Danza de Letras

Al son de las palabras

Mes: octubre 2017 (página 1 de 2)

CloroFilia. Pocas nueces

Siguiendo con el monólogo de Cerbero…
Qué queréis que os diga, lo mio con esta editorial es puro coleccionismo.  Compré de golpe Clorofilia con 36 y Domorí, en plan “qué guay, leo autoras”.  No fue por nada, y no esperaba nada más que una historia

¿Quién es Kirmen? ¿Por qué el joven no se parece a sus padres, ni a su amigos, ni a ninguno de los habitantes del Claustro? En el exterior de las cúpulas que protegen a los últimos habitantes de la Tierra, una tormenta eterna y monstruosa se ceba con el planeta. Kirmen sigue cambiando y, mientras tanto, no deja de soñar con salir. Al exterior. A la tormenta. ¿Qué es Kirmen?

No esperaba nada más que una historia…. pero a duras penas puede decir que la encontré. El desarrollo de Clorofilia es  extraño. Y su final es simplemente absurdo. Hermoso. Oh, si. Creo que se trata exactamente de eso, de generar imágenes retorcidamente bonitas y de alto impacto, pero sin mensaje.

Y es que el libro pasa constantemente por al lado de temas diversos: sobrevuela el bullying, el intrusismo emocional y físico del estamento médico, el descubrimiento sexual, la otroridad… e incluso su tema principal, que es la búsqueda de la propia identidad (un clasicazo entre los temas, especialmente en libros protagonizados por personajes jóvenes) queda absolutamente desdibujado. Porque Kirmen puede preguntarse quién o qué es… pero lo sabe muy bien: es un experimento, basado en un humano elegido porque era el único disponible. Y ya está. ¿Es rechazado? Si. Y sabe bien por qué. Extremadamente bien, dado que valora todas las pequeñas partes de ese rechazo por separado con una visión preclara. Todo esto aderezado con amplias lagunas de información y cebandose en pequeños detalles sin mayor relevancia que, posiblemente, busca en exclusiva por la “transgresión” y el morbo y, en algunos casos, lo hace rozando lo pueril.

Suena triste, pero a esta novela se la come su prólogo. Especialmente su primera frase.  ¿Sabéis que una de las recomendaciones de todos los talleres de escritura es que se empiece por algo que enganche al lector? Pues aquí tenéis un ejemplo perfecto de lo que pasa cuando la táctica falla. El prólogo hace esperar más. Mucho más.  Y luego se corta, pasa a otro tiempo sin solución de continuidad. Tienes que creerte que el único personaje que comparten desarrollo y prólogo sigue siendo el mismo, aunque no se parece en nada.  Si ha cambiado tanto, ¿por qué no pararse en desenterrar los motivos? Sin esto, queda un poco incoherente. Partes separadas de historias sin relación.

Como experiencia de lectura… se deja leer. Como ya digo, su prologo es demasiado intenso para lo que viene después y el final intenta ser muy impactante. Con la característica de ser un libro corto, no da esa tentación de mirar continuamente la página por la que vas para calcular lo que queda, pero tampoco esa una experiencia inmersiva.

Recomendado para: Gente que busque imágenes de impacto  sobre todo lo demás, amantes de una prosa preciosista pero no recargada.
Abstenerse: gente que busque historias y mensajes, lineas de pensamiento y ese tipo de cosas que a veces trae consigo el arte.

Título: CloroFilia
Autor: Cristina Jurado
Año de Edición: 2017
Editorial: Cerbero

Los príncipes de madera. Piedra y metal.

Los príncipes de madera es el tercer libro de la colección Wyser de Cerbero, ya sabéis, de los que salieron a principios de año. Lo compré porque… había una referencia clara a la música clásica en él. Menuda razón tonta, ¿no?

