2014

2014

Sacó su smartphone del bolsillo de la chaqueta y miró la hora. Llegaba con retraso. Comenzó a subir los escalones que daban a la puerta de la iglesia mientras apagaba el teléfono y le quitaba la batería. Toda precaución era poca.

Empujó la puerta de madera antigua, grasienta por miles de manos, y saltó el travesaño inferior sin demasiada gracia. El interior del templo era fresco, sintió la humedad del ambiente subirle por las pantorrillas. La sacudió un escalofrío y deseó que hubiese parecido cosa del fervor religioso.

Al pasar al lado de la pila bautismal deceleró el paso. Miró el agua con aprensión. Después, volvió sus ojos alrededor. Decidió que no la observaban y continuó andando sin mojar sus dedos y santiguarse como era preceptivo.

Buscó un hueco en las bancadas de las primeras filas. Aquellas tenían un acolchado del que carecían los puestos de atrás. Llevaba una falda plisada de un largo coqueto, así que prefería no tener que apoyarse sobre la dura madera.  Al lado del púlpito, con un catecismo en la mano, estaba Sergio. Le sonrió al acercarse, pero siguió con su discurso. No, no hablaba sobre religión. Hablaba sobre censura, privilegio del poder, libertad individual y reparto justo de la riqueza. De hecho, era el mismo discurso de siempre. A ella le parecía que había que hablar también de otros temas, como la igualdad entre sexos. Estaba harta de tener que llevar encima su DNI y el salvoconducto firmado por su padre y validado por un chupatintas del estado que decía que era una mujer sensata y honrada y que podía ir por la calle sin compañía masculina. En sus sueños solía destruir ese documento; lo quemaba, lo trituraba, lo hacía añicos con sus propias manos.

Se sentó en la segunda fila, procurando no mirar a la cara a los demás presentes. Sabía que el Padre Román estaba allí, de pie junto al confesionario, pero tampoco lo miró. No era vergüenza, sino más bien aprensión. Sabía que lo que hacía era un delito. Pero sentía que no hacerlo era un crimen.

La reunión estaba terminando. Aquel día se habían librado de la presencia de la policía, así que se había ahorrado el fingir que estaban rezando.  Ella no escuchaba. En ese sentido, sí que estaba usando la iglesia del mismo modo que los feligreses. Sólo que con otros Dios y otro Credo.

Un golpecito sobre sus rodillas la devolvió a la realidad. Bajó los ojos y vió que tenía en el regazo un tomo de la biblia bastante voluminoso. Desde el púlpito Sergio hablaba de tender la mano al hermano musulmán, de acoger la fuerza de la sharia. El califato no puede ser peor que lo que tenemos, argumentaba.  Algunos de sus camaradas asintieron. Ella negó lo con la cabeza. No se daban cuenta no sólo que no era una mejora, si no que sin una imagen de democracia jamás los aceptarían en la Unión Europea. Necesitaban una segunda fuerza internacional para no depender tanto del capricho de Estados Unidos.

Abrió la biblia. En un hueco recortado de las páginas había una pistola. Le habían asignado una misión de sangre. Cerró la tapa con un golpe seco y levantó la vista. Sergio le guiñó el ojo desde el púlpito.

Tenía miedo. Los golpes de sangre eran peligrosos. La Ley Carrero para la seguridad ciudadana, impulsada por el Segundo Generalísimo tras un atentado fallido, era extremadamente dura. Cualquiera podía desaparecer en cualquier momento: terrorista, socialista, comunista, espíritu libre. No importaba. Y los atentados en Europa por los islamistas lo habían vuelto aún más peligroso… Tenía mucho miedo.

Ella no había votado aquello. No estaba convencida de tener la superioridad moral suficiente para matar a alguien, aunque fuera un asesino. Sí, creía que tenían que cambiar las cosas. España llevaba ochenta años sin cambiar lo más mínimo. Pero veía el camino de la fuerza y se sentía sucia.

