Danza de Letras

Al son de las palabras

Mes: Marzo 2017 (página 1 de 2)

Siempre hemos vivido en el castillo. Merrycat, oh Merrycat

Lei Siempre hemos vivido en el castillo como parte de las lecturas conjuntas del grupo  #LeoAutorasFantásticas. Me costó mucho encontrar una copia en préstamo, y poco después la editorial pareció haber escuchado mis quejas y lloriqueos variados y lo reeditó. Conmigo tenían una venta hecha.

9788494534867_siemprehemovividoenelcastilloNo se me ocurre forma de presentar este libro que sus primeras palabras.
Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto
Las hermanas Blackwood viven una vida aislada y apacible en su casa familiar, sintiendo de lejos el odio generalizado del pueblo. Cuidan de si mismas y de su tío Julian que no hace más que escribir y reescribir sus memorias. Su vida podría ser normal si no fuera porque el resto de la familia murió en aquella misma mansión, victimas de un crimen nunca resuelto.

Siempre hemos vivido en el castillo es el relato real y apabullante de la vida de la américa profunda y sus pueblos, de las hermanas Blackwood, de su sociedad… y de la maldición que todo ello conlleva. Terror realista en grado sumo.

El trabajo de Shirley Jackson es tan terrible como hermoso. Os ruego que toméis lo que tenéis en la reseña como muestra de la narrativa fluida pero cargada de simbolismo y poética de esta narración, que además es relativamente corta. Una narración que es sorprendentemente reivindicativa y feminista, que expone absolutamente ese fenómeno conocido como mansplaining (Como diría en su reseña Eli del canal Libros Prestados, casi todo el nudo es mansplaining:el musical) así como las miserias y maldades propias del monstruo humano, tomado como un individuo monstruoso  y como una mente comunitaria monstruosa.

Y dentro de todo ello, la irrealidad de la mente mágica de la propia Merrycat donde cada pequeño detalle conlleva un mensaje transcendental y donde ella puede manipular las cosas para proteger su mundo y a su gente, para eliminar los agentes que amenazan la paz de su casa.

La lectura de este libro es muy ágil, tal vez ayudado por el hecho de que es un libro corto al que no parecen sobrarle ni faltarle páginas. Una lectura impresionante en conjunto, que impacta por el todo que es más que por sentencias aisladas.

Recomendado para: Todo el mundo. En serio, no sólo es un clásico de su género, si no que no conozco a nadie que se haya arrepentido de leerlo.
Abstenerse: Si buscas otra cosa, como terror de casquería o un libro lleno de artes marciales… 

Título: Siempre hemos vivido en el castillo
Autor: Shirley Jackson
Año de publicación: 1962
Última edición en españa: 2017
Editorial: Minúscula

Escribir NO es MI trabajo

Escribir no es mi trabajo.

No lo es, y no creo que lo sea nunca. Ojalá, ¿eh? Pero aún así… Me considero juntaletras. Más la chica que baila en la verbena del pueblo que la bailarina profesional a la que vas a ver al teatro. Así que no, escribir no es mi trabajo. Pero lo es de otras personas.

Así que hablemos de esas personas.

Son gente que invierte un tiempo y un dinero en ofrecerte un trabajo digno, y en muchos casos, maravilloso. Hacen promociones, con lo que puedes llegar a conseguirlo gratis o muy barato (de verdad, por precios por los que no te agacharías a recoger la moneda del suelo). Así que, si quieres leerlos, simplemente tienes que estar atento y aprovechar la oportunidad. Pero sobre todo, son seres humanos que se esfuerzan  todo lo que pueden y eso merece un mínimo de respeto.

La piratería es cómoda, barata y silenciosa. Ya no se trata de que sea un robo (estamos hartos de que nos lo digan en el cine, en la música…). Es una falta de respeto al autor, a su ilusión y a su esfuerzo.

No, no estoy aquí para decirte que no piratees. No voy a decirte que creo que el arte debería ser más subvencionado y más accesible. Que las instituciones deberían invertir más en bibliotecas y préstamo digital. No voy a decirlo, porque creo que es innecesario. Lo que sí quiero decir es que los autores merecen un respeto mínimo. Así que antes de dar un par de clicks sin consciencia, piensa en lo que realmente estás haciendo.

