Danza de Letras

Al son de las palabras

Mes: Enero 2017 (página 1 de 3)

El Códice Génesis. Otra vuelta a los alienígenas ancestrales.

Este libro participó del concurso indie de Amazon de 2016, y el autor me contactó por esas fechas para que lo reseñara. Lamentablemente mi lista de lecturas no me permitía llegar a ser de ayuda en aquella campaña. No obstante el autor siguió confiando en mi para este trabajo, cosa que le agradezco mucho. Aunque tal vez no debió haberlo hecho. Mis disculpas por adelantado.

61pqijofzxl-_sy346_En 1562 el inquisidor Fray Diego de Landa decreta un “Auto de Fe” en Maní (Yucatán) en donde se queman y destruyen cientos de manuscritos, estatuas y artilugios religiosos como otro sin fin de objetos sagrados. La razón dada por la iglesia en lo referente a esta masacre de conocimiento, es el hecho de que ayudaría a convertir a los indígenas a la religión católica.
Pero la realidad era muy diferente, la razón verdadera fue el descubrimiento de un códice que pondría en duda todo lo que conocemos de la historia, por el cual esconde en su interior, información que pudiera destruir muchas religiones alrededor del mundo, especialmente la católica.
En el 2018 una copia del susodicho códice es encontrada y Taine Kamu, un ex-militar con un oscuro secreto pero también reconocido políglota se embarca en la aventura de desentrañar los secretos que este códice Maya esconde junto a un grupo de expertos de lo más variado.

Me resulta complicado empezar esta reseña porque de hecho no sé bien como decir que tengo que decir. Así que optaré por irlo diciendo y esperar resultar coherente y ordenada.

Para comenzar, la novela se desarrolla en varias épocas. La primera parte se desarrolla integramente en diversos territorios de latinoamérica (de Yucatan a Perú) durante el siglo XVI. Esta parte podría considerarse ficción histórica al girar sobre las figuras de Lope de Aguirre y Fray Diego de Landa. Posteriormente tenemos un interludio de finales del siglo XX. Y concluimos con la trama de la segunda parte que se situa en un futuro muy cercano, principios del siglo XXI. Uno de los problemas del texto es precisamenete que estas dos partes, a pesar de seguir un hilo temático (el códice) no terminan de coordinarse bien entre sí. El resultado son dos historias independientes sobre temas similares.

El autor se ha documentado mucho para escribir el libro. Casi demasiado. Cae constantemente en el infodumping, en ocasiones de una forma absurda y absolutamente inútil. Hay muchas cosas de la ambientación de época que no tengo por qué leer ya que o bien debería saberlo ya o bien no es relevante. Pero sobre todo hay muchas cosas que si se desea se pueden contar de un modo en el que no parezca que en lugar de una novela estás leyendo un ensayo.
Lo mismo pasa con el tema de la descripción de heridas. El autor sabe anatomía, trabaja con el tema en su día a dia y eso está bien. Pero el común de los mortales  no tiene por qué manejar esa información. De hecho a mi una descripción meramente anatómica de una herida me sirve por mi formación, pero dudo que le sirva a mucha gente más.

Por otro lado en la narración actual tenemos un misterio con puzzle al más puro estilo Dan Brown (o esa es la sensación que me queda, tal vez porque en parte los malos son parte de la iglesia católica y ese referente me puede). Sin embargo hay muchos elementos que sobran. Sobran las escenas de sexo, que ni exponen trama ni tampoco ayudan a definir a los personajes. Sobra descripción somera de ropa y tipos fisicos de los personajes, que simplemente están ahí por estar… Casi para compensar tenemos muchos elementos desaprovechados. La configuración y entresijos reales de la actual Garduña, por ejemplo. El caso de C.H.R.I.S.T. como IA extremadamente avanzada pero amoral. La otras sociedades secretas: su conformación, mantenimiento, financiación y problemáticas diversas.

Al final tenemos una novela que se deja leer si tienes paciencia y sabes sortear los problemas anteriormente mencionados y el hecho de que, en realidad, los personajes que van interviniendo en la narración se dibujan algo por encima. Una novela que si te la tomas exclusivamente como divertimento está muy bien. Porque lo de los hermanos mayores mola. Aunque no sea absolutamente nada nuevo y se base en dos líneas generales: somos lo que somos por la influencia de seres ajenos y todas las religiones del mundo son sólo interpretaciones de una misma realidad fundamental.

Recomendado para: Conspiranoicos y cualquiera con ganas y animo de echar unas risas con el tema general, amantes de los puzzles con demasiado ti empo libre.
Abstenerse: Mentes cuadradas, gentes sin sentido del humor y gente muy ocupada (no os merece la pena).

Título: El Códice Génesis
Autor: Yunior Santana
Año de edición: 2016
Editorial: Autopublicado

Bosque

bosque

No quiero llorar.

Se lo iba repitiendo una y otra vez mientras corría casi a ciegas.

No quiero llorar. No quiero llorar.

No necesitaba ver. Conocía el camino que seguía tan bien que podría hacerlo dormida.

No quiero llorar. No quiero llorar. No quiero llorar.

Apoyó sus manos en el tronco del árbol, exhausta  y agradecida, dejando que él se llevara su miedo, su angustia, su frustración. Siempre se sentía mejor allí, permitiéndose vaciarse de emociones enraizada con aquel roble centenario. El roble le ayudaría a no llorar.

