Danza de Letras

Al son de las palabras

Mes: Abril 2017 (página 1 de 2)

Preparativos

Corrió por la pasarela elevada, mientras comprobaba en su CCP maestro cada uno de los cierres de seguridad de los pasajeros. Tenía exactamente medio minuto para llegar a otro lado antes de la deceleración del cambio al espacio subluz. Frenó en seco cuando una luz naranja le avisó de que tenía un viajero fuera de su puesto de seguridad. Todas las demás estaban azules. Gruñó y saltó de la pasarela a pasillo principal. Aquella era una maniobra prohibida, porque hacía sospechar a los pasajeros que había toda una nave oculta frente a sus ojos: la nave del servicio.

Forzó una sonrisa y obligó a atarse al pasajero, un hombre con un aspecto de unos cincuenta años que parecía especialmente interesado en que se quedase a su lado. Se negó con una excusa estándar. Aquella situación había sido prevista en su preparación. Cerró la puerta del camarote con un toque en su pantalla y corrió por el pasillo para alcanzar el siguiente puesto seguro. La sacudida le sorprendió a medio camino y se fue de bruces al suelo. Dio gracias al piloto por una entrada suave. Aquel golpe podría haber acabado con su vida.

Tenía cinco horas para bajar al planeta.

Recogió su CPP y comprobó que no había sufrido ningún daño. La pantalla comenzaba a señalar los primeros verdes, correspondientes a pasajeros dejando sus asientos de contención.  Se puso en pie y corrió unos pocos metros más para encaramarse a la pasarela de nuevo.
Corrió por ella hasta el intercambiador. Eligió el acceso al nivel de cantinas y se dirigió a la despensa. Levantó la tableta flexible que era su CCP para granjearse el paso. Abrió la pantalla y comprobó las existencias de todos los suministros, mientras los iba asegurando con una jaula magnética. Mientras metía la mano en una caja abierta de zumos individuales liofilizados para contabilizarlos, tocó la flexible matriz plateada. La levantó con la uña y con sumo cuidado la despegó del interior del contenedor de PBS. Se abrió la chaqueta con la otra mano y la pego con cuidado sobre su cinturón de modo que quedase oculta por la ropa.

El CCP vibró.

Tenía cuatro horas.

Corrió hasta el nivel más bajo. Abrió la puerta de la sala de motores y usó el CCP para comprobar los motores. Todos los indicadores mecánicos eran correctos. Los niveles de radiación eran seguros. Se dirigió a los paneles de los filtros y controles ambientales y anotó los recuentos de indicadores biológicos, patogénicos y de contaminación. Comprobó todos los datos dos veces. Envió los parámetros al control del puerto espacial para que dieran los permisos para entrar en la órbita del planeta. Dejó apoyado el CCP sobre la consola más cercana. Se agachó y metió el brazo con esfuerzo por un resquicio entre dos módulos de control. Cuando lo sacó, agarraba un estuche opaco. Lo abrió y comprobó que contenía una pequeña célula de energía. Un modelo experimental; potente, con gran independencia y del tamaño de un colgante. Cerró la caja y la metió en el bolsillo interior de su chaqueta.

Recogió el CCP. Acababa de llegar la confirmación de órbita.

Tenía tres horas.

Se dirigió a los muelles de carga. Mientras se acercaba abrió los manifiestos. Comprobó cada sección. Las horas de apertura y cierre de cada puerta. Los anclajes de cada caja y contenedor. Era vital que las redes magnéticas estuvieran en perfecto estado. La entrada estaba controlada por una guía de tracción, pero podrían producirse vibraciones. Si la carga se desestabilizaba, había una posibilidad de perder la guía y caer sin control en un punto del planeta. El riesgo era tanto para la compañía como para la población que acogían. Se tomó su tiempo para asegurarlo todo. EL CCP vibró de nuevo. EL tiempo se agotaba. Entró en el submuelle cero; objetos perdidos. Fue directo a la bandeja antifricción y cogió un cristal blanquecino del tamaño de una pelota de golf. Una enorme memoria de datos. Se lo metió en el bolsillo del pantalón.

