Danza de Letras

Al son de las palabras

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Cuentos del mañana para ayer. Bocados de nostalgia

Si me seguís desde hace tiempo sabéis que conozco a Begoña desde que publicó su Azul -el poder de un nombre, primera parte de una saga de space ópera de inicio, palomitera y muy fácil de leer que tuve el honor de presentar el pasado noviembre en la librería Chronos.  En abril, Begoña publicó esta pequeña selección de relatos. Por supuesto tenía que reseñarlo.

Hoy os voy a dejar la sinopsis de la propia autora porque es genial como presentación de la antología, pero sobre todo como presentación de su forma de vivir este mundo nuestro y, por supuesto, los suyos propios.

Este libro es una sencilla colección de cuentos y microcuentos de género fantástico, casi todos de ciencia-ficción. No son una ventana por la que asomarse al futuro. El futuro será glorioso, pero no en este mundo y probablemente no para la raza humana. Estos cuentos son para el ayer, provienen de la ciencia-ficción clásica, unas historias del mañana que puedes disfrutar hoy, y en ellas encontrarás, entre otras cosas: las distintas escuelas filosóficas de una terrible y poderosa raza extraterrestre, el peor restaurante del universo, un cíborg especial tratando de entender lo único, una mariquita azul, la inmortalidad, una horrible solución muy necesaria…
¡Bienvenidos a mi ayer que es mi mañana dentro de mis mundos!

No voy a engañar a nadie. Es una recopilación de relatos, y como tal es desigual. No existe antología que no lo sea.

En este libro hay una gran variedad de extensiones. El relato más corto ocupa una única página, mientras que el más largo tiene sus buenas cincuenta. Encontramos relatos que se engloban en universos de la autora que ya conocemos, algunos que son parte de universos que serán llevados a nuevas obras y alguno que es un claro homenaje a algún grande como Lovecraft. Pero si hay algo que todos los relatos tienen en común es que están escritos sin pretensiones. Son historias que simplemente quieren ser contadas. Y que todas se pueden adscribir a un estilo muy clásico de la literatura de género.

Es complicado para mi escoger una favorita entre ellas, porque Begoña tiene conceptos muy interesantes y juega muy bien con ellos. Tal vez El flautista esté muy arriba en la lista.

Lo cierto es que es una experiencia de lectura amena, ligera y nada complicada. El libro es pequeño y dura menos de lo que me hubiera gustado.

Recomendado para: Curiosos, gente con un ratito que perder y fandom avanzado
Abstenerse:  Si realmente no te gusta nada de nada la ciencia ficción

Título: Cuentos del mañana para ayer
Autor: Begoña Pérez Ruiz
Año de publicación: 2017
Editorial: Eride

 

 

Fahrenheit 451. Déjalo arder

Leí este clasicazo de Ray Bradbury, que forma junto al Mundo feliz de Huxley y el 1984 de Welles la tríada sagrada de la distopía del siglo XX, gracias a un grupo de lectores genial que nació en goodreads y después se fue mudando poco a poco a la mensajería instantánea hasta convertirse en un grupo de amigos. Y se lo agradezco, porque si no igual no habría encontrado el hueco para leerlo.

Fahrenheit 451 es la temperatura a la que el papel se enciende y arde.
Guy Montag es un bombero y por lo tanto su trabajo es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. Todo en su vida encaja. Su casa, su esposa con su “familia” en la televisión y su constante ruido en los oidos. Sus paseos por la autopista a altas velocidades… Las cosas que hacen todos. Hasta que se cruza con una persona muy particular: una jovencita diferente que se plantea su entorno, que piensa, que disfruta del silencio… A partir de ese momento, Montag dejará de estar tan conforme con su vida y empezará a sentir inquietud y curiosidad. Sus pasos le llevan directo a la rebeldía.
El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros…