Poco a poco recuperó el control de si misma. Volvió a ver al mirada de asombro y horror de Ana. Su última mirada.

No le gustaba Ana. Aquella era la verdad. No le gustaba. Habría podido ser muchas cosas. Cosas maravillosas. Una confidente. Una buena amiga. Una compañera de alma. Quién sabía. Lo tenía todo, todo lo que a Sofia le gustaba pensar que hacía a las personas buenas. Era alegre y enérgica. Tenía una sonrisa abierta que abarcaba todo su ser. Era inteligente, despierta. Era bonita sin parecer tomarse molestias por ello.  Tenía una voz armónica.

También era la persona que se había dedicado a molestar a Sofía desde siempre. La que la dejaba siempre fuera. Por la que otros la dejaban siempre fuera. La que se inventaba las pequeñas historias que hacían que la gente cuchicheara a su paso. La primera en reírse de los pequeños gestos crueles.

No, no le gustaba Ana. Y le gustaban los alerces. Los alerces, que lo resisten todo, que lo aguantan todo aunque parezca que se pliegan al invierno entrando en una muerte aparente. El cambio habría sido un honor para Ana… si no fuera por aquella mirada de horror lúcido mientras su  cuerpo se abría ante la madera que surgía de su interior conectando cielo e infierno.

De lo que huía Sofía era de aquella mirada.  Ahora, sentada bajo su roble favorito, aquella mirada perdía brillo en su mente. Se volvía más y más pequeña.

Se levantó decidida. Tenía que volver. Hablar con Ana Alerce. Sí. Ese sería su nombre a partir de ahora. Ana Alerce. Había mucho que tenía que explicarle. Qué había pasado. Y por qué. Cosas que aún debía decirse a sí misma.

Estaba de pie frente a frente con Ana, de nuevo. Seguía siendo hermosa. Sus hojas se movían como una risa alegre, completa. El rincón del parque frente al instituto en el que se encontraba era demasiado apartado para ella, tal vez. Ana prefería estar en los lugares de paso, donde pudiera estar en el centro de todo. Pero aquel lugar era perfecto para Ana Alerce. Era el lugar donde Ana Alerce podría vivir  una eternidad  siendo algo trascendente. Lo había sentido incluso desde lejos. Ana no era gran cosa, pero Ana Alerce era algo grande, algo sagrado. Si, algo transcendente.

Sofía acarició la corteza suavemente con la yema de los dedos. El proceso tal vez no había sido el más agradable, pero lo que había hecho era bueno. Muy bueno.
Cerró los ojos y plantó con firmeza la mano sobre el tronco de Ana Alerce. Toda la mezquindad, todo el orgullo, todo el odio había desaparecido. Ana Alerce era un árbol que vivía en paz. Había transmutado un ser malvado en un ser magnífico. Un premio. Un regalo. Y lo había hecho Sofía.

Recordaba haber sentido rabia, Recordaba haber sido consciente de que Ana no merecía su existencia. De que el mundo no se merecía a alguien como Ana. Y recordaba la compasión. Porque había habido mucha compasión. No deseaba que Ana dejara de existir, deseaba que Ana fuera mejor.  Sonrió. Sonrió porque de pronto supo que podía repetirlo.

Se sentó entre las raíces de Ana Alerce, gloriosa, sonriente, imbuida de su propia santidad. Podía repetirlo. Y lo haría. Sería su regalo al mundo. Su regalo a las personas que lo merecieran. Transmutaría con su compasión  a cada persona ruin, a cada pequeo cáncer de la sociedad. Pero también con su amor haría eternos a aquellos cuya esencia fuera magnífica. Sólo quedarían los mediocres, la morralla de la humanidad, para regocijarse del nuevo mundo que crearía.

Cuando Sofía se levantó, era una nueva Sofía. Una Sofía que no iba a llorar nunca más.  Una Sofía con una misión, con un destino, con un sentido. Una Sofía poderosa. Una Sofía feliz. Tan feliz que, por primera vez no se dio cuenta de que había alguien observándola.

Curiosamente ese alguien respondía al nombre de Uriel, el fuego de Dios.

Uriel era un joven callado y observador, meticuloso  y constante. El tipo de persona que hace un buen trabajo detectando y destruyendo la amenaza de lo sobrenatural. Le llamaban cazador de brujas, exorcista, purificador.

El alerce bajo el que se sentaba aquella chica menuda podría haber pasado desapercibido a cualquiera menos atento. Pero Uriel sabía que ayer allí no había ningún árbol. No había más árboles nuevos en los alrededores. La tierra no parecía removida. Así que esperó. Cuando la chica se marchó, se acercó al árbol para examinarlo a fondo. Fue rodeándolo, fijándose en cada detalle.  Había un jirón de tela enganchado en una rama. Demasiado alto. En el suelo  un objeto negro, lustroso, estaba atrapado entre las raíces.  Lo movió un poco y pensó que podría desenterrarlo así que tiró de él. La madera cedió con un crujido dejando en su mano un zapato de mujer. El cuero negro estaba deformado por la presión en el talón, pero estallado en el empeine, y las manchas de sangre eran evidentes.

Uriel no pudo reprimir un escalofrío, pero se guardó el zapato. Decidió seguir a la chica.

Apretó el paso cuando oyó el crujir violento de la madera.

Sofía se sentía contrariada. Había encontrado a Raquel y Manuel, juntos como siempre. Una pareja peligrosa. Sus celos, sus peleas, sus ganas de hacer el mal… Eran los candidatos perfectos para ser purificados y elevados. Y lo había hecho. Con todo su amor. Le había costado ser compasiva y amarlos. Y ellos no lo habían apreciado.  Manuel incluso había intentado gritar.