Dejó la biblia a un lado, se levantó sin cruzar la mirada con nadie y salió de la iglesia. Sus pisadas resonaban con una acusación manifiesta.  Al pasar por su lado, el Padre Román le rozó el brazo. Ella le miró y asintió levemente.  Tenía un turno de confesión.

En lo alto de las escaleras de piedra sacó su móvil, le puso la batería y lo encendió. La primera notificación que le llegó era de la Red Oficial de Noticias del Estado. Era una fotografía del Cuarto Generalísimo con Lady Gaga. A ella se la veía abiertamente incómoda. Aquella imagen le hizo sonreír.

Ladrona de medianoche. Sentimientos encontrados

Ladrona de medianoche fue una lectura conjunta que sacó La nave invisible y que tenía dos características principales: la autora tenía que ser una mujer negra, y tenía que ser una obra de ciencia ficción. La obra de Nalo Hopkinson cumplia esos requisitos y además el que podía conseguirlo por suscripción (casi gratis), así que me lancé.
Decir que durante toda la lectura mi cabeza estuvo reproduciendo en bucle Everybody ‘s talkin’ de Harry Nilsson. Que alguien le diga a mi cerebro que esto no tenía nada que ver con Cowboy de medianoche.
ladronaHa llegado el Carnaval y el planeta de Toussaint lo celebra con música, bailes y gran pompa. Personas disfrazadas de “Ladrones de Medianoche” asaltan a los juerguistas, esgrimiendo sus armas y sus fascinantes palabras. Todo bajo la atenta mirada de Granny Anansi, la red nanotecnológica que controla el mundo como una Diosa maternal.
Para la pequeña Tan-Tan, la hija del alcalde Antonio y la hermosa Ione, la Reina Ladrona no es más que su disfraz preferido, el que llevará al festival… Hasta que su padre, poderoso y corrupto, comete un crimen imperdonable por el que es enviado al brutal mundo de Nuevo Árbol a Medio Camino, un mundo penitenciario donde las monstruosas criaturas del folclore son reales. La pequeña Tan-Tan es arrastrada con él, en contra de la voluntad de Granny, y tendrá que aprender a sobrevivir no sólo al entorno, si no a lo peor de la naturaleza humana. Para ello se convertirá en leyenda; será la Reina Ladrona.

El título dice “sentimientos encontrados” porque es exactamente lo que tengo con este libro. No sé qué opinar. Me dejó con una sensación muy extraña que espero no se repita muy a menudo.

Por un lado me encanta.
El mundo de Toussaint es muy interesante tanto en el nivel cultual basado en los folklores de las colonias americanas con gran población proveniente de áfrica, ese sabor tan especial… como en el nivel tecnológico de Granny Anansi, la conción de programación y los nanorobots, así como los siervos mecánicos y sus relaciones con los humanos.
Nuevo Árbol a Medio Camino es fascinantte a nivel de xenobiología, además de explorar cultura alienigena y adaptación social humana a un medio altamente hostil. Todo ello es interesante.
Pero sobre todo me fascina el modo en que la autora ha trabajado las formas propias de la narrativa tradicional de su tierra (Jamaica) y las ha volcado en la obra. Ha explorado temas, formas, sonoridad e incluso las bases de cómo se genera ese tipo de narrativa. Eso vale oro.