Encarcelados

encarcelados

Miró a C, asustada. Llevaban juntos en aquella mezcla de cárcel y zoológico muchos años. Con el tiempo habían ido dejando sus puestos asignados, y ambos se daban apoyo en la parte oscura de su gigantesca celda, lo más alejados posible de la pared de cristal.

C era elegante, alto, y T le admiraba especialmente por su capacidad de ser transparente en todas las situaciones. C admiraba a T porque siempre mantenía una sonrisa, tenía una gran corazón y llevaba siempre consigo sus herramientas. En aquellas circunstancias, la resistencia y fortaleza que demostraba manteniendo la esperanza eran algo realmente único.

T empezó a temblar sin poder remediarlo; el cambio de luz indicaba sin duda que venían. La pared de cristal se dividió en dos y se retiró hacia atrás.

-Tranquila. Respira. Mírame a mi. –le dijo C. con voz profunda y brillante. -Así me gusta.

Su sonrisa centelleaba, y T sonrió también, tímida, aún nerviosa. Pero se sentía mucho más segura a su lado, y sabía que estando tranquila llamaría menos la atención y podría seguir allí al menos un día mas.

A lo largo de los años, T y C habían comprobado que los que eran escogidos solían volver cambiados. No sabían qué les ocurría, pero tras unos días fuera lo que regresaba eran personas totalmente diferentes. Habían perdido su brillo; apenas hablaban o balbucían incoherencias sin descanso. Algunos se mantenían dolorosamente quietos, intentando estar siempre despiertos, siempre alerta; otros no dejaban de vagar excepto cuando presentían que se acercaban sus carceleros, sus amos. De cuando en cuando, alguno no volvía. Entonces, con una rapidez pasmosa, los carceleros acudían para llevarse a otro… Hoy, ellos dos eran los únicos que todavía no habían sido llevados. Eran los que se mantenían más enteros.

Sabían que aquello no podría durar mucho, que pronto los separarían, y que los cambiarían para siempre. Y aquello aterrorizaba a ambos. Por suerte, aquel carcelero sólo depositó a algunos condenados en el duro suelo, cerró las puertas y se fue

T miró a C y supo que no podría soportarlo, si los separaban.

C miró a T y supo que no se perdonaría nunca que la llevaran, volver a verla sin reconocerla.

Tenían que escapar. Y tenían que hacerlo aquella noche.

Las luces comenzaron a bajar. T se dirigió a las puertas. Era un movimiento arriesgado. Ella estaba convencida de que había una lógica en las rutinas de los carceleros, que elegían unos tipos u otros de prisioneros según algunos rasgos de su aspecto. Sus observaciones indicaban que cerca de la noche, no escogerían a alguien como ella. C no estaba tan seguro, y la incertidumbre hacía que le temblara el pulso. A pesar de las indicaciones de T, C se acercó también. Sabía que si elegían a T, él se rebelaría. No lo había hecho nunca porque no había manera de vencer a aquellos monstruos que eran sus carceleros, pero sentía que era lo correcto, que defendería a T hasta la última de las consecuencias…

Los carceleros se acercaban; hoy sus pasos eran rápidos y potentes. Muchos presos temblaban y chocaban entre sí… Sólo T parecía serena. Las puertas se abrieron y C notó como todo su ser entraba en tensión. Pero no eligieron a T, a pesar de pasar rozándola varias veces. Ella se mantuvo firme. Dispuesta pero segura. C pensó que nunca la había visto tan hermosa como en ese momento, bañada por la luz dorada de un sol moribundo.

Las puertas se cerraban; era su momento. T deslizó una pequeña parte de su cuerpo en la junta entre las dos hojas, impidiendo que cerraran por completo. Para su sorpresa, aunque pesadas, no ejercían fuerza extra. La tensión era dolorosa, pero merecía la pena. Aguantó.

Cuando se hizo de noche por completo, C se acercó a ella y le ayudó a abrir la puerta. Se sonrieron. Ahora venía lo duro. Para salir tenían que salvar una distancia importante. Tomaron aire juntos y saltaron.

Un estruendo despertó a Susana, que se levantó alarmada y recorrió la casa con el corazón en un puño. Casi se cortó con los trozos de la copa y la taza que habían caído del aparador.

A la sombra del linaje. Linaje significa esencia.

A la sombra del linaje es un libro corto, salido de las manos de mi autora adoptada. Este libro se puede comprar actualmente en librerías especializadas en autopublicados de Barcelona y, si no me engaña la memoria, Madrid.