Como ya he dicho, este libro es un clásico de la distopía. Un mundo en el que los libros están prohibidos hace que cualquier lector empatice desde el principio con los disidentes, con los rebeldes, con los que pagan el mayor de los precios por mantener a su lado un libro.
Sin embargo, en Fahrenheit 451 los libros son lo de menos. Los libros son sólo un medio, una excusa. Esta historia no va de libros. Va de comunicación, de aislamiento, de sociedades acomodaticias y de falta de pesamiento crítico o divergente. Exactamente igual que 1984 o Un mundo feliz, lo que plantea es la parte oscura de la sociedad occidental tal y como se planteaba tras la segunda guerra mundial. Sólo que, en lugar de ahondar en los males de los fascismos, de la perversión de las versiones oficiales o del capitalismo, se centra en el aislamiento del ser humano como individuo y el entumecimiento de la propia humanidad ante una sociedad que va demasiado rápido.

A un nivel técnico, la premisa y el inicio de la historia son realmente buenos, aunque reconozco que decae en la mitad y no termina de recurperarse. Es un libro de resolución precipitada, lo cual se explica, tal vez, porque nació siendo un cuento y no fue hasta después que el autor pensó en hacer de ello algo más largo. Creo pues que ese final es poco orgánico y satisfactorio, aunque suficiente.

Fahrenheit 451 es uno de esos libros que todo el mundo debería leer antes o después. Con la ventaja de que es corto y, una vez te haces con la forma de insertar referentes y narrar de Bradbury, muy ágil.

Recomendado para: enamorados de su género, aprendices de escritores e interesados en sociedades insalubres.
Abstenerse: gente que se enamora con rapidez de los personajes.

Título: Fahrenheit 451
Autor: Ray Bradbury
Año de publicación: 1953
Última edición: 2016
Editorial: DeBolsillo

Ctrl Alt Escape. Peligros de los chats

La historia de cómo llego esta novela juvenil a mis manos es, cuanto menos, curiosa. Tiene que ver con twitter, una encuesta, una respuesta troll y yo hablando con los autores en plan jocoso. El resultado es que decidieron enviarme un ejemplar por simpática… y por rápida. Para que luego digan que procrastinar no da frutos.

Mónica es una chica normal de 16 años. Un día,  poco antes de las vacaciones, comienza a recibir extraños mensajes a través del ordenador de alguien que dice ser del futuro lejano y necesita su ayuda.
Durante ocho días se verán obligados a faltar a clase, mentir a sus padres y hasta traicionar a sus amigos, poniendo en peligro sus propias vidas para cumplir una misión tan inexplicable como imprescindible: el futuro de la humanidad está en peligro y solo ellos pueden salvarlo.

Ctrl Alt Escape parece una novela juvenil bastante típica. Entorno actual con tintes de ciencia ficción para una novela de aventuras con algo de romance.  Y la verdad es que cumple con todo lo que se le puede pedir a una novela así. Tiene acción, tiene una trama de misterio que está bien llevada y tiene tensión. Tiene un elemento tecnológico casi esotérico. Tiene tensión sexual y romántica, también. Algo que a mi me sobra un poco. Tiene algo de humor absurdo basado en la literalidad, que para mi es uno de los mejore tipos de humor.  Y además tiene trazas de las problemáticas típicas de la juvenil y que me parece interesante que se traten siempre: habla de la pérdida, del rechazo, del distanciamiento de las amistades, de las relaciones entre padres e hijos, de la rebeldía y el probar los límites de los jóvenes. Habla de pasada de las drogas. Y de los lugares seguros. No está nada mal para ser una novela juvenil ligera.

Encuentro un valor especial el de su ambientación. Tal vez porque he vivido en Barcelona. Tal vez porque conozco a muchos alumnos de La Salle. Pero lo que puedo decir es que la aventura de Mónica y Carlos puede recorrerse. Está perfectamente delimitada por los escenarios reales. Uno puede hacer los recorridos en tren, metro y a pie que ellos hacen sin que la historia se derrumbe. Ese cuidado por el detalle en la ambientación indica un profundo respeto de los autores por sus lectores y por su narración. Y lo agradezco en el alma.