Tenía dos horas.

Con todo correcto, se fue a su camarote. Dejó el CCP en su base de carga, correctamente configurado para su siguiente usuario. El CCP maestro era una parte más de la nave.

Cogió su maleta y la puso sobre su cama. Sacó de sus cajones sus pocas prendas y efectos personales. Guardó dentro el cristal de datos y la batería. Dejó la matriz en su cinturón, que se volvería a poner. Se desnudó y tomó una ducha de vibración. La hizo larga. Más relajado, se puso el traje de gala, repasó la maleta y la cerró.

Tenía una hora.

Se colocó en su puesto al lado de la puerta principal. Dejó la maletita a su espalda, en contacto con sus piernas. Varios miembros de la tripulación tenían equipajes similares. Aquello le dio seguridad. Se cuadró, mirando la punta de sus zapatos. Cuando levantó la cabeza lo hizo con aplomo y la mejor de sus sonrisas. Comenzó a dar la mano y despedir a los pasajeros, que ni siquiera se fijaban en las personas que les habían servido las últimas semanas.

Sólo quedaban unos minutos.

Cogió la maleta y bajó por la pasarela junto a varios compañeros. Se despidió de ellos con un gesto de la mano, prometiendo llamar para salir por ahí un día de estos. Tomó el ascensor, que en el planeta llamaban orbital, para pisar la superficie del planeta.

Unos pocos segundos.

La puerta del ascensor se abrió. La luz del sol le deslumbró, pero siguió andando. Estaba en casa, y sólo tenía que ensamblarla en una carcasa para que su amor estuviera a su lado. ¡Qué estúpida esa ley que no permite el viaje interestelar a las IAs!

Esta vez su sonrisa era sincera.

La mirada extraña. De lo propio y ajeno

Como recordaréis, leí La mirada extraña porque salió como lectura conjunta en el grupo de Goodreads #LeoAutorasFantásticas. Por eso y porque Felicidad Martinez me cae muy bien, qué demonios. Todo suma.

9788416637119

Cuatro miradas a cuatro mundos, cuatro sociedades, cuatro especies:

La guerra ha comenzado y el otro bando está posesión de una magia inimaginable que obliga a las tribus aplastadoras a replantearse su forma de ver el mundo. Pero el verdadero peligro está por llegar desde más allá de las estrellas.

La hija-reina está madura. Para la colonia es motivo de júbilo, pues inicia una campaña de conquista en un planeta que promete gloria y prosperidad. Para Da es la peor noticia, porque lo alejará del hogar sin posibilidad de volver jamás.

La meta de Amarán es deshacerse de la molesta carne y demostrar que es el alumno más prometedor y poderoso que se ha visto en mucho tiempo. Pero una extraña lluvia de meteoritos pondrá en peligro su objetivo… y la vida de todos los habitantes del planeta.

Hace tiempo que los heraldos reciben cada vez más sueños. Har’em tiene serias dudas sobre las verdaderas intenciones del sacerdocio que interpreta esos sueños, y sospecha que están retorciendo la palabra de Nom con un propósito oscuro.

Cuatro relatos que componen el libro, en principio totalmente independientes entre si pero que, con la lectura, se va viendo una relación más o menos estrecha y clara, conformando un universo único a lo largo del tiempo y el espacio y no cuatro universos distintos.

Debo reconocer que cuando me dan un libro de relatos en los que hay un hilo conductor claro, suelo quedar más satisfecha que cuando no hay conexión entre los relatos. Pero en este caso la conexión no me llena como me hubiese gustado. Tal vez porque algunas son muy obvias mientras que otras son demasiado distantes y veo más dos líneas argumentales que un todo. Y dudo si esto es mejor que dejar cuatro piezas totalmente sueltas.