Ahora eran un olmo y un fresno magníficos, con sus ramas enredadas. Un abrazo eterno. Deberían haber sido felices. Pero se habían retorcido sobre si mismos.  Él llorando de  espanto, alimentando sus propias raíces mientras las ramas afiladas crecían de sus mejillas. Ella, más reactiva, más complaciente, se rasgaba con las uñas la carne para ayudar en su transformación, pero su mirada era de ira.

Si no se sintiera tan pletórica, tan bendita, se habría sentido auténticamente molesta.
Tal vez se estaba equivocando.  Aunque limpiar la tierra era bueno, igual debería reservar la ascensión arbórea para aquellos lo suficientemente grandes de espíritu como para comprender y agradecer.  Estaría más atenta. Tenía una vida para hacer del mundo un bosque.

La melena clara de la chica desaparecía por la esquina cuando Uriel vio los árboles hermanos, enredados entre sí y retorcidos, con sangre fresca resbalando aún sobre sus cortezas como savia roja. El viento hacía ondear trozos de tela salpicados de bermejo y marrón en las ramas. Había tenido mucha suerte al elegir su primer objetivo a investigar. Aquella chica sabía algo.

Sofía caminaba deprisa. En su mente repasaba una y otra vez las características que buscaría en los dignos. Debían ser inocentes. Debían transmitir bondad. Debían de ser atentos, pero también ser abiertos de mente. Debían valorar lo que les rodeaba con ilusión, incluso con maravilla. Sofía no era así. Y no conocía a nadie que respondiera a ese perfil. Cuanto más lo pensaba más se desesperaba. Y cuanto más se desesperaba, más rápido caminaba.

Le frenó un tirón de la  chaqueta. Se lo daba una manita infantil, iluminada por unos ojos de chocolate y luz. Era una niña preciosa de abundante cabellera dorada que le ofrecía su diadema. Y lo supo. Sólo tendría cinco años, pero aquella niña era perfecta.

Se puso la diadema y le pidió a la pequeña que la acompañara. La tomo de la mano y la llevó a los límites del parque del río, donde empezaba a ser el campo salvaje que debía ser. La niña miraba a su alrededor. Su voz se quebró en una risa armoniosa cuando vio dos mariposas bailar juntas sobre las aguas. El mundo le había regalado a aquella niña, Sofía estaba segura.

No recordaba qué le había dicho, pero sí que recordaba haberla amado con todo su corazón por un momento. Le había acariciado el pelo, y en algún momento la pequeña había cerrado sus ojos. Y había comenzado a cambiar. Se había arqueado hacia atrás, dejando que la madera creciese en varios troncos unidos, como si quisiera ser de pronto las muchas personas que podría haber sido al crecer. Su piel se había vuelto corteza incluso antes de abrirse y perder su forma infantil. Y de sus labios abiertos solo había salido el murmullo de las hojas. Ahora era un laurel de ramas fuertes y flexibles.

Uriel estaba horrorizado. Hasta ese momento creía que la chica era solamente un posible testigo. Pero era un verdugo. Había estado a punto de caer al suelo mientras veía cómo las ramas de un árbol crecían a través del cuerpecillo de una chica de parvulario. Cómo sus órganos estallaban al no poder contener la fuerza de la madera. Cómo las raíces atravesaban la piel de sus piernas para anclarla en la tierra.

Uriel corrió. Y mientras corría hacia aquella bruja de los árboles sacó el cuchillo que llevaba siempre oculto. Una daga simetrica con un filo de plata y otro de hierro frío, bendita tres veces. Una daga creada para cortar cualquier magia y matar cualquier ser.

No quiero morir

Sofía había visto a aquel chico correr hacia ella cuchillo en mano, con la mirada de un cazador fija en ella. Y había hecho lo único que podía: correr.

No quiero morir. No quiero morir.

Estaba en el bosque. En su bosque. Conocía el bosque. Y sabía que sus pasos le llevaban a los pies de su roble. Su refugio. Aunque no sirviera de nada.

No quiero morir. No quiero morir. No quiero morir.

Sofía estaba atrapada contra el tronco de su roble mientras aquel muchacho, aquel chico–lobo y su cuchillo, se acercaban. Estaba aterrada. Si aquel chico fuera un árbol… Si fuera un árbol, ¿qué sería? ¿Podría ser compasiva con él? ¿Podría amarlo, aunque estuviera decidido a darle muerte? En sus ojos encontró la respuesta. Sí, había algo magnífico en su enemigo.

Lo intentó. Abrió su corazón y lo unió a la parte maravillosa de la persona que tenía delante. Pero él hizo un gesto con su cuchillo, y el lazo tendido entre ellos se cortó.

–Tu magia no funcionará, bruja –dijo él con la voz de quien está completamente seguro. –Si tienes dioses a los que rezar, hazlo ahora.

El cuchillo rozaba ya el cuello de la chica cuando una mano nudosa le obligó a soltarlo. Un hombre fibroso se había materializado entre la bruja y él. Su pelo era de un marrón ligeramente verdoso y su piel morena parecía suave y rugosa al tiempo. Miraba con ojos oscuros como huecos acuosos, impasible pero decidido.  Era imposible determinar su edad y cuando abrió sus labios cuarteados su voz sonó como un crujido de madera seca.

