Danza de Letras

Al son de las palabras

Etiqueta: ciencia ficción (página 1 de 6)

36. Y la humanidad es…

36 cierra la triada de novelettes que sacó Cerbero en marzo de este año. Además es la que más éxito ha tenido, ya que ahora mismo está en su segunda edición ampliada. Por algo será.

El nacimiento de una nueva Inteligencia Artificial en el CIDIA siempre es motivo de alegría. En el caso de la que ocupará el cuerpo número 36, la felicidad es doble, puesto que, nada más nacer, ha sorprendido a todos los técnicos con un insólito «Buenos días». 36 no es una IA como las demás, se hace preguntas y quiere respuestas. ¿Dónde reside la verdadera identidad? ¿Qué sentido tienen las etiquetas? ¿Es necesario integrarse y aceptar la opinión de la mayoría?

Igual que sus dos compañeras, 36 trata principalmente el tema de la identidad, esta vez vista desde el cuestionamiendo de dónde comienza y dónde termina la humanidad, cuales son sus características más definitorias y qué ocurre con nosotros en el momento en el que somos seres socializados. De hecho ese es el mayor problema de 36, la socialización y el comportamiento grupal, así como las expectativas sobre el individuo.

Acotación: voy a hablar de 36 en femenino como es femenino el término IA. No se si es correcto realmente, pero lo haré para simplificar.

36 es una inteligencia artificial soprendentemente comunicativa. Además es la última que se ha gestado es un laboratorio especializado que ve su presupuesto en peligro porque las IAs no han resultado ser tan útiles para la sociedad como se esperaba. Por lo tanto, esa IA especial se convierte en la última esperanza para los científicos que la han visto desarrollarse ¿Presión? ¿Qué es eso? … Sólo que todo esto es un subtexto que no está en absoluto explotado y sólo expuesto a medias en un par de diálogos.

Lo que si tenemos en la historia del desarrollo de 36 desde antes de su nacimiento (siendo una bebIA) y durante todo su desarrollo entre humanos (niñIA, adultIA… me encantan estos términos, me hacen muchísima gracia.) es una posición alejada que se da a una somera crítica no ya social si no más bien de lo que es la naturaleza de las relaciones humanas. 36 no necesita las relaciones, pero las mantiene porque es lo que se espera. No necesita ser socializada, pero se deja llevar por la vorágine. No necesita estudiar, pero lo hace porque es lo que se le pide. 36 analiza al ser humano, su lenguaje y su dinámica… y juega con ella. Lo hace del modo más anónimo y libre de responsabilidades que existe en nuestro mundo: por internet. De este modo, a través de este personaje que está fuera pero dentro de la sociedad, se reflexiona sobre qué es el ser humano, cómo es y cómo se comporta. Es el tema general de todo relato de vidas artificiales… y aquí lo consigue haciendo que lo importante no sea realmente 36, si no lo que la rodea.  Aunque la actitud general de 36 parezca más o menos de cinismo aislado, como un reflejo de la rebeldía adolescente (en este caso, rebeldía de la criatura hacia su creador, más o menos) y ésto puede granjearle la simpatía inconsciente de mucho del público, porque todos hemos sido así en algún momento, lo relevante es aquello que se genera a su alrededor: desconfianza, miedo, esperanza, rechazo, veneración… Esos sentimientos son de los humanos y para los humanos.

¿Es 36 un personaje transexual? Yo creo que no. La IA no tiene género de ningún tipo. Cuando le dan su cuerpo adulto es la primera vez que tiene que diferenciarse, y lo hace completamente a la ligera. Su decisión posterior de cambiar de género es meramente curiosa, no motivada por que su identidad choque con la forma en que le han obligado a socializarse. En todo caso, 36 no tiene ni necesita del género y éste es una concesión a la sociedad en la que se desenvuelve… y a la que analiza.

Como experiencia de lectura, 36 es una historia bien construida, inmersiva y que no requiere ni demasiado tiempo ni demasiado esfuerzo, dejando aún así un buen espacio de reflexión.

Recomendado para: amantes de las vidas artificiales y el conflicto filosófico de la naturaleza humana… sin dejar de reirse un poquito.
Absternerse: Aburridos del tema, gente a la que le chirrien los epílogos monos.

Título: 36
Autor: Nieves Delgado
Año de edición: 2017
Editorial: Cerbero

Domori. Somos de colores

Domori lo compré, como el libro de la reseña anterior, en gran parte por apoyo absoluto a las autoras y a los bolsilibros, en parte porque me gusta coleccionar y en parte porque tiene una portada bonita. Había leido otro libro de Sofía Rhei antes (Róndola) y me dejó no muy conforme, así que reconozco que éste lo empecé con algo de miedo.