51t74x1mHaL._SX331_BO1,204,203,200_[1]Mariana es una mujer sabia, mujer de sanación de los bosques del norte. Lo que llaman una meiga. Y está en una situación peligrosa. En su huida hacia su tierra, se encontrará con una niña que también está huyendo. Una niña que se parece a ella…
Acabar de asumir el trono de tu reino cuando va a estallar un conflicto con los pueblos de las montañas es duro. Pero si además de ser un joven rey necesitas ir al bosque a meditar cada luna llena porque eres un lobo, la cosa puede complicarse…
Aitana es una guerrera. Lo lleva siendo desde los 13 años, y serlo es un gran honor. Pero para ser guerrera ha tenido que renunciar a una parte de si misma…

A la sombra del linaje está compuesto por tres relatos. Tres relatos que aunque en principio parecen no tener relación entre si, más tarde se descubren pequeñas relaciones, además de una línea temática.

Que en una recopilación de relatos se descubra que pequeños detalles los conectan es una de mis debilidades. En este caso, A la sombra del linaje se desarrolla en un único mundo, en un tiempo parecido y en una cercanía geográfica. Un monasterio aparece una y otra vez… y parece siempre el mismo. Personajes secundarios parecen repetirse, aunque no se diga su nombre… E incluso se logra el desenlace final de una historia en medio de otra. Un trabajo complejo de narración cruzada, donde todo fluye con naturalidad y las relaciones surgen sin necesidad de verse forzadas.

Blanca Mart despliega en estas hojas una prosa hermosa, cuidada, de alto valor poético, que recuerda en algunos giros y repeticiones a las canciones tradicionales que hablan sobre personajes destacados. Una prosa que no es siempre prístina, pero que es muy disfrutable. En ella el linaje es una metáfora de la verdadera naturaleza de cada persona, sus capacidades y aquello que les hace felices. Todos estamos a la sombra de esto, y nuestro objetivo es descubrir cuál es esa esencia personal y explotarla para ser uno con nosotros mismos. Cada personaje principal en estos relatos tiene como reto principal éste y no otro.

Sí, A la sombra del linaje es una obra de fantasía. Una obra donde los hombres lobo son nobles y civilizados, los guerreros tienen fuerza para ser mucho más que guerreros y las meigas son personas sabias movidas a ayudar a los demás. Una fantasía heroica donde los héroes no son los que más matan o los que cambian el mundo, si no lo que aprenden y siguen adelante.

Recomendado para: Gente que quiere leer una fantasía diferente, sin tramas pesadas y muy lírica
Abstenerse: Gente que quiere alta o baja fantasía estándar y su dosis de casquería

Título: A la sombra del Linaje
Autora: Blanca Mart
Año de publicación: 2010
Úlitma puvlicación en España: 2012
Editorial: Alfa Eridani

Adios

adios

Las campanas doblaban lentamente, marcando el paso del cortejo fúnebre. Desde la ventana sucia de la vieja carpintería, un espíritu burlón, que nadie podía ver, seguía atentamente el devenir de aquella triste y exigua comitiva. Sabía que debía sentirse alegre, o al menos aliviado. Era libre, después de tantos años. Podía vagar a placer, hacer lo que le viniera en gana sin que nadie le detuviera. Era libre de aquella dimensión humana, tan llena de normas y límites. Sin embargo se sentía pesado, aburrido en exceso. Sentía una gravedad en el centro de su ser que no sabía con qué relacionar.

Se sentó en el columpio de una jaula desportillada y se balanceó tristemente. Se dio cuenta de que le iba a echar de menos. De que había perdido mucho más que alguien que le viera, que había perdido a un segundo padre.

La puerta de la tienda se abrió, y la campanilla de latón sonó como si todo pudiera ser como hacía veinte años. Entró un hombre de cabello pajizo y ojos enrojecidos. Sus hombros hundidos indicaban que no se encontraba mucho mejor que el duende que le observaba desde la pajarera. Aquel hombre pasaba distraído los dedos por las superficies, llenándoselos de polvo y suciedad. Era un gesto nostálgico.

El pequeño espíritu sintió que el corazón le daba un vuelco cuando el hombre tocó la jaula. Sólo tenía que cerrar la portezuela, y podría verlo. Si aquel hombre le encerraba, tendría de nuevo un cuerpo pequeño y un penacho de pelo rabiosamente rojo, tendría de nuevo un padre y una razón para seguir existiendo en el mundo de los humanos.