Y sí, Felicidad toca aquí muchos palos de la ciencia ficción antropológica: seres diversos, insectoides, con aspectos vegetales y minerales… y humanoides. Seres que han rechazado el espíritu y seres que han rechazado la carne. Religiones, ideas, objetivos, inmanencia, permanencia y transcendencia… De una manera totalmente centrada en el conflicto bélico, el choque y el desequilibrio.  Curiosamente, las especies en colisión son culturalmente mucho más similares entre sí y con nosotros de lo que se me habría pasado por la cabeza en un principio.

El resultado es, como todas las antologías, un libro algo irregular que para mi va de más a menos. Pero también una lectura compleja, sin dejar atrás lo ameno, que requiere paciencia y ganas de saber. Que no engancha especialmente, pero que se nota que quiere dejar un poco en el lector. Y una buena aproximación a lo que pretende la ci-fi contemporánea.

Recomedado para: Amantes de lo ajeno y lo extraño, ávidos de nuevas culturas y conflictos.
Abstenerse: Sensibles a temas de sexualidad y con poco estómago para la violencia en diversas encarnaciones.

Título: La mirada extraña
Autor: Felicidad Martinez
Año de publicación: 2016
Editorial: Sportula

 

 

 

 

2014

2014

Sacó su smartphone del bolsillo de la chaqueta y miró la hora. Llegaba con retraso. Comenzó a subir los escalones que daban a la puerta de la iglesia mientras apagaba el teléfono y le quitaba la batería. Toda precaución era poca.

Empujó la puerta de madera antigua, grasienta por miles de manos, y saltó el travesaño inferior sin demasiada gracia. El interior del templo era fresco, sintió la humedad del ambiente subirle por las pantorrillas. La sacudió un escalofrío y deseó que hubiese parecido cosa del fervor religioso.

Al pasar al lado de la pila bautismal deceleró el paso. Miró el agua con aprensión. Después, volvió sus ojos alrededor. Decidió que no la observaban y continuó andando sin mojar sus dedos y santiguarse como era preceptivo.

Buscó un hueco en las bancadas de las primeras filas. Aquellas tenían un acolchado del que carecían los puestos de atrás. Llevaba una falda plisada de un largo coqueto, así que prefería no tener que apoyarse sobre la dura madera.  Al lado del púlpito, con un catecismo en la mano, estaba Sergio. Le sonrió al acercarse, pero siguió con su discurso. No, no hablaba sobre religión. Hablaba sobre censura, privilegio del poder, libertad individual y reparto justo de la riqueza. De hecho, era el mismo discurso de siempre. A ella le parecía que había que hablar también de otros temas, como la igualdad entre sexos. Estaba harta de tener que llevar encima su DNI y el salvoconducto firmado por su padre y validado por un chupatintas del estado que decía que era una mujer sensata y honrada y que podía ir por la calle sin compañía masculina. En sus sueños solía destruir ese documento; lo quemaba, lo trituraba, lo hacía añicos con sus propias manos.

Se sentó en la segunda fila, procurando no mirar a la cara a los demás presentes. Sabía que el Padre Román estaba allí, de pie junto al confesionario, pero tampoco lo miró. No era vergüenza, sino más bien aprensión. Sabía que lo que hacía era un delito. Pero sentía que no hacerlo era un crimen.

La reunión estaba terminando. Aquel día se habían librado de la presencia de la policía, así que se había ahorrado el fingir que estaban rezando.  Ella no escuchaba. En ese sentido, sí que estaba usando la iglesia del mismo modo que los feligreses. Sólo que con otros Dios y otro Credo.

