En esta época de balances y nuevos propósitos, a mi me ha dado por pensar no sólo en mi año si no en todo el tiempo que llevo teniendo este blog. Hace más de tres años.

Y por mis ojos han pasado más de trescientos libros.

¿Soy la misma lectora hoy que la que era antes del blog, en 2014? Lo cierto es que no.

Mis gustos han cambiado. Cada vez tiendo a un tipo de literatura más concreto en lugar de ser tan ecléctica como al principio. Estoy dejando un poco de lado algunos géneros con los que conviví desde que empecé a reseñar, cosa que entiendo pero que voy a intentar corregir. Estoy aprendiendo mucho de lo que me gusta y lo que no, y de lo que quiero de una lectura.

Siempre he sido una lectora relativamente crítica. Hay autores que dicen que tengo un hacha. Pero por lo visto el hacha está cada día más afilada. A veces hasta me pillo los dedos con ella. Soy más exigente. Soy más dura, a veces, y eso me llega a resultar descorazonador. Porque la gente como yo rara vez tiene y conserva amigos en el ambiente en el que trabaja.

Este año pasado el cambio en mis lecturas ha sido más pronunciado. He leido muchos más relatos cortos y novelas cortas, redescubriendo o descubriendo las entretelas de esas longitudes de relato. He leido cosas que son clásicos modernos, que han dado la vuelta a conceptos que hoy consideramos básicos… Me he abierto a opinar sobre las lecturas desde el uso de ciertas formas y construcciones, y me he dado cuenta de que una parte importante de las lecturas provenientes del siglo XXI adolecen precisamente no hacer suficientemente ese ejercicio. He empezado a leer como escritora mientras lucho por no dejar atrás el leer como lectora.

300 libros después soy más dura, más exigente, más critica… Y también más cobarde, porque este año he decidido no reseñar o puntuar lecturas para no ofender o doler a los autores. Decir lo que opino puede tener consecuencias, este año es el año que más claro me ha quedado esto, y he decidido hacer un aparte para aquellas consecuencias que no me merecen la pena. Porque mis lecturas son para mí, el blog es para mí, y no para atraer a mi vida maledicencia ajena y guerras que no me pertenecen.

300 libros después, a pesar de todo, sigo siendo la enamorada de la danza, la que se toma el té con las letras y procura disfrutar de lo bueno aunque siga señalando lo malo.

Dentro de 300 libros, espero seguir siendo la misma enamorada, la misma bailarina, y seguir teniendo listo el juego de té. Quiero seguir aprendiendo, y aplicar lo aprendido a mi misma, al blog, al resto de mis letras.