Los príncipes de madera es el tercer libro de la colección Wyser de Cerbero, ya sabéis, de los que salieron a principios de año. Lo compré porque… había una referencia clara a la música clásica en él. Menuda razón tonta, ¿no?

El príncipe de madera, de Bartók, contiene en sus compases una bomba de relojería. Al menos así lo siente el grupo de David, los cerebritos de Collins, un grupo de ocho jóvenes que se preparan para convertirse en ingenieros y ser enviados a la luna de Agarttha, donde dirigirán la extracción de una valiosa materia prima llamada Jebo. En aquel apartado lugar, sus pensamientos volverán una y otra vez sobre quiénes son y cuál es su verdadero cometido en la vida, como si recorrieran a cada paso el extraño solo de xilófono de la mítica pieza. Los problemas que se cruzarán en su camino acabarán por enfrentarlos con su verdadera naturaleza, con su yo más íntimo, en un vertiginoso in crescendo de acontecimientos.

Reconozco que entre la música llamada clásica, yo prefiero quedarme estancada en el siglo XIX porque entiendo el siglo XX como un momento de innovación y búsqueda en la que el preciosismo queda supeditado a una expresividad abstracta y llena de contrastes. La obra de Bartók me encanta en tanto a narrativa pero me desagrada musicalmente. Y esta novela se ha construido con un cierto paralelismo al ballet.

De hecho tenemos una obra en tres partes: la escuela, la mina y la coda. La escuela simplemente plantea el germen de lo posterior. Cómo es el grupo, cómo son las personas a su alrededor y cómo se enfrentan a ellos. Los Cerebritos comienzan a cambiar ya en la escuela, comienzan a ser un poco más humanos a través de la música de Bartók, que está fuera de los esquemas tradicionales. A partir de aquí cada miembro del grupo desarrollará sus propios pensamientos y teorías mientras hacen lo que el mundo desea que hagan.
El problema está en que algunos descubren cosas para las que no están preparados. La vida, el amor, realidades que están fuera de sus cálculos porque no han sido descubiertas antes… Las sorpresas que depara el destino en Agarttha.

Debo decir que encontré la parte de la mina algo caótica y poco consolidada, tras pasar por la parte de la escuela que tenía su encanto (aunque me pasé el rato rezando porque nadie se subiera a una mesa para gritar ¡oh, capitan, mi capitan!) para después cerrar en la coda con plot twists que estaban demasiado preparados y por tanto, eran poco sorprendentes.  De hecho, no estoy siquiera segura que la coda aporte nada además de una explicación extensa sobre todo lo anterior, la necesidad de confirmar lo que ya sabíamos. La sensación es de una obra fragmentada, dibujada con un trazo distinto en cada parte. Interesante en algunos puntos, indudablemente. Pero no desarrollada en todo su potencial.

¿Una mala lectura? No, en absoluto. Pero posiblemente una historia que funcionaría mejor en otro medio más audiovisual del mismo modo que el ballet de Bartók funciona mejor en una representación que en un concierto.

Recomendado para: newbies en las temáticas de la ciencia-ficción clásica para los que esto sea un descubrimiento, rebeldes en busca de causa 
Abstenerse: vieja guardia, músicos que se mueven en el clasicismo y el barroco, minimalistas.

Título: Los príncipes de madera
Autor: Daniel Pérez Navarro
Año de edición: 2017
Editorial: Cerbero