Danza de Letras

Al son de las palabras

Espectro en la noche

espectroenlanoche

Se incorporó alerta en medio de un sueño. La llamada era demasiado lejana para asistir, pero también desesperada. Se dejó caer sobre el colchón con un suspiro. Espectro Nocturno tendría que prestar su ayuda….a su manera

*    *    *

El Margay desplegó silenciosamente sus drones led para traer a la luz cada uno de los rincones del almacén abandonado. Apostado en una viga del techo observó a sus rivales aquella noches, siluetas informes de los deshecho de la sociedad. Ahora mismo monstruos. Seguramente un puñado de delincuentes comunes por cada uno de los tres peces gordos del crimen organizado de la ciudad. O ese era el rastro que había seguido. Esperó a que cada uno de los aparatos estuviera colocado, escrutando los movimientos del exterior que revelaban las luces del puerto a través de un ventanal sucio. Él era la silueta moteada en las alturas,  un camuflaje casi perfecto. La penumbra era su territorio.

En el suelo, las figuras se posicionaron y cerraron las puertas. La oscuridad se extendió. El Margay soltó el aire que estaba conteniendo mientras apretaba el botón que activaba las luces de los drones.

Y la luz se hizo.

El Margay saltó entre sus ahora perfectamente nítidos contrincantes. Muchos pares de ojos le miraron, helados. Y entonces oyó un chasquido, y con un parpadeo las luces se apagaron. Todas las luces.

El Margay huyó.

No huyó como huyen los héroes, de forma estratégica y calculada. No se esfumó en el silencio, no se fundió con su entorno. Corrió. Corrió con los ojos cerrados, los puños apretados y la cabeza gacha. Corrió hasta que chocó con montones de cajas. Una. Dos. Tres veces. Se deslizó y quedó parapetado tras un montón de restos de cajas de madera rotas. Estaba mareado. La presión en el pecho no le permitía coger aire. Su cara estaba cubierta por un sudor helado.

— Margay. —Le llegó en un susurro. Un escalofrío le recorrió la espalda hasta atenazarle el vientre. –Tranquilo Margay, soy Espectro Nocturno.

Espectro Nocturno: telépata poderosa y luchadora tenaz, sombra en la noche. Una aliada casual.

—Gracias al Todo que estás aquí —pensó Margay.

—No estoy aquí. –La voz de Espectro sonó divertida. Le encantaba su poder, y se notaba. – Estoy muy lejos, Margay. Pero tu terror es tan fuerte que habría convocado a cualquier psíquico de rango 3 en kilómetros a la redonda. Y yo no soy un rango 3.

—No tengo miedo –se repitió El Margay. Y sonaba casi como un mantra.

—No te lo estás creyendo ni tú, imagina si me lo voy a creer yo. Puedo paladearlo, Margay. Se lo que sientes, y no me va a costar nada saber por qué si no me lo quieres decir. Pero ¿sabes qué? Estás es problemas, y  vengo a ofrecerte mi ayuda. La que puedo darte. La que quiero darte. Sin quejas. Lo tomas o lo dejas.

La angustia de El Margay se le acumulaba en los senos nasales, amenazando con moqueos y lágrimas. También en la vejiga.

—Lo que sea, Espectro. Lo que sea. Pero ya.

El Margay escuchó la risa musical de Espectro Nocturno en su mente. Esa risa era la pesadilla de muchos, y ahora entendía por qué. Fluía ligera como el vuelo de una mariposa. Una mariposa que sabía cosas que tú no.

La mariposa se materializó frente a él. Era oscura. Y podía verlo perfectamente porque estaba en una extensión interminable de luz blanca.

El Margay se quedó mirando la mariposa, esperando que se transmutara en Espectro Nocturno. Como no pasaba nada, intento poner concentración en que ese cambio se diera. La risa de Espectro llegó desde su espalda. Incluso en este plano sus ojos brillaban divertidos. El Margay sabía que Espectro usaba su poder para hacer que la gente la viera de una forma concreta: una mujer de pelo plateado y ojos granate enfundada en un traje negro que se las arreglaba para ser ceñido y opaco como el cuero pero vaporoso y sutil como una gasa. Esa era su mejor máscara. Mientras fuera Espectro Nocturno, nadie vería su verdadero aspecto.  Y, mientras se la viera, nadie se preguntaría nada pues era de una belleza subyugante.

El Margay se irguió y procuró mostrar una pose lo más heroica posible. Aunque ella simplemente supiera, él siempre tendría esa necesidad de dotar a su uniforme moteado y felino un mínimo de dignidad.

— ¿Esto es tu mente o la mía? –le preguntó a la heroína mientras miraba a su alrededor.