–Ella es mía, leñador. Mía como lo es mi bellota. La he hecho crecer. La he alimentado. Es mía, y no la separarás de mí.

Soltó la mano de Uriel, y se giró hacia Sofía. Acarició su mejilla con un dedo ramoso y con ese simple gesto la piel de la joven cedió con un sonido húmedo. Sofía estaba cambiando, y mientras cambiaba, abrazaba a aquel ser como un niño busca a su madre.

Uriel miraba ante sí con lágrimas anegando sus ojos. Y lo que veía era un roble centenario sobre el que crecía una espesa hiedra. Una hiedra verde y roja que tenía enredados entre sus hojas retazos de tela manchados de sangre.

 

 

Fugitivo. EvoInvolución social

Fugitivo fue una de las lecturas conjuntas que os anuncié el mes de diciembre. Tenía el libro desde hacía algún tiempo y necesitaba la excusa para lanzarme y leerlo. Antes de empezar la reseña os diré que quiero mucho a Sonia. Ella fue la primera autora que confió en mi para hacer de lectora cero de una obra (posterior a Fugitivo) ¿Por qué os cuento esto? Porque la conozco y sé que su estilo ha evolucionado con el tiempo. Porque la conozco y leí Fugitivo sabiendo que era una obra de escritura de juventud, y lo tuve en cuenta mientras leía.

libro-fugitivo21En un futuro en el que las personas son controladas en todo momento por dispositivos electrónicos, se acaba de descubrir que ciertos individuos de la sociedad están evolucionando y creando una nueva raza: los Neo Attis.
Liam es uno de ellos. Sentirá por primera vez lo que es el miedo y huirá. Pero el amor y la amistad le siguen atando a su mundo. Necesita de la complicidad de la gente que le es importante, y eso implicará en su loca huida a Jared.
Discriminación, luchas de poder, incertidumbre, lealtad, valentía, confianza, libertad. Una historia vertiginosa que se desarrolla en una continua carrera por no ser atrapado.

Fugitivo no es una obra perfecta. Menuda cosa de decir, ¿no? En realidad, para ser una obra de ciencia ficción tiene muchos errores. Pequeños errores. Pero de lo que a mi me incomodan. El mail que le habría mandado a Sonia si hubiese sido lectora cero de este libro habría sido bastante largo. Y es que hay muchas cosas que chirrían en la sociología y en la tecnología del mundo de Fugitivo.

Empecemos por el Wich. El wich es un dispositivo de tamaño mínimo, casi microscópico. Monitoriza la salud del individuo y le indica sus necesidades vitales (cansancio, niveles de oxigeno, niveles de glucosa, alimentos necesarios…). También lo cura de modo casi mágico, lo desintoxica cuando es necesario,y en casos de necesidad le administra medicación. Por último lo identifica en tanto individuo dándole acceso personal a toda la tecnología, esté donde esté situada, a los medios de comunicación y redes sociales y funciona de localizador personal. Lo que realmente me preocupa de todo esto no es el efecto de “gran hermano” o falta de intimidad personal que sugiere, si no la parte técnica. ¿Cómo puede el Wich proporcionar medicación? ¿Teleportación? ¿Tiene unas dosis almacenadas en miniaturización y debe recargarse? ¿Las sintetiza? Y, si las sintetiza ¿a partir de qué materias primas? ¿Cómo retira las toxinas del cuerpo? Vamos, que como idea el Wich tiene muchas cosas buenas (es un dispositivo de control y de compilación de información estadística muy agresivo que se acepta como algo natural porque ofrece otros servicios o beneficios, lo cual es una crítica implicita a nuestro actual uso de las tecnologías y de la información) pero está poco o nada desarrollado en su apartado más técnico.

Digo lo mismo del sistema económico tal y como se ve en la ropa. Las personas “civilizadas” tienen un “armario” que es un dispositivo que te indica las posibilidades de vestimenta según las última moda. Se pide, se pone, y cuando se quita se devuelve al mismo dispositivo. Así siempre hay ropa nueva.  ¿Cómo funcionan estos dispositivos? ¿Teletransporte? ¿Hay conductos de transporte? ¿Hay personas que trabajen en este sistema? ¿ De dónde procede la ropa? ¿Es de estreno realmente o engañan al publico? ¿Qué ocurre con las prendas que se manchan o se rompen? ¿Si son de estreno, qué ocurre con la ropa una vez usada? ¿Cuál es el nivel de deshechos en esa sociedad? ¿Cómo se mantiene económicamente un sistema así si, como se da a entender en la novela, el estado es el que corre con los gastos de lo básico (casa, ropa, comida) de la población “civilizada”?

Y digo “civilizada” así, entre comillas, porque luego están los untere. Los untere son ciudadanos de segunda. O de tercera. O de cuarta categoría. No tiene Wich y no disfrutan de nada de lo que la otra parte de la población disfruta. Supongo que se pagan su propia casa, ropa y comida. Viven de una forma relativamente pobre, pues no están dentro del sistema de hiperconsumo. En realidad son un estamento pobre de la sociedad, y son trabajadores. Trabajan en fábricas, en basuras. Son peones. En principio dan la sensación de ser trabajadores poco cualificados, pero luego ves que los hay médicos, técnicos en mecánica, ingenieros o expertos en robótica. Y además no parecen ser pocos. Al contrario, dado que la población untere parece reproducirse con una cierta normalidad y la población no untere tiene muy pocos niños. ¿ Por qué una población extensa y medianamente saludable, con menos recursos y explotada no se rebela contra esa situación? De hecho durante algunos párrafos parece que existe un extenso descontento entre los untere.

