muy accesible con la que he podido hablar por twitter a menudo, y en ocasiones estas conversaciones tenían que ver sobre su libro. Ella niega que sea una distopía, tampoco la considera ucronía ni tampoco género de ciencia ficción. Entonces, ¿cómo lo definiríamos? Pues Gema no lo sabe, y yo tampoco. Así que no podemos partir de la etiqueta para centrar nuestras expectativas.

Si somos estrictos lo que tenemos es lo siguiente: una historia narrada en primera persona por Faith, con una linea tanto en reacciones como en diálogos idéntica para los cuatro años que abarca el libro. Tenemos por tanto una Faith que no cambia en su psicología desde que a los doce años es una chiquilla “no violenta pero sin problemas para meterse en una pelea si hace falta” como ella describe (aunque después sea estúpidamente violenta) hasta que a los dieciseis es una gladiadora en alza con bastantes muertes a sus espaldas, sex symbol y objetivo romántico-sexual de varios hombres en su entorno. Yo sólo digo que si a los dieciseis me hubiese puesto a leer mis diarios de los doce años habría intentado viajar en el tiempo para darme de leches. A eso se le llama madurar, y Faith debería hacerlo a marchas forzadas. Pero no.

En eso Faith es un poquito como el mundo en el que vive. ¿Qué sabemos del mundo? Sabemos que han pasado más de cien años. Sabemos que los centros de poder macroeconómicos del mundo se han visto modificados y ahora el primer mundo se encuentra en Asia, mientras que Europa es tercer mundo. Sabemos que es una sociedad capitalista. Sabemos que hay algunos adelantos en tecnología sólo disponibles en el primer mundo, y que estos son exiguos (telefonía, proyección holográfica y algo de automoción). También sabemos que Asia ha perdido su religiosidad. Y que la religión aunque no es preponderante y ni tan siquiera es un poder fáctico sigue siendo importante en Europa.Sabemos que existe la esclavitud legal en el tercer mundo y que el primer mundo da la espalda a los problemas sociales.

¿Qué no sabemos? No sabemos cómo ni por qué han cambiado los centros macroeconómicos, y no conocemos la evolución de los tejidos sociales de Asia y Europa. No sabemos nada del cuarto mundo. Y, reconozcamoslo, ninguna sociedad capitalista sigue adelante sin generar cuarto mundo. Cuando más poderoso y rico es el que es rico y poderoso, más población en la miseria habrá. O como diría Manolito el amigo de Mafalda “nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás”. Y cuando hay cuarto mundo, cuando hay desprotección y miseria, hay repuntes de la delincuencia y caldo de cultivo para una rebelión. Tampoco sabemos nada de los tejidos asociativos y de solidaridad. El mundo de la joven Faith debería estar lleno de ONGs.
Tampoco sabemos cómo se legalizó de nuevo la esclavitud. Hoy día es una práctica ilegal aunque de facto se practica en países de áfrica como Mauritania o Sierra Leona por cuestiones culturales y desidia de las autoridades, así como en la India, debido al sistema tradicional de castas que aunque legalmente está abolido sigue teniendo vigencia. Por otro lado otras personas son tenidas como esclavos en diversas partes del mundo, mayormente para la realización de tareas tan ilegales como la propia esclavitud. En realidad cuando se habla de trabajo esclavo o esclavitud hoy día estamos refiriéndonos a trabajo en condiciones infrahumanas, con jornadas extenuantes por estipendios ridículos. Es decir, hoy día tenemos el problema de la esclavitud. Pero no de manera legal, o no de manera literal. Algo ha tenido que cambiar en la mentalidad de Europa para que se acepte tan libremente que quien tenga dinero puede comprar a las personas y hacerlas rentar en su beneficio. Eso también nos falta.
No se nos explica el proceso por el cual países cuya espiritualidad está absolutamente imbricada con su cultura como China o la India han perdido aparentemente ambas en un espacio de tiempo muy corto (poco más de cien años para un proceso así es un suspiro) mientras que países en que la actualidad ya están en un elevado grado de secularización siendo bien algo reaccionario a una dictadura o bien un proceso con dos siglos de historia parece estar en el mismo punto que en la actualidad.

En otras palabras, el mundo está sin construir. A duras penas podemos hacernos una ligera idea de los contornos de la sociedad en la que se supone que se mueve Faith.