Y sin embargo…

Sin embargo la historia es horrible. Se veía venir antes de que Tam-Tam llegase a Nuevo Árbol a Medio Camino. La insanísima relación de Antonio con Ione. La falta de compromiso y respeto entre ambos, la posesividad… La pésima relación de Ione con sus responsabilidades, incluyendo en ellas a su propia hija. Cómo Antonio toma a su hija como una sustituta de su mujer desde su nacimiento… Pero todo empeora en el nuevo mundo.
Se veía venir la situación de abusos sexuales continuados. Pero eso no lo hace menos asqueroso. Cómo todo el mundo sabe lo que pasa y nadie hace nada… Pero sobre todo cómo es posible que se use ese recurso y no sirva para nada. Tam-Tam podría ser la misma Tam-Tam que se hace Ladrona de Medianoche sin necesidad de haber sufrido lo que sufre durante años. Podría haber tenido el mismo odio de la nueva pareja de su padre sin pasar por la cama de este en contra de su voluntad, si era lo que se quería (aunque un poco de solidaridad entre mujeres hubiera sido, no se, una bonita novedad)…  Antonio era un monstruo sin necesidad de demostrarlo de ese modo con su hija. El mundo ya era suficientemente duro…
Creo que era innecesario, y creo que no esta suficientemente justificado, ni suficientemente bien medido en sus consecuencias.

Recomendado para: Enamorados del caribe y sus culturas mestizas y sincréticas. Estudiosos de la narrativa.
Abstenerse: Si vuestro estomago, como el mío, va estar medio libro tentado de vomitar todo su contenido por el tema sexual.

Título: Ladrona de medianoche
Autor: Nalo Hopkinson
Año de publicación: 2000
Última edición en españa: 2001
Editorial: Factoría de Ideas

El mar no siempre es azul. Algunos estándares

Sabéis que siempre os cuento cómo llegó a mis manos un libro concreto, por qué decidí leerlo. El mar no siempre es azul llegó a mi gracias a su autora, que es un amor de persona y que (me temo) se valora menos de lo que debería.  En principio no era un libro que entrase ne mi linea actual, porque es un joven adulto que pintaba estándar. Pero recordé que estos libro también me gustan, me oxigenan y me lo hacen pasar bien, así que dije que sí. He tardado mucho en hacer esta reseña, y espero que Silvia encuentre corazón para perdonármelo.

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Stella debe aceptar su destino cuando el día de su dieciséis cumpleaños descubre un secreto que hará tambalearse los cimientos de su apacible vida en un pueblo costero del Mediterráneo.
Crecer lleva consigo muchas responsabilidades, algo de lo que Stella se dará cuenta con la ayuda de sus amigos. Se enfrentará a una espléndida aventura y combatirá el mal ante su enemigo, quien solo pretende conseguir el poder y esclavizar a todas las criaturas marinas.
Además, una historia de amor se cuela entre las páginas de este libro, lo que supone un gran motivo para que Stella siga luchando en la misión de buscar respuestas en un mundo azul -que no siempre es azul-, desconocido y… peligroso.

Sí, habéis adivinado. Es una historia de sirenas. ¡Qué sorpresa!
Bromas aparte, lo que tenemos entre manos es una novela introductoria (primera parte de saga, aunque desconozco cuántos volúmenes tendrá) que cumple con el esquema básico de novela de fantasía juvenil moderna al uso.

Stella tiene 16 años. Es acosada por una queen bee, tiene fuertes lazos de amistad con al menos una chica y al menos un interés amoroso bastante claro desde el principio de la novela. Se le da muy bien un deporte, es este caso la natación. En su cumpleaños descubre que su naturaleza no es la que creía: ella es un ser mitológico o mágico. A partir de ese momento debe adaptarse a su nuevo mundo en el que le esperan revelaciones sobre sus padres, su destino y otro interés amoroso. Eso es lo que se espera de este tipo de libros y eso es lo que tenemos en tes. Ni más ni menos. Pero la diferencia se encuentra en la forma de contarlo. Este esquema puede dar pie a una serie de aventuras planas y sin complicaciones, donde el protagonista es una bala que atraviesa la trama sin despeinarse. Y también puede dar pie a unas aventuras más originales, con más facetas y con un protagonista que tiene dudas sobre su destino, sus opciones y quién es un aliado.