Obviamente esto no implica que la obra no tenga cosas positivas. Tiene muchas. En ciertos punto se puede ver como un discurso global contra el consumismo y la tendencia de la sociedad a infantilizar o a alargar la adolescencia de los individuos para conseguir que sean mejores consumidores. El individuo adolescente no necesita consumir en ciertas cosas y goza de una enorme seguridad económica, así que derrocha sin pensarlo en cosas superfluas, en modas y cachivaches. El ser humano controlado de Fugitivo hace más o menos lo mismo, manteniendo bien engrasados los engranajes de explotación de los androides y los humanos que no forman parte integrante de esta sociedad: los untere.

De hecho lamento que los personajes untere que salen durante más tiempo sean un alivio cómico desde el momento en el que Liam y Jared se reencuentran. Sus bromas en muchas ocasiones están relacionadas con su modo de vida y con el latrocinio y me parece que minimizan el discurso positivista hacia las poblaciones en riesgo de exclusión social que podía tener hasta ese momento. Porque eso serían los unteresa hoy dia: población en riesgo de exclusión social. Y hacerlos humanos y dignos sería mucho tal y como están las cosas.

La historia en si no es muy original, muchos personajes parecen carecer de motivaciones profundas y se mueven sólo por necesidad de trama, pero aún así tenemos una novela que entretiene, de lectura ágil y con la que uno se lo puede pasar bien. Es complicado que los personajes dejen indiferente, aunque en ocasiones sea para mal. (Liam me cae mal, ¿se nota mucho?)

Una cosa que destacar en esta sociedad es la aceptación del individuo. Toda inclinación se ve como natural, y en el terreno amoroso sobre todo. Hetero, bi, homosexual todo resulta exactamente igual de natural. Me gustaría saber el papel de los asexuales, no binarios etc. en una sociedad tan hedonista e individualista.

No quiero llevar a nadie a engaño. Este libro tiene mucho de distopía adolescente resuelta con unas dosis de inocencia que amenazan con hacer colapsar cualquier cerebro. Y al final las relaciones románticas son lo que prima.  Pero si puedes sobreponerte a eso, puedes pasar un rato agradable con un entretenimiento que en principio parece de poco o nulo calado, aunque tal vez hubiera podido tenerlo más.

Recomendado para: Amantes de las historias distopicas y las que tienen mucho de relaciones románticas.
Abstenerse: Si sois quisquillosos con los mundos, los detalles y que todas las reacciones de los personajes tengan sentido.

 

Título: Fugitivo
Autor: Sonia Lerones
Año de edición: 2015
Editorial: Circulo Rojo

Carcelero de Almas. Encerrando corduras

Carcelero de Almas fue una LC muy completita que organizó La Reina Lectora en Diciembre. Adoro a la Reina, y en el fondo de mi habita una súbdita fangirl que quiere unirse a todo lo que ella haga (pero no puede). Además la sinopsis del libro pintaba bien así que me uní a la experiencia como una excepción de la que no me arrepentiré.

41bo60gx2cl-_sx331_bo1204203200_Fuerteventura, 1994. Sofía y Víctor llegan a la isla en busca de trabajo. Allí, el rescate del manuscrito de un autor prematuramente desaparecido irrumpirá en sus vidas y una serie de extraños sucesos saldrán a la luz.
Unos años después, su primogénito Gabriel, intentará poner fin a una cadena de inexplicables muertes mientras dos de los amigos de la pareja, María y Echedey buscarán una explicación sin saber que más allá de las historias narradas en él, sus páginas atesoran un secreto aún mayor…

No voy a mentiros, la novela no es ni mucho menos perfecta. Tiene sus errores y es bastante irregular. Durante la primera mitad de la lectura es posible que tengáis ganas de volver a la sinopsis para comprobar que no os habéis equivocado de libro. Y es que mientras narra la historia de Sofía y Victor, plagada de flashbacks y drama puede que os sintáis lectores de otro tipo de libro, sin nada de ese suspense prometido.

Esto es así en gran parte porque la narración, en la primera mitad del libro, es lenta y recuerda en algunos tropos al tipico telefilm de domingo al mediodia. Lo cual no es malo en sí mismo, pero decididamente no es lo que yo esperaba.

En realidad, más allá de un ritmo irregular que hace que la narración termine de arrancar, el libro tiene otros problemas de mayor o menor calado. Por ejemplo, hay personajes que manejan información que no deberían manejar. Información que no es ni mínimamente lógico que se haya transmitido del personaje con el que se vive al que después asegura conocerlos. Además, detalles que mueven trama. Hay muchas cosas que no terminan de tener sentido o no están explicadas, motivaciones que no entienden y que de hecho se niegan una y otra vez. Justamente este tipo de cosas que te hacen pensar que estás leyendo una beta y no la obra corregida.

Obviamente hay que reconocer las partes buenas. Está bien documentada y las descripciones son potentes y transmiten el amor de la autora por su tierra. Se nota que la autora habla de cosas que conoce bien, y esa verosimilitud viene muy bien frente a la trama de misterio, cuando aparece. Eventualmenteo encontraremos un thriller que no sabremos si es de carácter sobrenatural o no. Y esto es así porque, aunque hay explicaciones no sobrenaturales para casi todo, también hay misterios sobrenaturales. Lo cual, lamentablemente, a mi me parece hacer trampa. O es un misterio racional o es un misterio sobrenatural. Pero el 50-50, o el 80-20 como es el caso, no vale. Suena a  haber cambiado la dirección de la obra a media escritura y no haber terminado de cerrar algunos detalles.

