Mi novia quería que le hiciera una tarta de San Valentín. Busqué muchas recetas; ninguna me convencía. Lo único que entendí es que debía tener forma de corazón. Si quería demostrarle cuánto la amo, no debía tener tara alguna. Necesitaba como modelo el mejor de los corazones. Tomé de una anciana benévola el suyo. No era lo bastante fuerte y no duró. Abrí en canal a un maratoniano, quien resultó demasiado duro y egoísta. Lo intenté con el de un tierno bebé… que deseché inmediatamente al verlo de tan reducido tamaño. También arranqué los suyos a unos enamorados. Aunque estos últimos eran los mejores no acabaron de convencerme. Estuve cerca de rendirme.

Así que he hecho un dulce con mi sangrante corazón. Creo que es lo que buscaba. Tal vez  el ventrículo izquierdo sea algo grande…