El libro toca  muchos temas: venganza y romance, fidelidad a los propios ideales… pero también ecología, feminismo, desigualdad socio-económica, responsabilidad social o libertad individual. Los primeros son los que guían la trama. Los segundos aparecen ligeramente nombrados y no se desarrollan en absoluto.

Los personajes, aparte de Faith, son casi indistintos. No tienen importancia. Existen porque el mundo está lleno de personas (realidad innegable). Pero no aportan gran cosa ni a la historia ni a la protagonista. Podrían haber sido otros y hubiese dado igual. Sus caracterizaciones son escasas. Excepto tal vez la madre: Martina. Y, por supuesto, Teseo. Teseo, el misterioso muchacho que se debate entre estar volcado con Faith y ser distante y frío. Tampoco es un personaje que digamos que avanza mucho, pero sirve para lo que sirve. Interés romántico.

Teseo protagoniza escenas bastante perturbadoras. Porque no sé a vosotros, pero a mi que un chaval de 17 sienta una atracción sexual hacia una niña de 12 me perturba un poco. Es algo sumamente extraño y poco habitual. Creo que la Faith de 12 años no debería tener una respuesta sensitiva sensual ante el contacto del chico en una situación de estrés. No me encaja y eso ya plantea una duda razonable para el resto de la relación.

Este libro, en tanto a la relación de Teseo y Faith, presenta una escena que yo hubiese descartado incluir muy rápidamente. Para llegar a ella, la autora tiene que parar la trama y plantear una situación poco creíble donde Faith es envenenada por un oponente. Está enferma y tiene que tomar un antídoto que no quiere tomar por ser comercializado por la empresa de su padre. (Lo cual es probablemente la mayor memez de los últimos 2000 años, pero me inclino a permitir a Faith ser todo lo mema que quiera). Esta escena incluye diálogos muy ñoños, la chica en la cama (porque está convaleciente) y él preocupado a muerte abriendo su corazón (más alguna demostración física). Y lo siento mucho, pero a mi todo esto me suena a fantasía masturbatoria. Aquí es cuando la gente me va a tirar piedras, pero hablo en serio. Cuando escribes un personaje que está destinado para ser amado, es probable que te enamores de él. De hecho, es bueno que te enamores de tus personajes. Y todos tenemos nuestras debilidades y nuestras intimidades. No veo nada de malo en que un lector o un escritor tome a un personaje como material para fantasías masturbatorias. Lo que no veo tan bien es que se decida compartir dicha fantasía haciendo de ella una escena en la versión definitiva de tu novela. Sobre todo si no encaja con el resto del texto.

Hay muchas más cosas, como que habiendo pasado más de cien años todos los referentes culturales pertenezcan a la cultura pop occidental de principios del siglo XXI y que no haya ninguna referencia a la evolución de lo audiovisual (que tiene que haberla por fuerza, mirad si no películas de los 50 y contadme cómo ha cambiado la forma de narrar en el cine). Cómo llego a legalizarse la “lucha clásica”, cómo funcionan los entresijos reales del deporte (management, publicidad, amaños…) y por qué demonios casi todos los combates son a muerte (con la consiguiente pérdida de inversión). Todo esto se me hace tan dificil de entender en el sistema ultra-capitalista que parece tener este mundo…

Pero vamos a resumir y cerrar ya, que llevamos demasiado texto con esto. Las aventuras de Faith no han despertado ningún interés en mi. A duras penas puedo creerme a Faith, mucho menos los otros personajes y su mundo. La lucha intenta ser cruda. Pero se queda blandita comparada con cosas que he leído  (Hello, Grimdark, my old friend). Y en general la línea de la trama se queda muy deslucida. ¿Se lee fácil? Sí. Fácil y rápido con una narrativa sencilla y bastante directa. Algo es algo, supongo.

Recomendado para: Auténticos fans de las historias de chicas badass con rasgos de juegos del hambre (reality y violencia) y sin que les coman la olla con temas de calado.

Abstenerse: Si quieres cosas que tengan sentido, temas que sean más que pinceladas y, en definitiva, un todo creible.

Título: Arena Roja
Autor: Gema Bonnin
Año de edición: 2016
Editorial: Nocturna