En este caso, tenemos una novela de fantasía juvenil que, mientras cumple todos los puntos esperables, se esfuerza por hacerlo de un modo más complejo y sin dudar de la inteligencia de sus lectores. El resultado es una lectura que resulta ligera, entretenida, pero con un cierto poso. ¿Peca de introductoria? Sí. Se nota que es una primera parte y que queda mucho por delante. Pero también te deja una buena dosis de aventuras, de tal manera que no te llevas la sensación de que el libro acabe antes de empezar a contar.

Recomendado para: Lectores jóvenes que disfruten con una buena aventura y fanáticos de las doncellas del mar en todas sus versiones.
Abstenerse: Gente obsesionada con tener lecturas adultas y gente que no acepte que sirena en el mediterráneo puede no ser la de la mitología griega.

Autor: Silvia Martinez-Markus
Título: El mar no siempre es azul (El mar no siempre es azul #1)
Año de publicación: 2015
Editorial: Astor Nova

Haunted

haunted

Elena contuvo la respiración, apoyó la mano sobre la estantería, exhaló para calmar sus nervios y empujó. La falsa pared cedió con un crujido.

Ante ella había una pequeña habitación apenas iluminada por la luna llena. Bajo el polvo acumulado en el suelo se intuía un dibujo que no supo identificar. En el centro de la figura había un altar con un tapete, y sobre él, una antigua arqueta de piedra. El aire olía a moho y humedad, a edificio cerrado pero también a iglesia, a incienso antiguo y humo de velas. Se estremeció pensando en las víctimas rituales que podrían haber visto aquellas paredes. Se abrazó a si misma para contener los temblores, y volvió a exhalar controladamente intentando alejar las imágenes de su mente.

El reto implicaba que tenía que llevarse algo. La arqueta le servía. Se dirigió a ella con paso decidido. Sus dedos rozaron a tapa cuando un fogonazo de luz la cegó

Había salido de fiesta aunque no le apetecía. Era sábado, y salir era un ritual social del que no se podía desprender. Ligar dos de cada tres veces venía a ser la confesión en la iglesia del “pasarlo bien”. Sólo que Elena no lo pasaba bien. Seguía una rutina con la que no se identificaba porque se lo pedía su mundo, sus amigas. Se lo pedía aquello que ella intentaba demostrar que era.

Laura se había ido. Se dio cuenta a los quince minutos de dar vueltas al hielo de su bebida sin que la visitara con su risa enloquecida, saltando al ritmo de los bajos que se calaban bajo el esternón de todos los que estaban en la discoteca. En dos horas les llamaría y les contaría locuras agitando mucho las manos, mientras Sofía la ignoraba y Elena intentaba averiguar si las pupilas dilatadas de la desaparecida indicaban que había tomado algo indebido.

La falda era demasiado corta y le impedía moverse con agilidad. Pero no importaba, porque los zapatos que torturaban sus pies a cambio de hacerle un culo estupendo no le permitirían hacer nada más que dar cuatro pasitos ridículos a un lado y a otro.  Hacía demasiado frio para el top revelador. Pero era un uniforme de caza que se completaba con un maquillaje cargado y la larga melena suelta. Sí, se arreglaba como una modelo para la portada de una revista de moda. Y aunque repetía que era para sí misma, en realidad sabía que formaba parte de la penitencia de su vida.

Suspiró, miró cómo los hielos rebotaban en el vaso de tubo un instante y, sin pensarlo dos veces, bebió todo el contenido. Se fue a la barra y con una sonrisa y un gesto le pidió a la camarera que le rellenara el vaso.

Sofía estaría con Raúl. Ella era su mejor amiga, y Elena sabía que iría donde ella le pidiera, pero la echaba de menos. Unos meses antes no se habría sentido tan sola. Aunque era posible que aquello saliera del alcohol, que solía hacerla depresiva y susceptible.

