Danza de Letras

Al son de las palabras

Categoría: Articulos

Sobre el Hopepunk

La polémica de esta semana es el hopepunk. ¿No lo has oido? El “género literario” de moda, la etiqueta nueva y especial de la esperanza… Voy a reconocer una cosa: Estoy en contra del hopepunk como género literario. Y tengo mis dudas como concepto. Os explicaré por qué yendo a la fuente (o en este caso a la traducción de la fuente que hizo Laura Morán en este post, porque mi inglés es muy mierdoso y me fío de ella).

El texto comienza así:

La esencia del grimdark es que todo el mundo es, inherentemente, bastante mala persona, y hace cosas malas; y es horrible y descorazonador y cínico. Es mirar a la naturaleza humana y pensar: “el vaso está medio vacío”.

 

“Best Served Cold” by Raymond Swanland

Empiezo a estar en desacuerdo ya desde aquí. El grimdark es un subgénero reaccionario. ¿Se basa en que la gente es mala?

No, se basa en que la gente es humana. Y sobre todo, que los héroes son realmente raros.
Grimdark nace de una fantasía épica muy polarizada, donde hay claros buenos y malos. La batalla es bien contra mal. Sin medias tintas. En todo caso la lucha interna del bien contra su propia corrupción. Donde la fortuna sonríe al héroe, que puede no ser perfecto… pero casi.
El grimdark nos dice que la gente es sólo gente. Que no hay héroes perfectos y que cada cual hace lo que decide en cada momento. ¿la gente es cobarde y egoista? Si, por regla general. Pero incluso esa gente cobarde y egoista encuentra el motor para luchar por lo que cree.

Aparte queda el tema de que haya personas que crean que entornos más “amables” que el Grimdark son infantiloides e inferiores. Bien, yo aconsejo a esas personas que lean más. Mucho más. Géneros adultos e infantiles. Y cuando tengan material suficiente me expliquen por qué consideran que “adulto” es superior a “infantil/juvenil” y por qué la dureza de una historia tiene que basarse en la casquería y no en la reflexión.
Es un reto. Me encantará recibir mails de respuesta.

Pero sigamos:

El hopepunk dice: “No, no lo acepto. Que te den: el vaso está medio lleno”. SÍ, somos una mezcla desastrosa de bueno y malo, defectos y virtudes. Todos hemos sido mezquinos y ruines y crueles, pero (y esta es la parte importante) también hemos sido dulces, e indulgentes, y BUENOS. El hopepunk dice que la bondad y la dulzura no son un sinónimo de debilidad, y que en este mundo de un cinismo y nihilismo brutal, ser bueno es un acto político. Un acto de rebelión.

Decir que la bondad es un acto de rebelión es pasarse un poquito. Nuestro stablishment es buenista. Se vende como bueno y espera que la sociedad reaccione como “buena”. Sin extremismos. Luchar, sí… siempre que no conlleve más que una gente en la calle un día a la que poder disolver con gases lacrimógenos si hace falta.

La bondad es, además, una cuestión de perspectiva. Nadie es malo por ser malo. Aquellos sin capacidad moral (como los psicópatas) tienen su propio orden. Y aquellos que hacen cosas malas por un motivo se ven a sí mismos legitimados para ello y, por lo tanto, son buenos según su propio prisma.

Podemos poner el caso de un terrorista. Mata a un inocente o a varios para inducir el miedo y así apoyar su causa. O por represalias de algún tipo. Si no se viera legitimado por sus creencias y su entorno, no lo haría.
Un soladado de la alemania nazi sería un caso similar. Sus creencias, su país, sus ordenes le impelen a hacer cosas malas (porque el holocausto fue malo). Y mientras está en ello considera que está haciendo lo mejor para el mundo y para su país.
¿Acaso un supremacista blanco no cree que lo que hace y dice es bueno y que lucha para que el mundo sea mejor? Si, lo hace. Aunque a nosotros nos parezca absolutamente aberrante.

Ser bueno no es un acto político. Ser bueno es algo condicionado por la política.
Y además, puede ser un acto egoista, y nihilista. Porque sí, hay un nihilismo positivo que mira hacia las infinitas posibilidades a través de la negación del dogma. Nihilismo no significa destrucción, depresión y pesimismo.

El hopepunk dice que preocuparte por algo, cualquier cosa, de manera genuina y sincera requiere valor y fuerza. El hopepunk no versa sobre la sumisión o la aceptación: trata de alzarse y luchar por lo que crees. Trata de alzar la voz por otras personas. Trata de EXIGIR un mundo mejor, más amable, y de creer de corazón que podemos conseguirlo si nos cuidamos los unos a los otros tanto como nos sea humanamente posible, con cada gota de poder que reside en nuestros pequeños corazones.
Ir a manifestaciones políticas es hopepunk. Llamar la atención a tus políticos es hopepunk. Pero llorar también es hopepunk, porque llorar es un signo de que aún tienes sentimientos, y los sentimientos nos permiten saber que estamos vivos. El 1% no quiere que tengas sentimientos, solo quieren que te resignes. Resignarse no es hopepunk.