Un golpecito sobre sus rodillas la devolvió a la realidad. Bajó los ojos y vió que tenía en el regazo un tomo de la biblia bastante voluminoso. Desde el púlpito Sergio hablaba de tender la mano al hermano musulmán, de acoger la fuerza de la sharia. El califato no puede ser peor que lo que tenemos, argumentaba.  Algunos de sus camaradas asintieron. Ella negó lo con la cabeza. No se daban cuenta no sólo que no era una mejora, si no que sin una imagen de democracia jamás los aceptarían en la Unión Europea. Necesitaban una segunda fuerza internacional para no depender tanto del capricho de Estados Unidos.

Abrió la biblia. En un hueco recortado de las páginas había una pistola. Le habían asignado una misión de sangre. Cerró la tapa con un golpe seco y levantó la vista. Sergio le guiñó el ojo desde el púlpito.

Tenía miedo. Los golpes de sangre eran peligrosos. La Ley Carrero para la seguridad ciudadana, impulsada por el Segundo Generalísimo tras un atentado fallido, era extremadamente dura. Cualquiera podía desaparecer en cualquier momento: terrorista, socialista, comunista, espíritu libre. No importaba. Y los atentados en Europa por los islamistas lo habían vuelto aún más peligroso… Tenía mucho miedo.

Ella no había votado aquello. No estaba convencida de tener la superioridad moral suficiente para matar a alguien, aunque fuera un asesino. Sí, creía que tenían que cambiar las cosas. España llevaba ochenta años sin cambiar lo más mínimo. Pero veía el camino de la fuerza y se sentía sucia.

Dejó la biblia a un lado, se levantó sin cruzar la mirada con nadie y salió de la iglesia. Sus pisadas resonaban con una acusación manifiesta.  Al pasar por su lado, el Padre Román le rozó el brazo. Ella le miró y asintió levemente.  Tenía un turno de confesión.

En lo alto de las escaleras de piedra sacó su móvil, le puso la batería y lo encendió. La primera notificación que le llegó era de la Red Oficial de Noticias del Estado. Era una fotografía del Cuarto Generalísimo con Lady Gaga. A ella se la veía abiertamente incómoda. Aquella imagen le hizo sonreír.

Ladrona de medianoche. Sentimientos encontrados

Ladrona de medianoche fue una lectura conjunta que sacó La nave invisible y que tenía dos características principales: la autora tenía que ser una mujer negra, y tenía que ser una obra de ciencia ficción. La obra de Nalo Hopkinson cumplia esos requisitos y además el que podía conseguirlo por suscripción (casi gratis), así que me lancé.
Decir que durante toda la lectura mi cabeza estuvo reproduciendo en bucle Everybody ‘s talkin’ de Harry Nilsson. Que alguien le diga a mi cerebro que esto no tenía nada que ver con Cowboy de medianoche.
ladronaHa llegado el Carnaval y el planeta de Toussaint lo celebra con música, bailes y gran pompa. Personas disfrazadas de “Ladrones de Medianoche” asaltan a los juerguistas, esgrimiendo sus armas y sus fascinantes palabras. Todo bajo la atenta mirada de Granny Anansi, la red nanotecnológica que controla el mundo como una Diosa maternal.
Para la pequeña Tan-Tan, la hija del alcalde Antonio y la hermosa Ione, la Reina Ladrona no es más que su disfraz preferido, el que llevará al festival… Hasta que su padre, poderoso y corrupto, comete un crimen imperdonable por el que es enviado al brutal mundo de Nuevo Árbol a Medio Camino, un mundo penitenciario donde las monstruosas criaturas del folclore son reales. La pequeña Tan-Tan es arrastrada con él, en contra de la voluntad de Granny, y tendrá que aprender a sobrevivir no sólo al entorno, si no a lo peor de la naturaleza humana. Para ello se convertirá en leyenda; será la Reina Ladrona.

El título dice “sentimientos encontrados” porque es exactamente lo que tengo con este libro. No sé qué opinar. Me dejó con una sensación muy extraña que espero no se repita muy a menudo.