El príncipe de madera, de Bartók, contiene en sus compases una bomba de relojería. Al menos así lo siente el grupo de David, los cerebritos de Collins, un grupo de ocho jóvenes que se preparan para convertirse en ingenieros y ser enviados a la luna de Agarttha, donde dirigirán la extracción de una valiosa materia prima llamada Jebo. En aquel apartado lugar, sus pensamientos volverán una y otra vez sobre quiénes son y cuál es su verdadero cometido en la vida, como si recorrieran a cada paso el extraño solo de xilófono de la mítica pieza. Los problemas que se cruzarán en su camino acabarán por enfrentarlos con su verdadera naturaleza, con su yo más íntimo, en un vertiginoso in crescendo de acontecimientos.

Reconozco que entre la música llamada clásica, yo prefiero quedarme estancada en el siglo XIX porque entiendo el siglo XX como un momento de innovación y búsqueda en la que el preciosismo queda supeditado a una expresividad abstracta y llena de contrastes. La obra de Bartók me encanta en tanto a narrativa pero me desagrada musicalmente. Y esta novela se ha construido con un cierto paralelismo al ballet.

De hecho tenemos una obra en tres partes: la escuela, la mina y la coda. La escuela simplemente plantea el germen de lo posterior. Cómo es el grupo, cómo son las personas a su alrededor y cómo se enfrentan a ellos. Los Cerebritos comienzan a cambiar ya en la escuela, comienzan a ser un poco más humanos a través de la música de Bartók, que está fuera de los esquemas tradicionales. A partir de aquí cada miembro del grupo desarrollará sus propios pensamientos y teorías mientras hacen lo que el mundo desea que hagan.
El problema está en que algunos descubren cosas para las que no están preparados. La vida, el amor, realidades que están fuera de sus cálculos porque no han sido descubiertas antes… Las sorpresas que depara el destino en Agarttha.

Debo decir que encontré la parte de la mina algo caótica y poco consolidada, tras pasar por la parte de la escuela que tenía su encanto (aunque me pasé el rato rezando porque nadie se subiera a una mesa para gritar ¡oh, capitan, mi capitan!) para después cerrar en la coda con plot twists que estaban demasiado preparados y por tanto, eran poco sorprendentes.  De hecho, no estoy siquiera segura que la coda aporte nada además de una explicación extensa sobre todo lo anterior, la necesidad de confirmar lo que ya sabíamos. La sensación es de una obra fragmentada, dibujada con un trazo distinto en cada parte. Interesante en algunos puntos, indudablemente. Pero no desarrollada en todo su potencial.

¿Una mala lectura? No, en absoluto. Pero posiblemente una historia que funcionaría mejor en otro medio más audiovisual del mismo modo que el ballet de Bartók funciona mejor en una representación que en un concierto.

Recomendado para: newbies en las temáticas de la ciencia-ficción clásica para los que esto sea un descubrimiento, rebeldes en busca de causa 
Abstenerse: vieja guardia, músicos que se mueven en el clasicismo y el barroco, minimalistas.

Título: Los príncipes de madera
Autor: Daniel Pérez Navarro
Año de edición: 2017
Editorial: Cerbero

Yabarí. En el tiempo fijado.

Seré sincera, cogí Yabarí con ilusión pero con miedo. Con ilusión porque tenía ganas de leer ficción de Lola Robles. Miedo porque había oido comentarios de este libro que le decían todo menos bonito. Y ni tanto ni tan calvo.
Yabarí es una novela corta de ciencia ficción que hace el número dos de la colección Wyser en Cerbero.

¿Qué son esas enormes zonas blancas que parecen extenderse por toda la selva del planeta Yabarí? ¿Son ciertos los rumores que apuntan al maltrato a los nativos y la violación sistemática de los Derechos Humanos Universales? Muriel Johansdóttir llega a Yabarí dispuesta a desvelar la verdad sobre lo que está ocurriendo con las empresas explotadoras que están deforestando la inmensa jungla. El camino que ha de emprender la periodista la enfrentará a nuevos interrogantes mientras se esfuerza por sobrevivir a una escalada de peligrosos descubrimientos.

Como supondréis, Yabarí es una novela centrada en el impacto ecológico sobre los ambientes desconocidos. También habla de seres humanos y sus relaciones, por supuesto. Pero su mensaje es claro: no toquemos lo que no hemos de tocar. No toquemos el entorno, no destruyamos culturas, no sometamos a los pueblos naturales a nuestro capricho. No seamos colonialistas, vamos. Y eso es muy difícil para el europeo medio. Y al parecer, para el ciudadano de la galaxia medio también.