El hombre pasó de largo y tras un pequeño paseo volvió a salir ahogando un sollozo con el repiqueteo de la campanilla.

El duende invisible dejó escapar un lamento. Había perdido su última esperanza. Era hora de desaparecer. Hora de crecer. Hora de dejar de ser Pumuki.

 

El imperio de las tormentas. Enunciado equivocado

El Imperio de las Tormentas era una de las novedades de este año que me hacía ojitos y a la vez me daba algo de miedo, porque la sinopsis era atractiva pero podía dar pie tanto a un buen libro como a uno malo. Lo leí sin seguridad de expectativas ni feedback ajeno, y no me he arrepentido de ello.

portada_el-imperio-de-las-tormentas_jonathan-skovron_201611032056Una chica sin nombre es la única superviviente después de que su aldea fuera destruida por los biomantes, los sirvientes místicos del emperador. Bautizada con el nombre de la aldea desaparecida, Hope será entrenada en secreto por un maestro guerrero Vinchen para buscar venganza.
En las sórdidas calles de Nueva Laven, un chico queda huérfano después de que las drogas y la enfermedad se lleven la vida de sus padres. Una de las mujeres con peor fama del mundo criminal lo adoptará. Ella le pondrá el nombre de Red y le enseñará a ser un ladrón y un estafador.
Las vidas de Hope y Red se cruzarán en esta historia de aventuras y venganza, y su increíble alianza los llevará más allá de lo que nadie habría podido imaginar.

El imperio de las tormentas parte de dos historias distintas que se desarrollan de forma paralela con saltos en el tiempo. Por un lado la historia de Hope, que es dramática y está llena de personajes que la subestiman. Por otro lado, la historia de Red, que aunque es dura está completamente rodeada de ayudas y hermandad. Hope se desarrollará para ser una persona dura, apegada en extremos a su sentido del honor y que valora la lealtad por encima de todo. Red por su parte se convertirá en el típico pillo callejero, encantador y sinvergüenza, cuyo objetivo será ser el mejor ladrón de Nueva Lanven…. pero también cuidar de sus amigos y vecinos del Circulo del Paraíso (uno de los peores barrios de la ciudad), incluso si ellos no quieren. Son. por lo tanto, dos huérfanos con vidas prácticamente opuestas.
Si os fijáis en la portada, un mensaje dice “Él busca poder. Ella, venganza”. Esa sentencia es falsa. Bleak Hope busca venganza, sin duda. Pero lo que busca Red es bastante más complicado que poder. Busca reconocimiento, ser integrado como un miembro más de su sociedad. Pero también busca algo que hoy día entenderíamos como justicia social. Se enfrenta constantemente con todos los estamentos de poder que conoce: con los de dentro del barrio (bandas organizadas), pero sobre todo con los exteriores: los imperiales y, por extensión después, los biomantes.

Pero Hope y Red, aunque son los personajes principales, no son nada sin los secundarios. En el mundo de Red hay un puñado de personajes que son más interesantes que él. Ortigas o Sadie la Cabra se merecen un espacio en el corazón de todos los lectores. Pasa lo mismo con los personajes que se unirán después, como el primo de Red que, a pesar de no estar del todo desarrollado resulta altamente interesante. Y sobre todo, sobre todo Brigga Lin. Brigga Lin es impresionante, sorprendente, y tengo muchas ganas de que se desarrolle más en otros volúmenes porque tiene mucho más que decir.

La historia de El Imperio de las Tormentas no es perfecta. Pero cumple con creces. Puede que le sobre un poco de amor romántico que estaba más que cantado. Pero también tiene mucho argot callejero, mucha lucha de clases, posible transfondo político y un mundo y un par de sistemas de magia que sólo se ven por encima pero que parecen tener mucha más enjundia que la media.  Eso sí, que alguien me explique de dónde viene el título, porque un Imperio si que hay… pero lo de las tormentas no lo acabo de ver.

Añado que este volumen, además de una declaración muy clara respecto al sexismo, incluye una serie de cosas muy guays, como piratas, surikens o steampunk.