Por un lado me encanta.
El mundo de Toussaint es muy interesante tanto en el nivel cultual basado en los folklores de las colonias americanas con gran población proveniente de áfrica, ese sabor tan especial… como en el nivel tecnológico de Granny Anansi, la conción de programación y los nanorobots, así como los siervos mecánicos y sus relaciones con los humanos.
Nuevo Árbol a Medio Camino es fascinantte a nivel de xenobiología, además de explorar cultura alienigena y adaptación social humana a un medio altamente hostil. Todo ello es interesante.
Pero sobre todo me fascina el modo en que la autora ha trabajado las formas propias de la narrativa tradicional de su tierra (Jamaica) y las ha volcado en la obra. Ha explorado temas, formas, sonoridad e incluso las bases de cómo se genera ese tipo de narrativa. Eso vale oro.

Y sin embargo…

Sin embargo la historia es horrible. Se veía venir antes de que Tam-Tam llegase a Nuevo Árbol a Medio Camino. La insanísima relación de Antonio con Ione. La falta de compromiso y respeto entre ambos, la posesividad… La pésima relación de Ione con sus responsabilidades, incluyendo en ellas a su propia hija. Cómo Antonio toma a su hija como una sustituta de su mujer desde su nacimiento… Pero todo empeora en el nuevo mundo.
Se veía venir la situación de abusos sexuales continuados. Pero eso no lo hace menos asqueroso. Cómo todo el mundo sabe lo que pasa y nadie hace nada… Pero sobre todo cómo es posible que se use ese recurso y no sirva para nada. Tam-Tam podría ser la misma Tam-Tam que se hace Ladrona de Medianoche sin necesidad de haber sufrido lo que sufre durante años. Podría haber tenido el mismo odio de la nueva pareja de su padre sin pasar por la cama de este en contra de su voluntad, si era lo que se quería (aunque un poco de solidaridad entre mujeres hubiera sido, no se, una bonita novedad)…  Antonio era un monstruo sin necesidad de demostrarlo de ese modo con su hija. El mundo ya era suficientemente duro…
Creo que era innecesario, y creo que no esta suficientemente justificado, ni suficientemente bien medido en sus consecuencias.

Recomendado para: Enamorados del caribe y sus culturas mestizas y sincréticas. Estudiosos de la narrativa.
Abstenerse: Si vuestro estomago, como el mío, va estar medio libro tentado de vomitar todo su contenido por el tema sexual.

Título: Ladrona de medianoche
Autor: Nalo Hopkinson
Año de publicación: 2000
Última edición en españa: 2001
Editorial: Factoría de Ideas

El mar no siempre es azul. Algunos estándares

Sabéis que siempre os cuento cómo llegó a mis manos un libro concreto, por qué decidí leerlo. El mar no siempre es azul llegó a mi gracias a su autora, que es un amor de persona y que (me temo) se valora menos de lo que debería.  En principio no era un libro que entrase ne mi linea actual, porque es un joven adulto que pintaba estándar. Pero recordé que estos libro también me gustan, me oxigenan y me lo hacen pasar bien, así que dije que sí. He tardado mucho en hacer esta reseña, y espero que Silvia encuentre corazón para perdonármelo.

1315

Stella debe aceptar su destino cuando el día de su dieciséis cumpleaños descubre un secreto que hará tambalearse los cimientos de su apacible vida en un pueblo costero del Mediterráneo.
Crecer lleva consigo muchas responsabilidades, algo de lo que Stella se dará cuenta con la ayuda de sus amigos. Se enfrentará a una espléndida aventura y combatirá el mal ante su enemigo, quien solo pretende conseguir el poder y esclavizar a todas las criaturas marinas.
Además, una historia de amor se cuela entre las páginas de este libro, lo que supone un gran motivo para que Stella siga luchando en la misión de buscar respuestas en un mundo azul -que no siempre es azul-, desconocido y… peligroso.