Dicho todo esto, pareciera que el libro me ha horrorizado. No es cierto, a pesar de todo lo que he dicho la autora tiene un estilo accesible y que bien centrado. La historia es original y entretenida cuando coge el ritmo y algunos de los fragmentos sueltos del libro son de una gran calidad literaria.

Recomendado para: gente con un rato libre y ninguna necesidad de avanzar con celeridad
Abstenerse: Ansiosos y puntillistas, gente con complejo de poco cultivados

Título: Carcelero de Almas
Autor: Maria Carmen Llopis Feldman
Año de edición:2016
Editorial: Amazon Createspace

Espectro en la noche

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Se incorporó alerta en medio de un sueño. La llamada era demasiado lejana para asistir, pero también desesperada. Se dejó caer sobre el colchón con un suspiro. Espectro Nocturno tendría que prestar su ayuda….a su manera

*    *    *

El Margay desplegó silenciosamente sus drones led para traer a la luz cada uno de los rincones del almacén abandonado. Apostado en una viga del techo observó a sus rivales aquella noches, siluetas informes de los deshecho de la sociedad. Ahora mismo monstruos. Seguramente un puñado de delincuentes comunes por cada uno de los tres peces gordos del crimen organizado de la ciudad. O ese era el rastro que había seguido. Esperó a que cada uno de los aparatos estuviera colocado, escrutando los movimientos del exterior que revelaban las luces del puerto a través de un ventanal sucio. Él era la silueta moteada en las alturas,  un camuflaje casi perfecto. La penumbra era su territorio.

En el suelo, las figuras se posicionaron y cerraron las puertas. La oscuridad se extendió. El Margay soltó el aire que estaba conteniendo mientras apretaba el botón que activaba las luces de los drones.

Y la luz se hizo.

El Margay saltó entre sus ahora perfectamente nítidos contrincantes. Muchos pares de ojos le miraron, helados. Y entonces oyó un chasquido, y con un parpadeo las luces se apagaron. Todas las luces.

El Margay huyó.

No huyó como huyen los héroes, de forma estratégica y calculada. No se esfumó en el silencio, no se fundió con su entorno. Corrió. Corrió con los ojos cerrados, los puños apretados y la cabeza gacha. Corrió hasta que chocó con montones de cajas. Una. Dos. Tres veces. Se deslizó y quedó parapetado tras un montón de restos de cajas de madera rotas. Estaba mareado. La presión en el pecho no le permitía coger aire. Su cara estaba cubierta por un sudor helado.

— Margay. —Le llegó en un susurro. Un escalofrío le recorrió la espalda hasta atenazarle el vientre. –Tranquilo Margay, soy Espectro Nocturno.

Espectro Nocturno: telépata poderosa y luchadora tenaz, sombra en la noche. Una aliada casual.

—Gracias al Todo que estás aquí —pensó Margay.

—No estoy aquí. –La voz de Espectro sonó divertida. Le encantaba su poder, y se notaba. – Estoy muy lejos, Margay. Pero tu terror es tan fuerte que habría convocado a cualquier psíquico de rango 3 en kilómetros a la redonda. Y yo no soy un rango 3.

—No tengo miedo –se repitió El Margay. Y sonaba casi como un mantra.

—No te lo estás creyendo ni tú, imagina si me lo voy a creer yo. Puedo paladearlo, Margay. Se lo que sientes, y no me va a costar nada saber por qué si no me lo quieres decir. Pero ¿sabes qué? Estás es problemas, y  vengo a ofrecerte mi ayuda. La que puedo darte. La que quiero darte. Sin quejas. Lo tomas o lo dejas.

La angustia de El Margay se le acumulaba en los senos nasales, amenazando con moqueos y lágrimas. También en la vejiga.

—Lo que sea, Espectro. Lo que sea. Pero ya.

El Margay escuchó la risa musical de Espectro Nocturno en su mente. Esa risa era la pesadilla de muchos, y ahora entendía por qué. Fluía ligera como el vuelo de una mariposa. Una mariposa que sabía cosas que tú no.

La mariposa se materializó frente a él. Era oscura. Y podía verlo perfectamente porque estaba en una extensión interminable de luz blanca.

El Margay se quedó mirando la mariposa, esperando que se transmutara en Espectro Nocturno. Como no pasaba nada, intento poner concentración en que ese cambio se diera. La risa de Espectro llegó desde su espalda. Incluso en este plano sus ojos brillaban divertidos. El Margay sabía que Espectro usaba su poder para hacer que la gente la viera de una forma concreta: una mujer de pelo plateado y ojos granate enfundada en un traje negro que se las arreglaba para ser ceñido y opaco como el cuero pero vaporoso y sutil como una gasa. Esa era su mejor máscara. Mientras fuera Espectro Nocturno, nadie vería su verdadero aspecto.  Y, mientras se la viera, nadie se preguntaría nada pues era de una belleza subyugante.

El Margay se irguió y procuró mostrar una pose lo más heroica posible. Aunque ella simplemente supiera, él siempre tendría esa necesidad de dotar a su uniforme moteado y felino un mínimo de dignidad.

