Cuando comencé este blog ni siquiera había empezado a asomarme al enorme abismo que es la blogosfera literaria. Pero sobre todo, no tenía idea de la enormidad de la vlogsfera. Ese fenómeno de nueva generación (y llevado a cabo por una nueva generación sobre todo: personas entre los 16 y los 26 años) que en ingles se conoce como booktube.

Sin embargo de entonces hasta ahora, empujada en parte por personas a las que admiro y quiero mucho, me he unido a esa nueva oleada, a pesar de no ser exactamente parte de su generación.

Explicar cosas sobre literatura en un videoblog tiene sus ventajas y sus inconvenientes con respecto a hacerlo en un blog al uso. En un blog tienes más tiempo para corregir, pensar en lo que vas a decir y cuidar el lenguaje. Puedes borrar y modificar una sola palabra tantas veces como quieras. En un video eso es mucho más complicado. Por lo tanto, el video es más fresco pero puede ser menos correcto en la expresión y en el análisis.

Por otra parte, un blog puede escribirse en ratos sueltos. Para un vídeo se necesita mayor preparación y medios, y sobre todo, más tiempo tanto para grabar como para editar. Por tanto, un blog es más sencillo que un videoblog. Además, por las características propias de nuestra vida cotidiana, un vídeo siempre será más viral que un texto. Es decir, lo que se diga, critique, muestre o recomiende por un medio audiovisual tendrá más repercusión que lo que se haga por un medio escrito. La difusión de un vídeo y el número de personas alcanzadas será mucho mayor. Por tanto, el vlog o videoblog tiene una clara ventaja.

Pero sobre todo, el videoblog es la expresión de los lectores de hoy y mañana. Una forma de hacer de algo que tal vez se pueda considerar solitario una comunidad extensa y activa. ¿Acaso no es eso lo más hermoso?