Sí, habéis adivinado. Es una historia de sirenas. ¡Qué sorpresa!
Bromas aparte, lo que tenemos entre manos es una novela introductoria (primera parte de saga, aunque desconozco cuántos volúmenes tendrá) que cumple con el esquema básico de novela de fantasía juvenil moderna al uso.

Stella tiene 16 años. Es acosada por una queen bee, tiene fuertes lazos de amistad con al menos una chica y al menos un interés amoroso bastante claro desde el principio de la novela. Se le da muy bien un deporte, es este caso la natación. En su cumpleaños descubre que su naturaleza no es la que creía: ella es un ser mitológico o mágico. A partir de ese momento debe adaptarse a su nuevo mundo en el que le esperan revelaciones sobre sus padres, su destino y otro interés amoroso. Eso es lo que se espera de este tipo de libros y eso es lo que tenemos en tes. Ni más ni menos. Pero la diferencia se encuentra en la forma de contarlo. Este esquema puede dar pie a una serie de aventuras planas y sin complicaciones, donde el protagonista es una bala que atraviesa la trama sin despeinarse. Y también puede dar pie a unas aventuras más originales, con más facetas y con un protagonista que tiene dudas sobre su destino, sus opciones y quién es un aliado.

En este caso, tenemos una novela de fantasía juvenil que, mientras cumple todos los puntos esperables, se esfuerza por hacerlo de un modo más complejo y sin dudar de la inteligencia de sus lectores. El resultado es una lectura que resulta ligera, entretenida, pero con un cierto poso. ¿Peca de introductoria? Sí. Se nota que es una primera parte y que queda mucho por delante. Pero también te deja una buena dosis de aventuras, de tal manera que no te llevas la sensación de que el libro acabe antes de empezar a contar.

Recomendado para: Lectores jóvenes que disfruten con una buena aventura y fanáticos de las doncellas del mar en todas sus versiones.
Abstenerse: Gente obsesionada con tener lecturas adultas y gente que no acepte que sirena en el mediterráneo puede no ser la de la mitología griega.

Autor: Silvia Martinez-Markus
Título: El mar no siempre es azul (El mar no siempre es azul #1)
Año de publicación: 2015
Editorial: Astor Nova

Haunted

haunted

Elena contuvo la respiración, apoyó la mano sobre la estantería, exhaló para calmar sus nervios y empujó. La falsa pared cedió con un crujido.

Ante ella había una pequeña habitación apenas iluminada por la luna llena. Bajo el polvo acumulado en el suelo se intuía un dibujo que no supo identificar. En el centro de la figura había un altar con un tapete, y sobre él, una antigua arqueta de piedra. El aire olía a moho y humedad, a edificio cerrado pero también a iglesia, a incienso antiguo y humo de velas. Se estremeció pensando en las víctimas rituales que podrían haber visto aquellas paredes. Se abrazó a si misma para contener los temblores, y volvió a exhalar controladamente intentando alejar las imágenes de su mente.

El reto implicaba que tenía que llevarse algo. La arqueta le servía. Se dirigió a ella con paso decidido. Sus dedos rozaron a tapa cuando un fogonazo de luz la cegó

Había salido de fiesta aunque no le apetecía. Era sábado, y salir era un ritual social del que no se podía desprender. Ligar dos de cada tres veces venía a ser la confesión en la iglesia del “pasarlo bien”. Sólo que Elena no lo pasaba bien. Seguía una rutina con la que no se identificaba porque se lo pedía su mundo, sus amigas. Se lo pedía aquello que ella intentaba demostrar que era.

Laura se había ido. Se dio cuenta a los quince minutos de dar vueltas al hielo de su bebida sin que la visitara con su risa enloquecida, saltando al ritmo de los bajos que se calaban bajo el esternón de todos los que estaban en la discoteca. En dos horas les llamaría y les contaría locuras agitando mucho las manos, mientras Sofía la ignoraba y Elena intentaba averiguar si las pupilas dilatadas de la desaparecida indicaban que había tomado algo indebido.