— ¿Esto es tu mente o la mía? –le preguntó a la heroína mientras miraba a su alrededor.

—Eso da lo mismo. Tu mente, la mía o un lugar específico creado sólo para este momento. –Su voz era dulce, tranquilizadora de un modo casi anestésico. –Para tu tranquilidad te diré que estás fuera del espacio, pero sobre todo del tiempo. Cuando cerremos este lugar, estarás dónde estabas y en el tiempo en el que estabas. Oficialmente será como si no hubiera pasado. Así que considera esto  como un impasse lúdico.

Hubo algo en ese “lúdico” que hizo a El Margay preocuparse de veras.

—Ahora me iré, Margay. Te dejo aquí jugando a un pequeño juego. Cuando acabes, este lugar se cerrará. Nunca antes. Tampoco después. Esta es la ayuda que necesitas. – Mientras decía esto, se desvaneció. —Que no me entere que te quejas – apostilló su voz cada vez lejana.

El Margay soltó un pequeño bufido. Estaba metido en una ratonera. Llana, blanca y grande hasta donde alcazaba la vista en todas las direcciones. Una ratonera extraordinariamente grande e iluminada, pero una ratonera al fin y al cabo.  A sus pies vio una piedra del tamaño de un puño. Un puño pequeño en realidad; el puño de alguien de unos cinco años. Era negra y estaba manchada con cristalizaciones blancas. El Margay la cogió entre sus manos.

En ese momento la luz se apagó. El Margay estaba perdido en una negritud total. Sin testigos. Y se quedo helado. Cuando pudo darse cuenta, respiraba con dificultad y todo él era un latido desbocado.  Apretó los puños con fuerza, intentando de encontrar algún tipo de control.

La luz volvió.

El Margay miró la piedra que aún mantenía en sus manos. Un botón del pánico. Espectro Nocturno le había dejado en una ratonera con un botón del pánico. Era un alivio saber que no era su enemiga.

En cuanto recuperó el pulso, la luz volvió a apagarse. Esta vez El Margay tardó algo más en perder el control y apretar con fuerza la piedra. Entendió qué tenía que hacer: resistir, demostrarse que podía resistir.

Perdió la cuenta de las veces que la luz vino y se  fue. En algún momento de entre la oscuridad comenzaron a surgir cosas. Objetos, máquinas automáticas, enemigos, animales… y también amigos o aliados. Casi sin darse cuenta, El Margay luchaba por el bien en la oscuridad como lo habría hecho en la luz. Tenía miedo. Pero no más miedo que rodeado de enemigos armados.

Volvía a estar apostado tras las cajas rotas, en el almacén. Rodeado de enemigos que farfullaban confusos. Acarició la piedra con el pulgar, sonriendo en la negrura por primera vez desde que tenía memoria. Aguzó el oído y se lanzó al ataque.

*    *    *

Aparté un rizo castaño de su pequeña frente mientras ella me miraba entusiasmada, sentada en mis rodillas

—¿Entiendes ahora por qué no hay que temer a la oscuridad, Elisa? No hay en ella nada que no puedas enfrentar.

Ella juntó un momento sus pequeñas cejas perfectas, pensativa.

—Si –respondió. –Tío Henry, ¿cómo sabes tanto de El Margay? –me dijo, intentando posponer el momento de ir a la cama.

Sonreí divertido. Elisa era muy lista para tener cuatro años.

—Oh –le dije–. Eso es porque soy un gran experto en él. Muy poca gente le conoce mejor que yo.

Apoyada en el dintel de la puerta la madre de Elisa soltó una pequeña risita. Sus ojos grises brillaron por un momento de color granate.

Las máscaras de porcelana. Comienzo serial

Las máscaras de porcelana es un thriller moderno que llegó a través del autor, al cual agradezco la confianza depositada. Ya sabéis que me resulta muy dificil decir que no, especialmente a una sinopsis interesante. Y necesitaba el cambio de tercio.

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Andrea Harris es una prometedora policía de Nueva York, trasladada a España cumpliendo una nueva legislación que aboga por la globalización de los cuerpos de seguridad mundiales. En su primer día de estancia conocerá a su nuevo compañero, Nabar Balder, un detective fuera de la ley cuyos métodos son muy cuestionados.
El aviso de un macabro asesinato hallado en La Sagrada Familia de Barcelona dará comienzo a una investigación macabra con ramificaciones en los estamentos más privilegiados.
¿Qué busca el asesino usando una ritualística tan compleja? ¿Qué esconde Balder?

Probablemente lo que le tengo que recriminar a esta obra se puede resumir todo en esta frase: es demasiado corta. Con poco más de 213 páginas, a mi me ha faltado investigación, sospechosos, pistas… Tiene un desarrollo rapidísimo aunque muy eficiente.Quiero decir que el resultado de la investigación en coherente y lógico,  pero no deja el suficiente espacio al lector para construir y destruir sus propias hipotesis.

Pasa lo mismo con los personajes. Se bosquejan muy bien con muy pocos datos, pero se les da poca o nula cancha para evolucionar, posicionarse o incluso interactuar y establecer lazos entre ellos. Y es una pena porque podría ser un gran ejercicio ya que la novela plantea un equipo multidisciplinar muy diverso, formado por distintos tipos de policías y ex-delincuentes, algunos altamente carismáticos. Un equipo que podría ser un argumento en si mismo.

Por fortuna el epilogo da la idea de que tenemos una trama de larga proyección, lo que dará la posibilidad de “subsanar” estos detalles.