Y…. me parece perfecto. No te resignes, lucha por lo que crees… Muy bien. Un discurso genial. El mismo que tenemos desde… siempre.
¿Por qué esto es nuevo, revolucionario y especial? Y, sobre todo…. es un discurso para la vida. ¿Qué tiene que ver con la literatura?

Nirvana. Grunge 200% Ya no somos Cobain

Las personas no nos resignamos sin más desde la generación X y el grunge. Esa fue nuestra última etapa realmente pesimista, donde creiamos que no había nada que hacer. Pero la gente que está ahora con el hopepunk no son Generación X, los cuales por cierto, son ahora mismo mucho más optimistas de lo que fueron entonces. Ahora los que guerrean so(mos)n millenials y xennials. No, nos somos esa generación resignada y pesimista aplastada por el consumismo y la competitividad feroz e individual de los 80.

No future, decía el grunge, tomado como un extremo apático del egoismo. No future, dijeron antes que ellos los punks. Y lo tomaron como un reto. Y los millenials dijeron que si no hay un futuro, pues habrá que irlo viendo.
No, no somos la generación X. Somos mucho más fluidos, más adaptables y más conscientes de la posibilidad de un cambio. Tal vez porque vivimos en el cambio y porque hemos vivido (estamos viviendo) ya una crisis económica. No vamos a volver al grunge, porque nuestro entorno nos obliga a luchar.

¡Ejemplos! Podría decirse que “El cuento de la criada” es hopepunk. Es oscuro y da miedo, y a primera vista parece grimdark porque es una distopía… pero joder si lucha. Esa es la clave, justo ahí. Ella lucha todos los días, porque no permitirá que le roben el significado a su vida. Sobrevive por cabezonaría con la esperanza de que un día pueda vivirde nuevo. “No permitas que los hijos de puta te reduzcan a polvo” es uno de los pilares centrales del hopepunk, junto a “El arco del universo moral es grande, pero tiende hacia la justicia”.

Jesús y Gandhi y Martin Luther King y Robin Hobb y John Lennon son hopepunk.

Personalmente no creo que la literatura pueda ser algo sólo porque hay una lucha y tal vez una esperanza.
Mas que nada porque la literatura se basa en eso: en el conflicto y su resolución.

No creo que el cuento de la criada sea mucho más esperanzador que, por ejemplo, 1984. Ambos son textos escritos a modo de advertencia. Mirad este camino que llevamos. Abramos los ojos antes de que sea tarde y estemos así de jodidos. Demos la vuelta ahora, no esperemos a que nuestras posibilidades sean mínimas. Eso dicen los dos libros. Dos libros sobre resistencia ante un mundo muy perverso, cada uno a su manera.
¡Pero 1984 acaba fatal! Direis. Si, lo hace. Porque es una advertencia, y si pudiera salir bien el mensaje perdería fuerza.

En general, la literatura es positivista. Los héroes ganan. Hay equilibrio. La luz sobre la oscuridad. Justicia. Y si, en general, es bueno y necesario. Este positivismo ayuda a la psique, le da herramientas para seguir adelante e incluso le da un punto de escapismo. Pero seamos sinceros, el escapismo no puede serlo todo si estamos hablando de que hopepunk sirve a la justicia del mundo. ¿Necesitamos poder creer en el heroismo propio y ajeno? Si, lo necesitamos. Y la literatura puede ayudar a eso. Pero el grimdark no te quita la opción… porque en grimdark no hay héroes, pero cualquiera puede tener un pequeño momento heroico aunque sea por accidente. Por lo demás, el artículo no nos ha dado ni media pista sobre qué define al hopepunk como género literario. Quizás porque no hay una base para ello, simplemente es un reclamo para hablar de filosofía. Quizás.

Y termina:

Recuerda: el hopepunk no trata sobre la perfección moral. No trata de ser tan puro y tan inocente como la nieve recién caída. Te ensucias cuando peleas. Cometes errores. A veces eres un poco capullo. Quizás incluso eres un capullo al 50%. Pero el vaso está medio lleno, no medio vacío. Te levantas y sigues luchando, preocupándote e intentado hacer del mundo un lugar ligeramente mejor para la gente que te rodea. Cometes errores. Es un proceso. Puedes pedir y ganar el perdón. Y amas, y amas, y amas.

Y aquí tengo el problema de que yo veo el vaso lleno del todo. Mitad de agua, mitad de aire. Lleno. La vida es como es, completa, holística. Lo cual significa que uno puede ser egoista, nihilista, optimista o lo que desee, y todo ello estará bien. Al final, como seres humanos, intentaremos mejorar del modo que sepamos, e intentaremos que sea poco costoso y agradable.
Y sí, cometemos errores. Y nos comemos nuestras consecuencias y, en ocasiones, las del vecino. Y seguimos adelante porque somos fuerzas vivas y como tales no podemos ser parados. Pero… ¿esto es esperanza, optimismo, hopepunk o solamente resiliencia propia?