Por lo demás, y porque no quiero hacer spoilers en absoluto, diré que la historia se ha cuidado hasta el punto de hacer referentes a otras partes de la historia,  mucho más allá del prólogo, lo que da una sensación de narración circular y cerrada que, por temática, sería algo complejo.

En resumen, es una experiencia de lectura más que grata, con muchos detalles valiosos y de alto valor estético y humano que deja no sólo un buen sabor al acabar si no un buen recuerdo que perdura tiempo después. Va a la pila de pre-introducción al género.

Recomendado para: personas que buscan un soplo de aire fresco sin romper del todo los esquemas de la LIJ clásica
Abstenerse: Gente que busque una ciencia ficción que vaya más allá de la excusa y las palomitas.

Título: Ctrl Alt Escape
Autor: Marta S. Pina y Jeremy M. Williams
Año de edición: 2015
Editorial : SM

Preparativos

Corrió por la pasarela elevada, mientras comprobaba en su CCP maestro cada uno de los cierres de seguridad de los pasajeros. Tenía exactamente medio minuto para llegar a otro lado antes de la deceleración del cambio al espacio subluz. Frenó en seco cuando una luz naranja le avisó de que tenía un viajero fuera de su puesto de seguridad. Todas las demás estaban azules. Gruñó y saltó de la pasarela a pasillo principal. Aquella era una maniobra prohibida, porque hacía sospechar a los pasajeros que había toda una nave oculta frente a sus ojos: la nave del servicio.

Forzó una sonrisa y obligó a atarse al pasajero, un hombre con un aspecto de unos cincuenta años que parecía especialmente interesado en que se quedase a su lado. Se negó con una excusa estándar. Aquella situación había sido prevista en su preparación. Cerró la puerta del camarote con un toque en su pantalla y corrió por el pasillo para alcanzar el siguiente puesto seguro. La sacudida le sorprendió a medio camino y se fue de bruces al suelo. Dio gracias al piloto por una entrada suave. Aquel golpe podría haber acabado con su vida.

Tenía cinco horas para bajar al planeta.

Recogió su CPP y comprobó que no había sufrido ningún daño. La pantalla comenzaba a señalar los primeros verdes, correspondientes a pasajeros dejando sus asientos de contención.  Se puso en pie y corrió unos pocos metros más para encaramarse a la pasarela de nuevo.
Corrió por ella hasta el intercambiador. Eligió el acceso al nivel de cantinas y se dirigió a la despensa. Levantó la tableta flexible que era su CCP para granjearse el paso. Abrió la pantalla y comprobó las existencias de todos los suministros, mientras los iba asegurando con una jaula magnética. Mientras metía la mano en una caja abierta de zumos individuales liofilizados para contabilizarlos, tocó la flexible matriz plateada. La levantó con la uña y con sumo cuidado la despegó del interior del contenedor de PBS. Se abrió la chaqueta con la otra mano y la pego con cuidado sobre su cinturón de modo que quedase oculta por la ropa.

El CCP vibró.

Tenía cuatro horas.

Corrió hasta el nivel más bajo. Abrió la puerta de la sala de motores y usó el CCP para comprobar los motores. Todos los indicadores mecánicos eran correctos. Los niveles de radiación eran seguros. Se dirigió a los paneles de los filtros y controles ambientales y anotó los recuentos de indicadores biológicos, patogénicos y de contaminación. Comprobó todos los datos dos veces. Envió los parámetros al control del puerto espacial para que dieran los permisos para entrar en la órbita del planeta. Dejó apoyado el CCP sobre la consola más cercana. Se agachó y metió el brazo con esfuerzo por un resquicio entre dos módulos de control. Cuando lo sacó, agarraba un estuche opaco. Lo abrió y comprobó que contenía una pequeña célula de energía. Un modelo experimental; potente, con gran independencia y del tamaño de un colgante. Cerró la caja y la metió en el bolsillo interior de su chaqueta.

Recogió el CCP. Acababa de llegar la confirmación de órbita.

Tenía tres horas.