 

Los domori llevan mucho tiempo en guerra contra las abejas. Las vidas perdidas no pueden ni deben ser olvidadas. Es necesario hacer valer la justicia, que ardan sus colmenas, su ciudad, que no quede rastro del enemigo. Luna Roja es una guerrera dispuesta a todo por vengar a su pueblo, pero el destino le depara otra suerte. ¿Le han contado toda la verdad? ¿Será capaz de descubrir su propia identidad? ¿Qué significa verdaderamente ser una domori?

Luna Roja es valiente, arrojada, rayana la locura. Lucha contra las abejas porque es lo que quiere hacer, lo que desea, lo que el cuerpo le pide… y además lo que su tribu respeta. Porque los domori son una cultura guerrera. Pero cuando lucha mano a mano con su pareja para destruir a su enemigo, algo sale mal. A punto de morir, es rescatada y trasladada a otro entorno que no se había atrevido jamás a imaginar.
Los domori son tribales, chamánicos y obviamente pre-industriales. Pero Luna Roja despierta en un entorno aseptico, blanco y automatizado con una altísima tecnología.  Le explican que le han tratado y eliminado lo que había de domori en ella. Su piel ya no es roja si no blanca, y le llaman humana. Descubre por qué hay personas de distintos colores…  Y decide partir hacia su hogar de nuevo, con ciertas ayudas.
La sinopsis no miente. Domori es un libro que habla de la búsqueda de la propia identidad, y ese es el camino que recorre Luna Roja. Porque uno no es necesariamente lo que le enseñan a ser, si no que puede construir su identidad a partir de sus elecciones.

Domori parte de algunos conceptos muy interesantes. El racismo excluyente de los organismos de colores unos con otros es uno de ellos, especialmente si se tiene en cuenta que todos vienen de un mismo origen, el cual recuerdan. El concepto de que una entidad biológica de gran tamaño puede servir de “mundo” para una de tamaño pequeño e incluso el condicionamiento de la cultura propia están ahí. Y el único pero que le pongo es que la conclusión parece precipitada. Da la sensación de que se quisiera cerrar la historia con rapidez, tal vez por una cuestión de espacio… o tal vez sea algo que le ocurre a la autora, ya que también pasa en otras obras suyas.

Como experiencia de lectura, tiene  buen poso y está llena de ideas prometedoras e interesantes. Se lee con agilidad, a pesar de algunos cambios importantes de ritmo y escenario y deja una sensación general de satisfacción con la historia a pesar del final absolutamente abierto.

Recomendado para: curiosos, deseosos de buenas y curiosas ideas de partida y gente con un ratito que pasar
Abstenerse: si te sientes incomodo con la manipulación a través del sexo, la limitación del libre albedrío y la mera idea de la zoofilia

Título: Domori
Autor: Sofía Rhei
Año de publicación: 2017
Editorial: Cerbero

CloroFilia. Pocas nueces

Siguiendo con el monólogo de Cerbero…
Qué queréis que os diga, lo mio con esta editorial es puro coleccionismo.  Compré de golpe Clorofilia con 36 y Domorí, en plan “qué guay, leo autoras”.  No fue por nada, y no esperaba nada más que una historia

¿Quién es Kirmen? ¿Por qué el joven no se parece a sus padres, ni a su amigos, ni a ninguno de los habitantes del Claustro? En el exterior de las cúpulas que protegen a los últimos habitantes de la Tierra, una tormenta eterna y monstruosa se ceba con el planeta. Kirmen sigue cambiando y, mientras tanto, no deja de soñar con salir. Al exterior. A la tormenta. ¿Qué es Kirmen?

No esperaba nada más que una historia…. pero a duras penas puede decir que la encontré. El desarrollo de Clorofilia es  extraño. Y su final es simplemente absurdo. Hermoso. Oh, si. Creo que se trata exactamente de eso, de generar imágenes retorcidamente bonitas y de alto impacto, pero sin mensaje.

Y es que el libro pasa constantemente por al lado de temas diversos: sobrevuela el bullying, el intrusismo emocional y físico del estamento médico, el descubrimiento sexual, la otroridad… e incluso su tema principal, que es la búsqueda de la propia identidad (un clasicazo entre los temas, especialmente en libros protagonizados por personajes jóvenes) queda absolutamente desdibujado. Porque Kirmen puede preguntarse quién o qué es… pero lo sabe muy bien: es un experimento, basado en un humano elegido porque era el único disponible. Y ya está. ¿Es rechazado? Si. Y sabe bien por qué. Extremadamente bien, dado que valora todas las pequeñas partes de ese rechazo por separado con una visión preclara. Todo esto aderezado con amplias lagunas de información y cebandose en pequeños detalles sin mayor relevancia que, posiblemente, busca en exclusiva por la “transgresión” y el morbo y, en algunos casos, lo hace rozando lo pueril.