Muriel llega a Yabarí y lo primero que hace antes de pisar tierra es preguntar por unas manchas blancas en el paisaje. No tienen nada que ver sobre lo que quería investigar, pero están ahí y pronto se verá que son importantes.  En un mundo que está siendo explotado por sus recursos naturales, con pocos obreros que quieren ganar lo máximo en el menor tiempo posible (y el servicio mínimo exigible por estos: restauradores, trabajadoras del sexo…) y la figura predominante del responsable de una megacorporación a medio camino entre el político y el mafioso, investigar no es cosa fácil. Menos si la investigación puede llevar pruebas a la tierra de malas práxis. Muriel será perseguida por demasiadas cosas, por intereses, por asesinos a sueldo, por la naturaleza voraz e incluso por sus propios recuerdos.

Si hay algo que me gustó de Yabarí es que es lo que me esperaba… un moderno intento de buen pulp. Y me lo esperaba porque cuando lo compré la editorial se vendía a sí misma con este gancho: “queremos recuperar el espíritu de los bolsilibros” Yabarí tiene algo de ese espíritu. Ese algo en la aventura que se lleva por delante algunas reflexiones o detalles de la narrativa. Esos héroes que no lo son del todo, que están atrapados y envueltos en cosas grandes… Por eso lo disfruté.

Estuve tentada de sentirme defraudada, como muchos, por el punto en que la historia acaba. Sin embargo, si lo piensas detenidamente, el cierre es perfecto. Empieza con Muriel llegando a Yabarí, termina con Muriel dejando Yabarí. Todo lo demás que pueda pasar necesita años para ocurrir, y la novela te lo comenta varias veces. Sí, da un poco la sensación de que te han negado el clímax. Pero es una negación lógica.

Toda la novela es muy lógica, todo tiene sentido en ella, todo está conectado… Y sí, hay detalles que me gustan mucho (incluyendo la corporalidad, el orin, la menstuación) y detalles que no me gustan nada (las escenas en el recuerdo sobre el padre de Muriel. Alerta de sensibilidad por agresión sexual), pero en ningún caso me parecen gratuitos, si no que responden a la necesidad de mostrar una u otra faceta del carácter de la protagonista.

Recomendado para: nostalgicos del pulp y concienciados con las causas mayores y poco apoyadas de esta sociedad nuestra: ecología, feminismo, anticapitalismo…
Abstenerse: Gente que quiere narraciones sencillas sin tener que pensar y todos los puntos explicados hasta llegar a un final sin espacio para más conflicto.

Titulo: Yabarí
Autor: Lola Robles
Año de publicación: 2017
Editorial: Cerbero

Sobre el Hopepunk

La polémica de esta semana es el hopepunk. ¿No lo has oido? El “género literario” de moda, la etiqueta nueva y especial de la esperanza… Voy a reconocer una cosa: Estoy en contra del hopepunk como género literario. Y tengo mis dudas como concepto. Os explicaré por qué yendo a la fuente (o en este caso a la traducción de la fuente que hizo Laura Morán en este post, porque mi inglés es muy mierdoso y me fío de ella).

El texto comienza así:

La esencia del grimdark es que todo el mundo es, inherentemente, bastante mala persona, y hace cosas malas; y es horrible y descorazonador y cínico. Es mirar a la naturaleza humana y pensar: “el vaso está medio vacío”.

 

“Best Served Cold” by Raymond Swanland

Empiezo a estar en desacuerdo ya desde aquí. El grimdark es un subgénero reaccionario. ¿Se basa en que la gente es mala?

No, se basa en que la gente es humana. Y sobre todo, que los héroes son realmente raros.
Grimdark nace de una fantasía épica muy polarizada, donde hay claros buenos y malos. La batalla es bien contra mal. Sin medias tintas. En todo caso la lucha interna del bien contra su propia corrupción. Donde la fortuna sonríe al héroe, que puede no ser perfecto… pero casi.
El grimdark nos dice que la gente es sólo gente. Que no hay héroes perfectos y que cada cual hace lo que decide en cada momento. ¿la gente es cobarde y egoista? Si, por regla general. Pero incluso esa gente cobarde y egoista encuentra el motor para luchar por lo que cree.