Se dirigió a los muelles de carga. Mientras se acercaba abrió los manifiestos. Comprobó cada sección. Las horas de apertura y cierre de cada puerta. Los anclajes de cada caja y contenedor. Era vital que las redes magnéticas estuvieran en perfecto estado. La entrada estaba controlada por una guía de tracción, pero podrían producirse vibraciones. Si la carga se desestabilizaba, había una posibilidad de perder la guía y caer sin control en un punto del planeta. El riesgo era tanto para la compañía como para la población que acogían. Se tomó su tiempo para asegurarlo todo. EL CCP vibró de nuevo. EL tiempo se agotaba. Entró en el submuelle cero; objetos perdidos. Fue directo a la bandeja antifricción y cogió un cristal blanquecino del tamaño de una pelota de golf. Una enorme memoria de datos. Se lo metió en el bolsillo del pantalón.

Tenía dos horas.

Con todo correcto, se fue a su camarote. Dejó el CCP en su base de carga, correctamente configurado para su siguiente usuario. El CCP maestro era una parte más de la nave.

Cogió su maleta y la puso sobre su cama. Sacó de sus cajones sus pocas prendas y efectos personales. Guardó dentro el cristal de datos y la batería. Dejó la matriz en su cinturón, que se volvería a poner. Se desnudó y tomó una ducha de vibración. La hizo larga. Más relajado, se puso el traje de gala, repasó la maleta y la cerró.

Tenía una hora.

Se colocó en su puesto al lado de la puerta principal. Dejó la maletita a su espalda, en contacto con sus piernas. Varios miembros de la tripulación tenían equipajes similares. Aquello le dio seguridad. Se cuadró, mirando la punta de sus zapatos. Cuando levantó la cabeza lo hizo con aplomo y la mejor de sus sonrisas. Comenzó a dar la mano y despedir a los pasajeros, que ni siquiera se fijaban en las personas que les habían servido las últimas semanas.

Sólo quedaban unos minutos.

Cogió la maleta y bajó por la pasarela junto a varios compañeros. Se despidió de ellos con un gesto de la mano, prometiendo llamar para salir por ahí un día de estos. Tomó el ascensor, que en el planeta llamaban orbital, para pisar la superficie del planeta.

Unos pocos segundos.

La puerta del ascensor se abrió. La luz del sol le deslumbró, pero siguió andando. Estaba en casa, y sólo tenía que ensamblarla en una carcasa para que su amor estuviera a su lado. ¡Qué estúpida esa ley que no permite el viaje interestelar a las IAs!

Esta vez su sonrisa era sincera.

Una broma

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–No lo entiendo –decía Kah Sdra mientras le ajustaban las cadenas –. Ese chiste me lo contaba mi abuelo.

–Lo sé, Kah –respondió su abogado atusándose el flequillo –. Has tenido mala suerte.

–Sabes que fue veterano de la campaña de S8B14. Él estaba allí cuando el tío del Emperador… ya sabes. –Se mordió el labio y su mirada se desvió al botón superior de la casaca del letrado. No quería empeorar su situación.

–Es para que sea ejemplarizante.

–Lo sé. Pero aún así… ¿no es demasiado? Quiero decir… Destierro de por vida a la colonia 4Luv3RC, que está en construcción, y sin ciudadanía. –Se le escapó una lagrima. Se acababa de dar cuenta de que lo había perdido todo. –Sólo era una broma.

–Ya lo sé –respondió él con un suspiro exhasperado –. Ha sido un mal momento. Con el auge de la resistencia en el sistema S8, lo último que necesita el Imperio es parecer endeble. Piensa en la cantidad de escándalos están estallando últimamente alrededor de los Consejeros Imperiales. El tema de las miles de dosis de Extreyas cargados al presupuesto del Consejo de Guerra, por ejemplo… Las cosas están mal para la estabilidad Imperial. –Kah le miró sin entender –. Eres su cortina de humo.

Dos guardias entraron por la puerta. Llevaban el uniforme completo de asalto, como si Kah fuera el criminal más peligroso del Imperio. El más alto hizo un gesto con la cabeza al abogado.