Suena triste, pero a esta novela se la come su prólogo. Especialmente su primera frase.  ¿Sabéis que una de las recomendaciones de todos los talleres de escritura es que se empiece por algo que enganche al lector? Pues aquí tenéis un ejemplo perfecto de lo que pasa cuando la táctica falla. El prólogo hace esperar más. Mucho más.  Y luego se corta, pasa a otro tiempo sin solución de continuidad. Tienes que creerte que el único personaje que comparten desarrollo y prólogo sigue siendo el mismo, aunque no se parece en nada.  Si ha cambiado tanto, ¿por qué no pararse en desenterrar los motivos? Sin esto, queda un poco incoherente. Partes separadas de historias sin relación.

Como experiencia de lectura… se deja leer. Como ya digo, su prologo es demasiado intenso para lo que viene después y el final intenta ser muy impactante. Con la característica de ser un libro corto, no da esa tentación de mirar continuamente la página por la que vas para calcular lo que queda, pero tampoco esa una experiencia inmersiva.

Recomendado para: Gente que busque imágenes de impacto  sobre todo lo demás, amantes de una prosa preciosista pero no recargada.
Abstenerse: gente que busque historias y mensajes, lineas de pensamiento y ese tipo de cosas que a veces trae consigo el arte.

Título: CloroFilia
Autor: Cristina Jurado
Año de Edición: 2017
Editorial: Cerbero

Los príncipes de madera. Piedra y metal.

Los príncipes de madera es el tercer libro de la colección Wyser de Cerbero, ya sabéis, de los que salieron a principios de año. Lo compré porque… había una referencia clara a la música clásica en él. Menuda razón tonta, ¿no?

El príncipe de madera, de Bartók, contiene en sus compases una bomba de relojería. Al menos así lo siente el grupo de David, los cerebritos de Collins, un grupo de ocho jóvenes que se preparan para convertirse en ingenieros y ser enviados a la luna de Agarttha, donde dirigirán la extracción de una valiosa materia prima llamada Jebo. En aquel apartado lugar, sus pensamientos volverán una y otra vez sobre quiénes son y cuál es su verdadero cometido en la vida, como si recorrieran a cada paso el extraño solo de xilófono de la mítica pieza. Los problemas que se cruzarán en su camino acabarán por enfrentarlos con su verdadera naturaleza, con su yo más íntimo, en un vertiginoso in crescendo de acontecimientos.

Reconozco que entre la música llamada clásica, yo prefiero quedarme estancada en el siglo XIX porque entiendo el siglo XX como un momento de innovación y búsqueda en la que el preciosismo queda supeditado a una expresividad abstracta y llena de contrastes. La obra de Bartók me encanta en tanto a narrativa pero me desagrada musicalmente. Y esta novela se ha construido con un cierto paralelismo al ballet.

De hecho tenemos una obra en tres partes: la escuela, la mina y la coda. La escuela simplemente plantea el germen de lo posterior. Cómo es el grupo, cómo son las personas a su alrededor y cómo se enfrentan a ellos. Los Cerebritos comienzan a cambiar ya en la escuela, comienzan a ser un poco más humanos a través de la música de Bartók, que está fuera de los esquemas tradicionales. A partir de aquí cada miembro del grupo desarrollará sus propios pensamientos y teorías mientras hacen lo que el mundo desea que hagan.
El problema está en que algunos descubren cosas para las que no están preparados. La vida, el amor, realidades que están fuera de sus cálculos porque no han sido descubiertas antes… Las sorpresas que depara el destino en Agarttha.

Debo decir que encontré la parte de la mina algo caótica y poco consolidada, tras pasar por la parte de la escuela que tenía su encanto (aunque me pasé el rato rezando porque nadie se subiera a una mesa para gritar ¡oh, capitan, mi capitan!) para después cerrar en la coda con plot twists que estaban demasiado preparados y por tanto, eran poco sorprendentes.  De hecho, no estoy siquiera segura que la coda aporte nada además de una explicación extensa sobre todo lo anterior, la necesidad de confirmar lo que ya sabíamos. La sensación es de una obra fragmentada, dibujada con un trazo distinto en cada parte. Interesante en algunos puntos, indudablemente. Pero no desarrollada en todo su potencial.

¿Una mala lectura? No, en absoluto. Pero posiblemente una historia que funcionaría mejor en otro medio más audiovisual del mismo modo que el ballet de Bartók funciona mejor en una representación que en un concierto.