Por otra parte la narradora y en principio protagonista de la historia, Andrea Harris, pasa toda la investigación siendo arrastrada por la misma. No parece tomar iniciativa. Hasta cierto punto es como una lectora más, sin mayor incidencia o  poder de decisión. Esto ahonda en la sensación de precipitación e inercia que resumía en el “demasiado corto”. otro detalle que posiblemente tenga su revulsivo en siguientes casos. Al fin y al cabo Andrea sigue siendo una extranjera que se integra en un equipo de gente que ya se conoce en un país distinto con leyes y normas distintas a las que está habituada y donde, además, la gente a su alrededor habla la mitad del tiempo en un idioma que no entiende. Que Barcelona es preciosa, pero los catalanes hablan en catalán entre sí y eso descoloca al recién llegado como es natural. Para aumentar mas este extrañamiento se topa con una dinámica muy española: la de los contactos y favores. se encuentra con una Jefa que no es capaz de ejercer como tal con Nabar, y la necesidad de las confidencias extraoficiales. Un tejemaneje que sólo se imagina uno en un país como el nuestro.

posiblemente lo más divertido de esta novela sea la lectura política. La nueva izquierda y la nueva derecha, así como los viejos fascistas son tan fáciles de localizar en el panorama político actual que en ese aspecto alcanzamos un nivel paródico delicioso.

Aunque la temática “neonazis” es ya una subclase de novelas policiacas, en este caso tenemos un relato no falto de originalidad y rápido, con escenas de acción justas pero fluidas y una cierta lógica narrativa audiovisual que la hace más cercana al público menos especializado en el género. Así es rápida y sencilla de leer, bastante adictiva y de buen sabor final

Recomendado para: Gente que quiere oxigenarse entre lecturas de otro género. Personas con unas horas muertas y ganas de que les entretengan
Abstenerse: Gente sensible de imaginación demasiado gráfica. Ultraderecha (os saldrá sarpullido)

Título: Las máscaras de porcelana
Autor: Rubén Falgueras Pradas
Año de edición: 2015
Editorial: El Salto Amazon Createspace

Incordié al Piloto Jim. Humor a años luz

Hay miles de cosas buenas que me llevé de mi breve paso por los alrededores de la EUROCON 2016 de Barcelona. Una de ellas fue conocer a Tony Jim, un autor de ciencia ficción y humor realmente apasionado de lo suyo y que al menos cuando lo vi, vivía el evento con la misma ilusión infantil que yo. Me ofreció hacer esta reseña y, obviamente, no podía decirle que no.
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El piloto Jim es un gran héroe galáctico protagonista de un sin fin de aventuras siderales repletas de humor. Así veremos en estas páginas como el piloto Jim, inicialmente un laureado piloto de la Flota Estelar, cambia de profesión para convertirse en una especie de detective espacial a sueldo encargado de extraños casos, en misiones de exploración y espionaje y en peligrosos rescates de miembros de la realeza. Por no mencionar complicados casos de desapariciones y secuestros en los que el piloto Jim se verá también implicado.

Al contrario de lo que da a entender la editorial catalogando el libro como novela, tenemos ante nosotros un libro de relatos que, aunque tienen relación y orden interno, no deja de ser una antología. Y en este país los relatos venden menos que las novelas, o esa es la sensación que da.

El Piloto Jim (Jim de apellido y Piloto de nombre) es una parodia del héroe intergalactico clasico. Tiene un poco del héroe del space opera y bastante del protagonista masculino del pulp, algunas trazas (y homenajes descarados) a Doctor Who y mucho de ese personaje macho-man de series como Star Trek que parecían tener por contrato seducir a una señorita de buen ver cada x capítulos. Tiene de ellos las ínfulas y todas las partes ridículas y risibles. El resultado es un personaje un poco en la línea de “los otros héroes” de Stargate pero con un ego desmedido. Una persona más o menos en la media en todo, e incluso algo inferior en algunas cosas (como el sentido común) funcionando como si el hecho de llamarse a sí mismo héroe lo convirtiera en uno por arte de magia (o fuerza del narrativium). En resumen, el Piloto Jim es un metepatas titulado y se esfuerza por demostrarlo.

Como todos los héroes intergalácticos, tiene una mano derecha que es una mujer. En algunos relatos se trata de una persona cualquiera tomada en el curso de una aventura, como una companion del Doctor. Pero en los más es una “atractiva extraterrestre”, ese tópico del genero que gracias a todos los Dioses del multiverso está en claro retroceso por su asquerosa misoginia. De hecho, la atractiva extraterrestre en estos casos es muchísimo más que el tópico; se trata de mujeres completas y competentes que a duras penas soportan al compañero que les ha tocado en prenda.

Con estos ingredientes vamos saltando de una aventura a otra, todas ellas que varían entre lo absurdo y lo anecdótico. No parecen tener razón de ser, ni un principio y un final medianamente cerrados, y explotan ese humor que proviene del absurdo y dela referencia.

Incordié al Piloto Jim es una colección de relatos muy especiales dirigidos a un público muy especializado. Hara las delicias de su publico objetivo, pero hará que cualquiera fuera de él se sienta perdido o incluso confuso

Recomendado para: Incondicionales de star treck y similares con mucho sentido del humor
Abstenerse: Jovencitos y otros sectores de población sin referentes 

Título: Incordié al Piloto Jim
Autor: Tony Jim
Año de edición: 2015
Editorial: Circulo Rojo

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