Escribir no es mi trabajo.

No lo es, y no creo que lo sea nunca. Ojalá, ¿eh? Pero aún así… Me considero juntaletras. Más la chica que baila en la verbena del pueblo que la bailarina profesional a la que vas a ver al teatro. Así que no, escribir no es mi trabajo. Pero lo es de otras personas.

Así que hablemos de esas personas.

Son gente que invierte un tiempo y un dinero en ofrecerte un trabajo digno, y en muchos casos, maravilloso. Hacen promociones, con lo que puedes llegar a conseguirlo gratis o muy barato (de verdad, por precios por los que no te agacharías a recoger la moneda del suelo). Así que, si quieres leerlos, simplemente tienes que estar atento y aprovechar la oportunidad. Pero sobre todo, son seres humanos que se esfuerzan  todo lo que pueden y eso merece un mínimo de respeto.

La piratería es cómoda, barata y silenciosa. Ya no se trata de que sea un robo (estamos hartos de que nos lo digan en el cine, en la música…). Es una falta de respeto al autor, a su ilusión y a su esfuerzo.

No, no estoy aquí para decirte que no piratees. No voy a decirte que creo que el arte debería ser más subvencionado y más accesible. Que las instituciones deberían invertir más en bibliotecas y préstamo digital. No voy a decirlo, porque creo que es innecesario. Lo que sí quiero decir es que los autores merecen un respeto mínimo. Así que antes de dar un par de clicks sin consciencia, piensa en lo que realmente estás haciendo.