Aparte queda el tema de que haya personas que crean que entornos más “amables” que el Grimdark son infantiloides e inferiores. Bien, yo aconsejo a esas personas que lean más. Mucho más. Géneros adultos e infantiles. Y cuando tengan material suficiente me expliquen por qué consideran que “adulto” es superior a “infantil/juvenil” y por qué la dureza de una historia tiene que basarse en la casquería y no en la reflexión.
Es un reto. Me encantará recibir mails de respuesta.

Pero sigamos:

El hopepunk dice: “No, no lo acepto. Que te den: el vaso está medio lleno”. SÍ, somos una mezcla desastrosa de bueno y malo, defectos y virtudes. Todos hemos sido mezquinos y ruines y crueles, pero (y esta es la parte importante) también hemos sido dulces, e indulgentes, y BUENOS. El hopepunk dice que la bondad y la dulzura no son un sinónimo de debilidad, y que en este mundo de un cinismo y nihilismo brutal, ser bueno es un acto político. Un acto de rebelión.

Decir que la bondad es un acto de rebelión es pasarse un poquito. Nuestro stablishment es buenista. Se vende como bueno y espera que la sociedad reaccione como “buena”. Sin extremismos. Luchar, sí… siempre que no conlleve más que una gente en la calle un día a la que poder disolver con gases lacrimógenos si hace falta.

La bondad es, además, una cuestión de perspectiva. Nadie es malo por ser malo. Aquellos sin capacidad moral (como los psicópatas) tienen su propio orden. Y aquellos que hacen cosas malas por un motivo se ven a sí mismos legitimados para ello y, por lo tanto, son buenos según su propio prisma.

Podemos poner el caso de un terrorista. Mata a un inocente o a varios para inducir el miedo y así apoyar su causa. O por represalias de algún tipo. Si no se viera legitimado por sus creencias y su entorno, no lo haría.
Un soladado de la alemania nazi sería un caso similar. Sus creencias, su país, sus ordenes le impelen a hacer cosas malas (porque el holocausto fue malo). Y mientras está en ello considera que está haciendo lo mejor para el mundo y para su país.
¿Acaso un supremacista blanco no cree que lo que hace y dice es bueno y que lucha para que el mundo sea mejor? Si, lo hace. Aunque a nosotros nos parezca absolutamente aberrante.

Ser bueno no es un acto político. Ser bueno es algo condicionado por la política.
Y además, puede ser un acto egoista, y nihilista. Porque sí, hay un nihilismo positivo que mira hacia las infinitas posibilidades a través de la negación del dogma. Nihilismo no significa destrucción, depresión y pesimismo.

El hopepunk dice que preocuparte por algo, cualquier cosa, de manera genuina y sincera requiere valor y fuerza. El hopepunk no versa sobre la sumisión o la aceptación: trata de alzarse y luchar por lo que crees. Trata de alzar la voz por otras personas. Trata de EXIGIR un mundo mejor, más amable, y de creer de corazón que podemos conseguirlo si nos cuidamos los unos a los otros tanto como nos sea humanamente posible, con cada gota de poder que reside en nuestros pequeños corazones.
Ir a manifestaciones políticas es hopepunk. Llamar la atención a tus políticos es hopepunk. Pero llorar también es hopepunk, porque llorar es un signo de que aún tienes sentimientos, y los sentimientos nos permiten saber que estamos vivos. El 1% no quiere que tengas sentimientos, solo quieren que te resignes. Resignarse no es hopepunk.

Y…. me parece perfecto. No te resignes, lucha por lo que crees… Muy bien. Un discurso genial. El mismo que tenemos desde… siempre.
¿Por qué esto es nuevo, revolucionario y especial? Y, sobre todo…. es un discurso para la vida. ¿Qué tiene que ver con la literatura?