—Eso da lo mismo. Tu mente, la mía o un lugar específico creado sólo para este momento. –Su voz era dulce, tranquilizadora de un modo casi anestésico. –Para tu tranquilidad te diré que estás fuera del espacio, pero sobre todo del tiempo. Cuando cerremos este lugar, estarás dónde estabas y en el tiempo en el que estabas. Oficialmente será como si no hubiera pasado. Así que considera esto  como un impasse lúdico.

Hubo algo en ese “lúdico” que hizo a El Margay preocuparse de veras.

—Ahora me iré, Margay. Te dejo aquí jugando a un pequeño juego. Cuando acabes, este lugar se cerrará. Nunca antes. Tampoco después. Esta es la ayuda que necesitas. – Mientras decía esto, se desvaneció. —Que no me entere que te quejas – apostilló su voz cada vez lejana.

El Margay soltó un pequeño bufido. Estaba metido en una ratonera. Llana, blanca y grande hasta donde alcazaba la vista en todas las direcciones. Una ratonera extraordinariamente grande e iluminada, pero una ratonera al fin y al cabo.  A sus pies vio una piedra del tamaño de un puño. Un puño pequeño en realidad; el puño de alguien de unos cinco años. Era negra y estaba manchada con cristalizaciones blancas. El Margay la cogió entre sus manos.

En ese momento la luz se apagó. El Margay estaba perdido en una negritud total. Sin testigos. Y se quedo helado. Cuando pudo darse cuenta, respiraba con dificultad y todo él era un latido desbocado.  Apretó los puños con fuerza, intentando de encontrar algún tipo de control.

La luz volvió.

El Margay miró la piedra que aún mantenía en sus manos. Un botón del pánico. Espectro Nocturno le había dejado en una ratonera con un botón del pánico. Era un alivio saber que no era su enemiga.

En cuanto recuperó el pulso, la luz volvió a apagarse. Esta vez El Margay tardó algo más en perder el control y apretar con fuerza la piedra. Entendió qué tenía que hacer: resistir, demostrarse que podía resistir.

Perdió la cuenta de las veces que la luz vino y se  fue. En algún momento de entre la oscuridad comenzaron a surgir cosas. Objetos, máquinas automáticas, enemigos, animales… y también amigos o aliados. Casi sin darse cuenta, El Margay luchaba por el bien en la oscuridad como lo habría hecho en la luz. Tenía miedo. Pero no más miedo que rodeado de enemigos armados.

Volvía a estar apostado tras las cajas rotas, en el almacén. Rodeado de enemigos que farfullaban confusos. Acarició la piedra con el pulgar, sonriendo en la negrura por primera vez desde que tenía memoria. Aguzó el oído y se lanzó al ataque.

*    *    *

Aparté un rizo castaño de su pequeña frente mientras ella me miraba entusiasmada, sentada en mis rodillas

—¿Entiendes ahora por qué no hay que temer a la oscuridad, Elisa? No hay en ella nada que no puedas enfrentar.

Ella juntó un momento sus pequeñas cejas perfectas, pensativa.

—Si –respondió. –Tío Henry, ¿cómo sabes tanto de El Margay? –me dijo, intentando posponer el momento de ir a la cama.

Sonreí divertido. Elisa era muy lista para tener cuatro años.

—Oh –le dije–. Eso es porque soy un gran experto en él. Muy poca gente le conoce mejor que yo.

Apoyada en el dintel de la puerta la madre de Elisa soltó una pequeña risita. Sus ojos grises brillaron por un momento de color granate.

6 Comentarios

  1. Muy bueno, sabía que al final lo lograrias.
    Me ha recordado a Batman y su trabajo desde la oscuridad. El personaje de Espectro Nocturno me ha gustado mucho.
    Y el final con esa pareja… Mi enhorabuena!

  2. Muy bueno, sabía que al final lo lograrias.
    Me ha recordado a Batman y su trabajo desde la oscuridad. El personaje de Espectro Nocturno me ha gustado mucho.
    Y el final con esa pareja… Mi enhorabuena!

  3. ¡Hola de nuevo!

    Creo que este relato me ha gustado más que el anterior. De los que he leído del número tres, creo que es el más conseguido. De hecho es mi favorito 🙂

    Me ha gustado mucho que fuese un cuento para la niña pero a la vez fuese verdad por ser sus padres quienes son.

    La escena de superación es realmente una escena de superación con lo cual creo que has cumplido el reto con creces. Mi enhorabuena.

  4. ¡Hola de nuevo!

    Creo que este relato me ha gustado más que el anterior. De los que he leído del número tres, creo que es el más conseguido. De hecho es mi favorito 🙂

    Me ha gustado mucho que fuese un cuento para la niña pero a la vez fuese verdad por ser sus padres quienes son.

    La escena de superación es realmente una escena de superación con lo cual creo que has cumplido el reto con creces. Mi enhorabuena.

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