–Es el momento, Kah –le aleccionó el letrado –. Intenta sonreír mientras te llevan al transbordador. O al menos mantente recta. Si puedes hacer como que has llorado, mejor. Eso les dará una semana más de portadas paternalistas. Y puede que te llegue algo de solidaridad popular. Algún recurso, dinero, consejos.. Vas a necesitar de todo allí a donde vas.

La resistencia es inútil. Y las matemáticas son perfectas

Si seguís mis entradas de novedades, asumo que recordareis esta del mes pasado. Una novela de ciencia ficción que nos traía TimunMas con la promesa de ser “la novela que Sheldon regalaría a Amy”(The Big Bang Theory). Lo cierto es que Sheldon no le regalaría nada a Amy, porque se le da muy mal y además le interesa muy poco. Pero lo que sí es es una ficción especulativa centrada en un grupo de matemáticos o lo que es lo mismo de geeks raritos.

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Connie está acostumbrada a ser diferente. Es una reconocida matemática, cuando éste es un campo ámpliamente dominado por hombres. Ha sido diferente desde niña, con su talento y sus estudios avanzados y también con su llamativo pelo rojo.
Va a comenzar un trabajo de investigación en una nueva ciudad, lo cual es fantástico. Lo que no se espera es que ese trabajo esté supeditado a trabajar en equipo con un puñado de otros matemáticos, algunos que admira e incluso un ex. Todo parece un poco extraño.
Pero para extraño, Luke. Un hombre alto y desgarbado con el que empieza a trabajar y que parece saber ya el significado de los datos que manejan: una secuencia proveniente del espacio exterior.

Si os habéis fijado bien, he dicho ficción especulativa. Me niego a llamarlo ciencia ficción porque a pesar de la presencia de matemáticas y algo de física, lo cierto es que ni científicamente ni a través de un entorno tecnológico (al fin y al cabo se desarrolla en la Europa actual) se ha ganado la etiqueta.

Entonces ficción especulativa con personajes que inciden en lo ratitos que son los científicos y una historia de primer contacto bastante clásica que incluyen amenaza alienígena y los muy desorientados organismos de defensa de la tierra. Y también es una comedia relacional en la que se desarrollan tramas de amistad y amor.

Dicho así suena a libro aburrido para tías. Y algo de “libro para tías” si que tiene, ya que las soluciones a los conflictos no pasan por el enfrentamiento físico y gran parte del mismo y se centra mucho en las relaciones y fidelidades de los personajes. En ese sentido no han desarrollado demasiado el mundo alienígena, aunque si han creado unos seres largamente disímiles a la humanidad y que se salen de los estereotipos clásicos (reptilianos, hombrecillos verdes/grises etc). En ese sentido me ha parecido refrescante.

Si este libro tiene un punto fuerte son sus personajes. Tanto los matemáticos, que si bien son estereotipos de científicos son personajes únicos con personalidades muy definidas como los pocos miembros de la inteligencia británica y la policía que pugnan por salir del cliché correspondiente jugando con él.

Hay que hacer mención a parte a la diversidad sexual. En este libro hay personajes abiertamente homosexuales que son tratados con total normalidad. Y también una pequeña oda a la pansexualidad. O así lo he entendido yo.

Al fin, es una lectura entretenida construida sobre una base cómica pero con buena tensión narrativa y varios giros interesantes. Una experiencia suficientemente buena como para plantearme releerlo en poco tiempo.

Recomendado para: Personas a las que le de miedo la ciencia ficción pero la quieran tantear, gente que busque relaciones diferentes 

Abstenerse: Fans de la ciencia ficción dura y aquellos a los que el romance les de urticaria.

Título: La resistencia es inútil
Autor: Jenny T. Colgan
Año de publicación original: 2015
Año de edición: 2016
Editorial: Timun Mas

Corazones de hierro. Robótica sin Asimov

Recibí por sorpresa la petición de reseñar la primera parte de Corazones de hierro, titulada Buscadores de Destinos, junto con sus tres precuelas. No estaba muy segura de aceptar porque ya me lo presentaron como infantil-juvenil (y yo me lo catalogo como middle grade). Pero le tengo cierta amor al tema de la robótica gracias a Asimov y decidí darle la oportunidad… Y no me arrepiento de nada.