Recomendado para: newbies en las temáticas de la ciencia-ficción clásica para los que esto sea un descubrimiento, rebeldes en busca de causa 
Abstenerse: vieja guardia, músicos que se mueven en el clasicismo y el barroco, minimalistas.

Título: Los príncipes de madera
Autor: Daniel Pérez Navarro
Año de edición: 2017
Editorial: Cerbero

Yabarí. En el tiempo fijado.

Seré sincera, cogí Yabarí con ilusión pero con miedo. Con ilusión porque tenía ganas de leer ficción de Lola Robles. Miedo porque había oido comentarios de este libro que le decían todo menos bonito. Y ni tanto ni tan calvo.
Yabarí es una novela corta de ciencia ficción que hace el número dos de la colección Wyser en Cerbero.

¿Qué son esas enormes zonas blancas que parecen extenderse por toda la selva del planeta Yabarí? ¿Son ciertos los rumores que apuntan al maltrato a los nativos y la violación sistemática de los Derechos Humanos Universales? Muriel Johansdóttir llega a Yabarí dispuesta a desvelar la verdad sobre lo que está ocurriendo con las empresas explotadoras que están deforestando la inmensa jungla. El camino que ha de emprender la periodista la enfrentará a nuevos interrogantes mientras se esfuerza por sobrevivir a una escalada de peligrosos descubrimientos.

Como supondréis, Yabarí es una novela centrada en el impacto ecológico sobre los ambientes desconocidos. También habla de seres humanos y sus relaciones, por supuesto. Pero su mensaje es claro: no toquemos lo que no hemos de tocar. No toquemos el entorno, no destruyamos culturas, no sometamos a los pueblos naturales a nuestro capricho. No seamos colonialistas, vamos. Y eso es muy difícil para el europeo medio. Y al parecer, para el ciudadano de la galaxia medio también.

Muriel llega a Yabarí y lo primero que hace antes de pisar tierra es preguntar por unas manchas blancas en el paisaje. No tienen nada que ver sobre lo que quería investigar, pero están ahí y pronto se verá que son importantes.  En un mundo que está siendo explotado por sus recursos naturales, con pocos obreros que quieren ganar lo máximo en el menor tiempo posible (y el servicio mínimo exigible por estos: restauradores, trabajadoras del sexo…) y la figura predominante del responsable de una megacorporación a medio camino entre el político y el mafioso, investigar no es cosa fácil. Menos si la investigación puede llevar pruebas a la tierra de malas práxis. Muriel será perseguida por demasiadas cosas, por intereses, por asesinos a sueldo, por la naturaleza voraz e incluso por sus propios recuerdos.

Si hay algo que me gustó de Yabarí es que es lo que me esperaba… un moderno intento de buen pulp. Y me lo esperaba porque cuando lo compré la editorial se vendía a sí misma con este gancho: “queremos recuperar el espíritu de los bolsilibros” Yabarí tiene algo de ese espíritu. Ese algo en la aventura que se lleva por delante algunas reflexiones o detalles de la narrativa. Esos héroes que no lo son del todo, que están atrapados y envueltos en cosas grandes… Por eso lo disfruté.

Estuve tentada de sentirme defraudada, como muchos, por el punto en que la historia acaba. Sin embargo, si lo piensas detenidamente, el cierre es perfecto. Empieza con Muriel llegando a Yabarí, termina con Muriel dejando Yabarí. Todo lo demás que pueda pasar necesita años para ocurrir, y la novela te lo comenta varias veces. Sí, da un poco la sensación de que te han negado el clímax. Pero es una negación lógica.

Toda la novela es muy lógica, todo tiene sentido en ella, todo está conectado… Y sí, hay detalles que me gustan mucho (incluyendo la corporalidad, el orin, la menstuación) y detalles que no me gustan nada (las escenas en el recuerdo sobre el padre de Muriel. Alerta de sensibilidad por agresión sexual), pero en ningún caso me parecen gratuitos, si no que responden a la necesidad de mostrar una u otra faceta del carácter de la protagonista.

Recomendado para: nostalgicos del pulp y concienciados con las causas mayores y poco apoyadas de esta sociedad nuestra: ecología, feminismo, anticapitalismo…
Abstenerse: Gente que quiere narraciones sencillas sin tener que pensar y todos los puntos explicados hasta llegar a un final sin espacio para más conflicto.

Titulo: Yabarí
Autor: Lola Robles
Año de publicación: 2017
Editorial: Cerbero

Antiguas entradas

© 2017 Danza de Letras

Tema por Anders NorenArriba ↑