Nirvana. Grunge 200% Ya no somos Cobain

Las personas no nos resignamos sin más desde la generación X y el grunge. Esa fue nuestra última etapa realmente pesimista, donde creiamos que no había nada que hacer. Pero la gente que está ahora con el hopepunk no son Generación X, los cuales por cierto, son ahora mismo mucho más optimistas de lo que fueron entonces. Ahora los que guerrean so(mos)n millenials y xennials. No, nos somos esa generación resignada y pesimista aplastada por el consumismo y la competitividad feroz e individual de los 80.

No future, decía el grunge, tomado como un extremo apático del egoismo. No future, dijeron antes que ellos los punks. Y lo tomaron como un reto. Y los millenials dijeron que si no hay un futuro, pues habrá que irlo viendo.
No, no somos la generación X. Somos mucho más fluidos, más adaptables y más conscientes de la posibilidad de un cambio. Tal vez porque vivimos en el cambio y porque hemos vivido (estamos viviendo) ya una crisis económica. No vamos a volver al grunge, porque nuestro entorno nos obliga a luchar.

¡Ejemplos! Podría decirse que “El cuento de la criada” es hopepunk. Es oscuro y da miedo, y a primera vista parece grimdark porque es una distopía… pero joder si lucha. Esa es la clave, justo ahí. Ella lucha todos los días, porque no permitirá que le roben el significado a su vida. Sobrevive por cabezonaría con la esperanza de que un día pueda vivirde nuevo. “No permitas que los hijos de puta te reduzcan a polvo” es uno de los pilares centrales del hopepunk, junto a “El arco del universo moral es grande, pero tiende hacia la justicia”.

Jesús y Gandhi y Martin Luther King y Robin Hobb y John Lennon son hopepunk.

Personalmente no creo que la literatura pueda ser algo sólo porque hay una lucha y tal vez una esperanza.
Mas que nada porque la literatura se basa en eso: en el conflicto y su resolución.

No creo que el cuento de la criada sea mucho más esperanzador que, por ejemplo, 1984. Ambos son textos escritos a modo de advertencia. Mirad este camino que llevamos. Abramos los ojos antes de que sea tarde y estemos así de jodidos. Demos la vuelta ahora, no esperemos a que nuestras posibilidades sean mínimas. Eso dicen los dos libros. Dos libros sobre resistencia ante un mundo muy perverso, cada uno a su manera.
¡Pero 1984 acaba fatal! Direis. Si, lo hace. Porque es una advertencia, y si pudiera salir bien el mensaje perdería fuerza.

En general, la literatura es positivista. Los héroes ganan. Hay equilibrio. La luz sobre la oscuridad. Justicia. Y si, en general, es bueno y necesario. Este positivismo ayuda a la psique, le da herramientas para seguir adelante e incluso le da un punto de escapismo. Pero seamos sinceros, el escapismo no puede serlo todo si estamos hablando de que hopepunk sirve a la justicia del mundo. ¿Necesitamos poder creer en el heroismo propio y ajeno? Si, lo necesitamos. Y la literatura puede ayudar a eso. Pero el grimdark no te quita la opción… porque en grimdark no hay héroes, pero cualquiera puede tener un pequeño momento heroico aunque sea por accidente. Por lo demás, el artículo no nos ha dado ni media pista sobre qué define al hopepunk como género literario. Quizás porque no hay una base para ello, simplemente es un reclamo para hablar de filosofía. Quizás.

Y termina:

Recuerda: el hopepunk no trata sobre la perfección moral. No trata de ser tan puro y tan inocente como la nieve recién caída. Te ensucias cuando peleas. Cometes errores. A veces eres un poco capullo. Quizás incluso eres un capullo al 50%. Pero el vaso está medio lleno, no medio vacío. Te levantas y sigues luchando, preocupándote e intentado hacer del mundo un lugar ligeramente mejor para la gente que te rodea. Cometes errores. Es un proceso. Puedes pedir y ganar el perdón. Y amas, y amas, y amas.