La falda era demasiado corta y le impedía moverse con agilidad. Pero no importaba, porque los zapatos que torturaban sus pies a cambio de hacerle un culo estupendo no le permitirían hacer nada más que dar cuatro pasitos ridículos a un lado y a otro.  Hacía demasiado frio para el top revelador. Pero era un uniforme de caza que se completaba con un maquillaje cargado y la larga melena suelta. Sí, se arreglaba como una modelo para la portada de una revista de moda. Y aunque repetía que era para sí misma, en realidad sabía que formaba parte de la penitencia de su vida.

Suspiró, miró cómo los hielos rebotaban en el vaso de tubo un instante y, sin pensarlo dos veces, bebió todo el contenido. Se fue a la barra y con una sonrisa y un gesto le pidió a la camarera que le rellenara el vaso.

Sofía estaría con Raúl. Ella era su mejor amiga, y Elena sabía que iría donde ella le pidiera, pero la echaba de menos. Unos meses antes no se habría sentido tan sola. Aunque era posible que aquello saliera del alcohol, que solía hacerla depresiva y susceptible.

Cogió el vaso lleno y se apoyó en la barra. Comenzó a remover su combinado con la pajita, imaginando el ruido que hacían los nuevos hielos contra el cristal, aunque no pudiera oírlos.

Localizó a Sofía a un lado de la pista. Reía con la cabeza inclinada hacia atrás con algo que le había dicho su novio. Al lado de Raúl había otro chico que no reconoció. Vestía completamente a la moda, dando una impresión de irrealidad; no parecía una persona de verdad. Sofía alzó la mano para llamar su atención, así que Elena se acercó a ellos sintiendo la mirada de varios hombres sobre ella, incluyendo al desconocido hacia el que se estaba acercando. Le presentaron al muchacho a gritos, pero no entendió su nombre. Sonrió estúpidamente y se sintió vacía al hacerlo.

Los cuatro se dirigieron a otra zona de la discoteca en la que la música era menos potente. La zona adaptada para que la gente hablara. El chico nuevo hablaba. De hecho, parecía que le encantaba su voz. Sofía y Raúl estaban muy dedicados el uno al otro, así que le hablaba a Elena.

Vació su quinto vaso en el momento en el que aquel petimetre le decía : —Lo que te pasa a ti es que estás atrapada dentro de tus límites.

Elena le lanzó una mirada asesina.

—No me conoces de nada.

—Pero estas cosas se notan, guapa —sonrió él acercándose a ella y acariciándole el mentón con suavidad. Elena apartó su mano con un golpe. —Vale, vale. No hace falta que te enfades —siguió con una risita. —Si eres tan brava, sólo tienes que demostrarlo. Mira, hay una casa encantada que….

Pestañeó repetidamente. Le lloraban los ojos y tardó unos momentos en recuperar la visión. Tenía la sensación de que había pasado allí demasiado tiempo. De que las paredes estaban esperando algo para caer sobre ella. Creía oír una salmodia lúgubre por los pasillos. Sentía el estómago revuelto.

Sabía que tenía que llevarse algo para demostrar que había estado allí dentro, pero la idea de hacerlo le daba escalofríos. Se dio la vuelta procurando no tocar nada y comenzó a caminar hacia la puerta.

Sus pasos se fueron acelerando y cuando llegó a la escalera ya estaba corriendo. No paró hasta llegar a la arboleda donde tendrían que esperarla sus amigos. Apoyó las manos en las rodillas para ayudarse a recuperar el aliento.

No había rastro de sus amigos. Tras unos minutos, decidió que se habían ido. Sintió el calor adueñarse de su cara y apretó sus puños.

