Las máscaras de porcelana es un thriller moderno que llegó a través del autor, al cual agradezco la confianza depositada. Ya sabéis que me resulta muy dificil decir que no, especialmente a una sinopsis interesante. Y necesitaba el cambio de tercio.

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Andrea Harris es una prometedora policía de Nueva York, trasladada a España cumpliendo una nueva legislación que aboga por la globalización de los cuerpos de seguridad mundiales. En su primer día de estancia conocerá a su nuevo compañero, Nabar Balder, un detective fuera de la ley cuyos métodos son muy cuestionados.
El aviso de un macabro asesinato hallado en La Sagrada Familia de Barcelona dará comienzo a una investigación macabra con ramificaciones en los estamentos más privilegiados.
¿Qué busca el asesino usando una ritualística tan compleja? ¿Qué esconde Balder?

Probablemente lo que le tengo que recriminar a esta obra se puede resumir todo en esta frase: es demasiado corta. Con poco más de 213 páginas, a mi me ha faltado investigación, sospechosos, pistas… Tiene un desarrollo rapidísimo aunque muy eficiente.Quiero decir que el resultado de la investigación en coherente y lógico,  pero no deja el suficiente espacio al lector para construir y destruir sus propias hipotesis.

Pasa lo mismo con los personajes. Se bosquejan muy bien con muy pocos datos, pero se les da poca o nula cancha para evolucionar, posicionarse o incluso interactuar y establecer lazos entre ellos. Y es una pena porque podría ser un gran ejercicio ya que la novela plantea un equipo multidisciplinar muy diverso, formado por distintos tipos de policías y ex-delincuentes, algunos altamente carismáticos. Un equipo que podría ser un argumento en si mismo.

Por fortuna el epilogo da la idea de que tenemos una trama de larga proyección, lo que dará la posibilidad de “subsanar” estos detalles.

Por otra parte la narradora y en principio protagonista de la historia, Andrea Harris, pasa toda la investigación siendo arrastrada por la misma. No parece tomar iniciativa. Hasta cierto punto es como una lectora más, sin mayor incidencia o  poder de decisión. Esto ahonda en la sensación de precipitación e inercia que resumía en el “demasiado corto”. otro detalle que posiblemente tenga su revulsivo en siguientes casos. Al fin y al cabo Andrea sigue siendo una extranjera que se integra en un equipo de gente que ya se conoce en un país distinto con leyes y normas distintas a las que está habituada y donde, además, la gente a su alrededor habla la mitad del tiempo en un idioma que no entiende. Que Barcelona es preciosa, pero los catalanes hablan en catalán entre sí y eso descoloca al recién llegado como es natural. Para aumentar mas este extrañamiento se topa con una dinámica muy española: la de los contactos y favores. se encuentra con una Jefa que no es capaz de ejercer como tal con Nabar, y la necesidad de las confidencias extraoficiales. Un tejemaneje que sólo se imagina uno en un país como el nuestro.

posiblemente lo más divertido de esta novela sea la lectura política. La nueva izquierda y la nueva derecha, así como los viejos fascistas son tan fáciles de localizar en el panorama político actual que en ese aspecto alcanzamos un nivel paródico delicioso.

Aunque la temática “neonazis” es ya una subclase de novelas policiacas, en este caso tenemos un relato no falto de originalidad y rápido, con escenas de acción justas pero fluidas y una cierta lógica narrativa audiovisual que la hace más cercana al público menos especializado en el género. Así es rápida y sencilla de leer, bastante adictiva y de buen sabor final

Recomendado para: Gente que quiere oxigenarse entre lecturas de otro género. Personas con unas horas muertas y ganas de que les entretengan
Abstenerse: Gente sensible de imaginación demasiado gráfica. Ultraderecha (os saldrá sarpullido)

Título: Las máscaras de porcelana
Autor: Rubén Falgueras Pradas
Año de edición: 2015
Editorial: El Salto Amazon Createspace