Y aquí tengo el problema de que yo veo el vaso lleno del todo. Mitad de agua, mitad de aire. Lleno. La vida es como es, completa, holística. Lo cual significa que uno puede ser egoista, nihilista, optimista o lo que desee, y todo ello estará bien. Al final, como seres humanos, intentaremos mejorar del modo que sepamos, e intentaremos que sea poco costoso y agradable.
Y sí, cometemos errores. Y nos comemos nuestras consecuencias y, en ocasiones, las del vecino. Y seguimos adelante porque somos fuerzas vivas y como tales no podemos ser parados. Pero… ¿esto es esperanza, optimismo, hopepunk o solamente resiliencia propia?

Entrebrumas. Sin pedir sal a los buenos vecinos

Entrebrumas tiene una de las sinopsis que más me han gustado de los últimos tiempos, junto a una portada arrebatadora. La combinación hizo que me brillaran los ojos cuando supe de su existencia. Fue una novedad que nos trajo Roca el mes de septiembre y que se ha colado en mi top de hadas en la literatura con todo el merecimiento.

Entrebrumas es una próspera ciudad mercantil situada en la confluencia de dos ríos. Años atrás, sus habitantes, amantes del trabajo y el orden, rechazaron la influencia alegre y caótica del País de las Hadas. Sin embargo, a la ciudad llegan de contrabando frutos del país vecino. Quienes comen estos frutos “prohibidos” sufren un acceso de alegría y creatividad y son expulsados de la ciudad y trasladados a una granja para su curación. Pero cuando el “mal de las hadas” afecta a un respetable colegio para señoritas y todas las jóvenes desaparecen, el alcalde, Nathaniel Chanticleer, se ve obligado a intervenir. Su investigación le llevará a descubrir una sórdida conspiración y deberá internarse en el misterioso País de las Hadas para encontrar a las jóvenes desaparecidas.

La sinopsis oficial no hace un favor al texto, que es mucho menos lineal y mucho más complejo. De hecho Entrebrumas es un auténtico manifiesto sobre tradición feérica y las a veces complicadas relaciones entre lo real y lo trascendente.

La historia empieza y termina con Nathaniel Chanticleer y lo que él denomina “la nota”, un sonido especial, cargado de un significado ominoso: aterrador y santo al mismo tiempo.  La nota marca la vida de Chanticleer quien, por lo demás, es el perfecto caballero de Entrebrumas: pragmático mercader, amante de las cosas sólidas y del orden, así como alcalde bienintencionado pero nada atento para con los estratos bajos del pueblo.  Cahnticleer es respetable en su sociedad, pero tiene una marcada tendencia a la melancolía, un temor profundo de abandonar la respetabilidad. Y lo obsceno y no respetable en Entrebrumas son las cosas de las hadas. Las hadas son disolutas, retorcidas y alegres que viven según sus propias normas. Por eso los comerciantes las echaron y las convirtieron en algo de lo que no debía hablarse. Ahora que han vuelto, Chanticleer está en el centro de sus intereses. Porque él escuchó la nota. Y eso lo hace la persona adecuada para tomar las decisiones adecuadas, gusten o no.

En el proceso, Chanticleer verá como lo pierde todo: un hijo, una hija, su posición, el respeto del pueblo… pasa a estar muerto bajo todo el peso de lo que sus antepasados urdieron para mantenerse a salvo de lo que hay más allá de las Colinas del Confín: la ficción legal. Claro que perderlo todo es el paso necesario para todo aspirante a héroe, aunque sea uno tan poco heróico y convencional como un alcalde cincuentón y regordete.

Entrebrumas es una historia deliciosa y muy bien tejida, llena de equívocos y de juegos de palabras. Entretenida y muy fiel al folclore, representa un hito importante en la historia de la fantasía que las generaciones futuras no deberían olvidar. Su único defecto es, tal vez, un ritmo lento para los estándares actuales que la acercan mucho a las formas del cuento tradicional. Para mi, esto es un valor también.

Recomendado para: amantes de los cuentos, especialmente de los que giran sobre hadas, duendes y elfos. Gente a la que le gusten la reflexión social y disfrute con el simbolismo.
Abstenerse: si buscas la típica historia young adult o de aventuras sin más. 

Titulo: Entrebrumas
Autor: Hope Mirrlees
Año de publicación original: 1926
Edición en España: 2017
Editorial: Roca

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