—Capullos —escupió al viento, y se fue a casa con una sensación tan profunda de cansancio y cabreo que no se dio cuenta de que alguien la estaba siguiendo.

Estás sola. Morir para despertar

Este es un thriller que se vende bajo el reclamo de demasiadas cosas (los juegos del hambre, the walking dead, westworld) y aún no estoy segura de por qué. Sin embargo, tenía una sinopsis interesante y cuando me llegó la oportunidad de reseñarlo gracias a la editorial me dije “¿por qué no?”

9788401017209[1]El reality de supervivencia definitivo ha comenzado. Doce participantes muy dispares tendrán que competir entre si en desafíos cada vez más complejos y macabros. Todo planeado al milímetro para el disfrute de los telespectadores… Hasta que la organización se viene abajo por una circunstancia absolutamente imprevisible.
Zoo es el nombre que le han puesto en el equipo a una joven concursante llena de vida. Es la favorita de muchos. Ella sigue concursando, buscando la próxima señal de su desafío y sobreviviendo sola en este entorno hostil.  Pero al mismo tiempo que sus reservas emocionales y físicas empiezan a flaquear, su habilidad para analizar lo que está viviendo será su triunfo o su derrota.

Estás sola es una libro que se desarrolla a dos tiempos y con dos narradores, alternando el pasado en tercera persona que nos habla del reality y su desarrollo y a través del cual conocemos mejor las facetas humanas en entornos normales de la protagonista y el presente en primera persona que nos deja inmersos en la percepción y la angustia de Zoo en su soledad. Esta alternancia es, posiblemente, uno de los grandes aciertos de la novela porque no permite que nos aburramos con el pasado ni que nos saturemos de presente.

Curiosamente, la sinopsis se empeña en mantener en secreto qué ocurre con el reality, cuál es la razón por la cual Zoo está sola (realmente sola) mientras que el texto nos lo dice en la primera frase.  ¿Saberlo baja la tensión la lectura? No. Al contrario. Al saberlo, lo que hacemos es una descripción amplia sobre la disociación mental del concursante. Esta disociación ocurre en todos los programas de este tipo, pero en Zoo la tenemos en su máxima expresión. Es necesario que las cosas se pongan demasiado extremas (incluso para un reality de mal gusto) para que el personaje empiece a asociar su experiencia con la realidad. Y es que ese, más que la supervivencia en si, es el interés del libro.

Y, a pesar de que la supervivencia es sólo el telón de fondo, tenemos un texto que ha sido muy bien cuidado en ese sentido y que muestra cómo los humanos somos capaces de muchas cosas por seguir vivos más allá de la calidad de la vida que tengamos. Una extensa labor de investigación (o de visionado de canales especializados en programas de ese tipo, al menos).

Lamento profundamente el hecho de que, en algunos momentos, la autora introduzca sus propios juicios personales acerca de su país y sus sesgos sobre diversidad, religión, espiritualidad y política. No resulta interesante. Al contrario, saca de la historia al lector y el discurso se vuelve extraordinariamente parecido al monólogo del cuñado pesado la cena de navidad. Y esto es así independientemente de lo de acuerdo o en desacuerdo estés con lo que se dice.

Mención aparte merecen los foros del programa que podemos encontrar al final de algunos capítulos y que es real como internet mismo. Es decir, básico, estúpido y rayano en lo desagradable.

El resultado es una lectura entretenida y fácil de llevar que termina desinflándose en los últimos capítulos en pos de un final feliz que parece poco orgánico y desarrollado mayormente para contentar a un público más amplio que prefiera ese positivismo aunque sepa falso.

Recomendado para: curiosos, pseudo psicólogos y gente que no anticipe el final.
Abstenerse: estómagos sensibles y gente que odie que el autor te imponga su percepción moral de las cosas.

Título: Estás sola
Autor: Alexandra Oliva
Fecha de publicación: 2016
Edición en España: 2017
Editorial: Plaza y Janés

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