Quiero destacar la visibilidad de personajes LGBT en la historia. Si, son personajes secundarios. Pero secundarios con enjundia y, sobre todo, su condición LGBT está ahí sin que centre toda la historia del personaje. Tenemos personajes homosexuales, pero también un gran personaje trans, algo que no he encontrado nunca en fantasía y menos en fantasía juvenil. Un aplauso por esa parte.

El resultado es un libro que se puede leer en una o dos sentadas, de lectura ágil y que ofrece un buen rato. Además es un libro que no se esconde del feismo sin regodearse en él. Nueva Lanven es sórdida, el Círculo del Paraíso es un mal barrio y sus gentes son pillos de clase baja. Esto se representa con crudeza, pero también con emotividad. Hay violencia, hay sexo y la narración, aunque algo directa, mantiene un equilibrio entre lo juvenil y lo adulto. No peca de inocente sin llegar a cotas de exposición del Grimdark.

Recomendado para: gente que quiera desconectar con una baja fantasía que no le obligue a pensar demasiado, personas que buscan personajes LGBT diferentes.
Abstenerse: Hipersensibles al mal lenguaje y el sexo. Gente que busque algo muy desarrollado, es una primera parte… y se nota. 

Titulo: El Imperio de las Tormentas
Autor: Jon Skovrom
Año de publicación: 2016
Edición en España: 2017
Editorial: Minotauro

Sigue la luz

sigue la luz

Luz se apoyaba indolentemente en aquella maleta-trolley rosa fucsia que tanto detestaba. De nuevo en aquel piso antiguo de molduras blancas, techos altos y suelos de madera oscura que crujían como las tripas de una bestia centenaria.

Llevaba casi diez años siguiendo aquella tradición de mudanzas estacionales. Primavera en la ciudad con sus abuelos maternos, verano la playa con su padre, otoño en el ático de su padrastro y finalmente invierno en aquella especie de cueva decimonónica de su abuela paterna, a la que no veía nunca ni aún viviendo en el mismo lugar. Un ciclo eterno de aburrimiento que la llevaba a no sentirse cómoda en ningún sitio y la preparaba para independizarse en cualquier momento.

De todos los lugares en los que había vivido, aquel piso era el peor. Era frio y muy grande. La puerta de entrada daba a un hall con una pequeña mesita en la que sólo cabía un centro de mesa de plástico, y dos sillas estilo Luis XVI blancas y doradas. Tenía dos alas. La derecha era la que ocupaba la abuela. Sólo tenía permiso para llegar a las dos primeras puertas: la cocina y la despensa. El resto era terreno prohibido, anatema geográfico. Su espacio era el ala izquierda. Lo primero que tenía era un saloncito que servía de tapón al pasillo que conducía a una pequeña biblioteca, una enorme habitación y un baño alicatado en blanco y azul que podrían utilizar diez chicas como ella sin estorbarse.

Resopló para apartar de sus ojos un mechón rojizo. Esperaba a que su abuela se dignase a acercarse y recibirla. La vio llegar por su pasillo, como viniendo de otra dimensión, una mujer cuya edad no sabría calcular, que miraba más allá de ella y que era incapaz de llamarla por su nombre.  La muchacha se apartó de la maleta y se acercó a la anciana, que le dio dos besos sin contacto, dejándole las fosas nasales colapsadas con su aura de talco.

Le habían dicho que era igual que su abuela de joven, pero ella lo dudaba muchísimo. No veía en aquella mujer enjuta, seca de trato y parca en palabras nada que quisiera pensar que había en sí misma. Su abuela era un entidad primigenia que existía tal y como existen los elementos naturales y a la que no se le podía imaginar un alma humana. Era mejor asumirlo y seguir adelante.

Miró cómo su abuela se alejaba de nuevo y, resignada, se dirigió a su cuarto haciendo rebotar las ruedas de su maleta por la madera con un sentimiento de rabiosa rebeldía adolescente, alegrándose de romper la perfección apolillada del entorno. Se detuvo un momento ante el cuadro de sus pesadillas infantiles. Cogió aire, enderezó sus hombros y se dijo a si misma que no había nada que temer. Ya no era una niña.