Reflexiones sobre: La pistola de Chejov

Chejov, escritor y dramaturgo ruso de finales del siglo XIX, cultivava un género realista y fue responsable de ciertas innovaciones como la importancia del monólogo, que después tomarían los escritores anglosajones. Como dramaturgo se encuadra en el naturalismo y trabajaba mucho la acción indirecta, de tal modo que gran parte del drama de sus tramas ocurría fuera de escena mientras que en escena se centraba en los detalles y en la interacción entre los personajes.
¿Por qué os estoy hablando del tipo y no de la pistola? Por contexto. Me parece interesante conocer al padre de la frase que tanto gusta a los jóvenes escritores de hoy.

Lo que dijo el buen señor fue:

Quita todo lo que no tenga relevancia para la historia. Si dices en el primer capítulo que hay un rifle colgando de la pared, en el segundo o en el tercer capítulo se debe descolgar. Si no va ser disparado, no debería haber estado allí desde un principio.

¿Esta lección es válida? Sí, por supuesto. Te esta pidiendo que evalúes cada elemento de tu obra y decidas si realmente quieres que esté ahí o si, por el contrario, es algo que ha aparecido de forma fortuita y no tiene ningún uso. Pero también tiene un peligro oculto. Impele al escritor a simplificarlo todo. Y esto no siempre funciona.
Recordemos que Chejov escribía un teatro no muy centrado en la trama por un lado y relatos por otro. Y que su género siempre fue realista. El realismo se puede permitir muchas cosas que otros géneros no.
Por ejemplo, si quitas cualquier elemento no vital, puedes estar quitando todo el interés en una novela de misterio. Estás dando por sentado que el lector conoce y comprende el entorno o el mundo en el que se está desarrollando tu historia. ¿Puedes decir eso realmente si estás en un género no realista?
Los elementos que visten tu obra pueden servir para conocer mejor las situaciones o a los personajes. Volviendo al ejemplo del rifle en la pared: Si en tu obra hay un rifle colgando de la pared, es posible que indique un cierto tipo de ideología del dueño de la casa. Puede indicar que el personaje es algo sádico, sobre todo si lo acompañas de mucha taxidermia. O que le gusta jactarse de su propio poder.

En otras palabras: todos los recursos que utilices pueden tener un valor por sí mismos sin tener que ser recursos de trama.

Si os informáis veréis que mucha gente habla de la pistola de Chejov con otros significados. Pero lo que dijo el buen señor era un llamamiento al minimalismo narrativo. Lo demás son otros elementos interesantes para la escritura.

Hablemos de la Prefiguración:

La prefiguración (en inglés foreshadowing, algo así como presagio) es ese recurso maravilloso que te evita los Deus ex Machina. Básicamente consiste en señalar de forma casual y sin darle importancia a un elemento que, al final, resultará crucial para la resolución de una trama. Lanza una idea de lo que ocurrirá de forma sutil y sin estropear la idea del plot twist.

Un ejemplo: Cuando Harry Potter toma su varita y le comentan que está relacionado con Voldermort pues son “varitas gemelas”, la autora nos da una pista (que luego será extendida poco a poco: pársel, sueños compartidos…) del plot twist final de la saga: Harry es un Horrocrux de Voldermort (una parte de él)
La prefiguración puede aparecer de muchas maneras. Puede ser un presagio o un sueño. En Juego de Tronos los Stark tras su primera escena ven una loba huargo atravesada por un asta de ciervo. Mas adelante Ned Stark (cuyo animal emblema es un huargo) es decapitado por Joffrey Baratheon (cuyo escudo es un ciervo). Puede estar en una conversación entre personajes o ser una imagen simbólica en el “fondo”. Puede ser un objeto que casualmente se ve al girar un bolsillo, una habilidad mencionada de pasada, un dato oído por casualidad…

¿Tiene la pistola de Chejov (si no es impotante, eliminalo) relación con la prefiguración? Si y no. Al eliminar todo lo que es irrelevante para la trama, lo que nos quede, por tonto que quiera parecer, tiene que ser importante. Los lectores están acostumbrados a eso, por lo que a veces pueden detectar las prefiguraciones y decir preveer el desenlace de la historia. Yo lo hago mucho, a decir verdad.

Pero no todas las veces lo que nos parece prefiguración lo es. Entramos en el campo del Red Hearring

El Red Hearring es una prefiguración de pega. El autor te pone un elemento que parece importante, pero que al final no tiene importancia alguna. Es decir, el autor está jugando con el lector, las “normas de la narración” y la expectativa del lector. Sirve para desviar la atención del giro real, para confundir y sorprender.

El primo hermano del Red Hearring es el Mac Guffin. Al contrario que en el Red Hearring, que es igual a una prefiguración, y por tanto los que imaginan que tiene importancia son los lectores sólo porque están acostumbrados a que ese tipo de elementos la tengan, el Mac Guffin gusta de venderse a si mismo. Va de listillo. De ser el rey del mambo.Es el Johnny Bravo de la literatura. Básicamente es algo que se reviste de una importancia de la que carece, pero que al final al menos sirve como motor narrativo. Igual que Johnny Bravo. No valía nada, pero era toda su serie.

 

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