51kewgei0el-_sy445_ql70_Tras la Tercera Guerra Mundial, los robots se rebelaron contra el hombre. Hoy día, ya no quedan humanos, sólo robots que viven en ciudades perfectas, en una sociedad perfecta.
En la ciudad de Oxterion1 vive RObb7, un joven androide perteneciente a La Cadena, la categoría más baja de la sociedad. Él es un robot diferente… y es que por las noches, mientras los demás robots permanecen apagados en recarga, RObb7 sueña. Y esos sueños le llevarán a buscar la verdad más allá de la Doctrina Robot y de la realidad en la que siempre ha vivido.
¿Por qué eran malos los humanos? ¿Han muerto todos? ¿Los robots tienen alma? Estas preguntas y sus sueños le guiarán en una aventura que cambiará el mundo.

Allí donde se hable de vida artificial, inteligencia artificial, robots o androides siempre estaremos hablando de las grandes preguntas. O al menos de aquellas que tratan sobre la naturaleza humana. Y esta obra no es una excepción. Qué son y cómo se manejan los sentimientos, que son las relaciones humanas (parentesco, afinidad, competencia, amistad, amor…) e incluso qué implica estar vivo o cual es la naturaleza del alma. Todos estos temas están presentes tanto es Buscadores de Destinos como en sus precuelas. Pero todo ello tratado en una aventura de autodescubrimiento y de descubrimiento del mundo por parte de un joven robot tenido en cuenta entre los suyos como un neorobot, lo que sería un niño.
El resultado es una historia entretenida aunque ligeramente introductoria (lo cual es lógico dado que es la primera parte de una trilogía) que abarca temas complejos sin entrar en excesos filosóficos o teológicos.

Buscadores de Destinos es ante todo una novela de mundo. O al menos lo es de momento, mientras no se desarrolla más profundamente una evolución en los personajes que de momento sólo se intuye. Respecto al mundo, se basa en la idea de una sociedad robot libre de humanos y comandada por una IA de gran potencia y absolutamente libre de las leyes de la robótica de Asimov. Lo curioso de esto es que las leyes de la robótica se volvieron tan populares por ser de una lógica impecable que hoy día se orograman por defecto en las IA en desarrollo. Por eso y porque los que se dedican a la robótica son unos fricazos, supongo. Yo lo haría en todo caso.
Por supuesto una IA libre de las leyes de la robótica puede ser todo lo misántropa que quiera. Y eso puede ser mucho dado que la humanidad ha demostrado de largo ser caótica, ilógica e irracional en grado sumo. De hecho es alrededor de esta idea como se desarrolla la Doctrina Robot, una serie de normas y conocimientos establecidos como dogma inamovible a un estilo totalitario religioso. Ponerla en duda o infrigirla es no sólo impensable, si no peligroso. Posiblemente la Doctrina sea uno de los puntos más interesantes del mundo.

Sin embargo el mundo va más allá: sociología robot, producción y competencia entre ciudades robot, cultura y mitología humanas… El libro está lleno de detalles que apuntan a un buen worldbuilding que posible veamos más en otros volúmenes.

En resumen, una buena experiencia de lectura especialmente recomendada para jóvenes que no conozcan o se atrevan aún con los grandes de la ciencia ficción pero se sientan atraídos por los temas.

Recomendado para:Lectores jóvenes, principiantes en la ciencia ficción (blanda) y locos de la robótica
Abstenerse: Quien desee ciencia ficción adulta, con temas no tocados antes o enfoques de ciencia dura

Título: Buscadores de Destinos (Corazones de Hierro #1)
Leyendas de Hierro (Corazones de Hierro #0)
Autor: Javier Santolobo
Año de edición: 2015
Editorial: Coldwinter Stories

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