Era un cuadro grande con un marco pesado lleno de volutas negras y brillantes que parecían  sospechosamente orgánicas. La pintura reproducía la habitación en la que estaba, demostrando que toda la casa estaba congelada en el tiempo y que ella, simplemente, sobraba. La única diferencia entre el cuadro y el saloncito era la iluminación. El salón recibía mucho sol durante gran pare del día, pero el cuadro era muy oscuro. Daba la impresión de que se había pintado en un momento en el que el sol, la luna y las estrellas se hubieran apagado de golpe y se pudiera ver exactamente la fuerza de la existencia de cada objeto. Aquello ya era bastante inquietante por si mismo, pero aquella chica pelirroja que creía haber visto varias veces en distintas poses y lugares a lo largo de los años acababa de hacerlo espeluznante.

Claro que, ahora que ya tenía dieciséis años, sabía que aquello no eran más que tonterías, imaginaciones de una niña pequeña sola en un mundo demasiado grande. Y sin embargo, hacía esfuerzos por no pestañear.

Luz no podía dormir.  Conocía bien la sensación de extrañar la cama, y sabía que no era eso lo que le impedía conciliar el sueño. Lo que la estaba enervando era un sonido ahogado, como si alguien rascase una tela. No había descansos en el sonido, pero tampoco era constante. Parecía claro que lo producía algo vivo.

Desesperada por el cansancio, decidió averiguar qué pasaba. Descolgó sus pies por un lado de la cama, demasiado alta, que la hacía sentirse insignificante, y saltó.Tanteó la pared en busca del interruptor, lo accionó pero solo recibió un click. Volvió a intentarlo un par de veces más, pero quedaba claro que no funcionaba. Cogió su teléfono, que había puesto a cargar, pero tampoco consiguió nada de él. La batería estaba agotada; no podría usarlo para alumbrarse aquella noche. Suspiró. La abuela habría olvidado conectar la electricidad de aquella parte de la casa.

Abrió con esfuerzo los postigos de su ventana y comenzó a buscar alguna linterna, pero la único que encontró que una palmatoria con una vieja vela. Dudó un segundo. El fuego era una de las prohibiciones de su abuela. Fuego, luces encendidas fuera de la habitación en la que estaba… la lista era larga. Pero había algo urgente en el sonido, algo que le empujaba a desobedecer las normas. El olor a azufre y carbón de la cerilla inundó la habitación, recordándole el infierno, mientras ella encendía la vela.

A la luz de la pequeña llama, las sombras en los pasillos se convertían en algo móvil e impredecible. Los sueños dormidos y polvorientos cobraban vida en los rincones y su corazón latía con un ritmo irregular, incapaz de coordinar las órdenes de calmarse que le daba su mente y la aprensión involuntaria. El sonido le guiaba hacia el saloncito. Sentía que se le erizaba el cabello a cada paso que daba.

Abrió la puerta despacio y coló la vela en el salón. El titilar de la luz se unía al temblor de su mano. La estancia estaba vacía pero el rasgar seguía, nítido, fuerte. Giró su cabeza hacia la chimenea, buscando siempre a procedencia del ruido.

Una mano muy blanca arañaba el cuadro sobre la chimenea. Una mano humana, joven, estilizada, muy similar a la suya. Y, tras la mano, el rostro triste de una chica pelirroja que podía ser perfectamente ella misma.

Luz respiraba superficialmente. Una lágrima inadvertida resbalaba por su mejilla, y sentía que perdía toda su estabilidad. Antes de darse cuenta de lo que hacía, corría hacia el cuadro con la vela por delante. No sabía que quería hacer, si quería confirmar lo que veía, asegurar lo imposible.

Luz aplicó la llama de la vela a la base del marco que tanto había odiado. La chica del cuadro había parado de rascar y le sonreía. El marco se retorció bajo el calor del fuego con un chirrido agudo, como si estuviera quemando la muda de un insecto gigante. Un grito sonó en las habitaciones de la abuela.

El cuadro prendía con rapidez, emitiendo una especie de chillido agónico. La danza del fuego era hipnótica para Luz, que observaba todo, paralizada. La chica del cuadro veía como su mundo se destruía con una expresión de paz.

De pronto sintió una garra en su hombro que la obligó a girarse. La mano esquelética, calcinada, de la abuela manchó de hollín su pijama y alcanzó a ver en el fondo de sus ojos vacíos una llama de odio puro justo antes de que la criatura que llamaba abuela se desplomara convertida en cenizas.

Los flashes intermitentes de los servicios de emergencias se colaba por la ventana. Alguien apuntaba una linterna a sus ojos.

—Sigue la luz, guapa —le decía una voz tranquilizadora.

 

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