Cogió el vaso lleno y se apoyó en la barra. Comenzó a remover su combinado con la pajita, imaginando el ruido que hacían los nuevos hielos contra el cristal, aunque no pudiera oírlos.

Localizó a Sofía a un lado de la pista. Reía con la cabeza inclinada hacia atrás con algo que le había dicho su novio. Al lado de Raúl había otro chico que no reconoció. Vestía completamente a la moda, dando una impresión de irrealidad; no parecía una persona de verdad. Sofía alzó la mano para llamar su atención, así que Elena se acercó a ellos sintiendo la mirada de varios hombres sobre ella, incluyendo al desconocido hacia el que se estaba acercando. Le presentaron al muchacho a gritos, pero no entendió su nombre. Sonrió estúpidamente y se sintió vacía al hacerlo.

Los cuatro se dirigieron a otra zona de la discoteca en la que la música era menos potente. La zona adaptada para que la gente hablara. El chico nuevo hablaba. De hecho, parecía que le encantaba su voz. Sofía y Raúl estaban muy dedicados el uno al otro, así que le hablaba a Elena.

Vació su quinto vaso en el momento en el que aquel petimetre le decía : —Lo que te pasa a ti es que estás atrapada dentro de tus límites.

Elena le lanzó una mirada asesina.

—No me conoces de nada.

—Pero estas cosas se notan, guapa —sonrió él acercándose a ella y acariciándole el mentón con suavidad. Elena apartó su mano con un golpe. —Vale, vale. No hace falta que te enfades —siguió con una risita. —Si eres tan brava, sólo tienes que demostrarlo. Mira, hay una casa encantada que….

Pestañeó repetidamente. Le lloraban los ojos y tardó unos momentos en recuperar la visión. Tenía la sensación de que había pasado allí demasiado tiempo. De que las paredes estaban esperando algo para caer sobre ella. Creía oír una salmodia lúgubre por los pasillos. Sentía el estómago revuelto.

Sabía que tenía que llevarse algo para demostrar que había estado allí dentro, pero la idea de hacerlo le daba escalofríos. Se dio la vuelta procurando no tocar nada y comenzó a caminar hacia la puerta.

Sus pasos se fueron acelerando y cuando llegó a la escalera ya estaba corriendo. No paró hasta llegar a la arboleda donde tendrían que esperarla sus amigos. Apoyó las manos en las rodillas para ayudarse a recuperar el aliento.

No había rastro de sus amigos. Tras unos minutos, decidió que se habían ido. Sintió el calor adueñarse de su cara y apretó sus puños.

—Capullos —escupió al viento, y se fue a casa con una sensación tan profunda de cansancio y cabreo que no se dio cuenta de que alguien la estaba siguiendo.

Estás sola. Morir para despertar

Este es un thriller que se vende bajo el reclamo de demasiadas cosas (los juegos del hambre, the walking dead, westworld) y aún no estoy segura de por qué. Sin embargo, tenía una sinopsis interesante y cuando me llegó la oportunidad de reseñarlo gracias a la editorial me dije “¿por qué no?”

9788401017209[1]El reality de supervivencia definitivo ha comenzado. Doce participantes muy dispares tendrán que competir entre si en desafíos cada vez más complejos y macabros. Todo planeado al milímetro para el disfrute de los telespectadores… Hasta que la organización se viene abajo por una circunstancia absolutamente imprevisible.
Zoo es el nombre que le han puesto en el equipo a una joven concursante llena de vida. Es la favorita de muchos. Ella sigue concursando, buscando la próxima señal de su desafío y sobreviviendo sola en este entorno hostil.  Pero al mismo tiempo que sus reservas emocionales y físicas empiezan a flaquear, su habilidad para analizar lo que está viviendo será su triunfo o su derrota.

Estás sola es una libro que se desarrolla a dos tiempos y con dos narradores, alternando el pasado en tercera persona que nos habla del reality y su desarrollo y a través del cual conocemos mejor las facetas humanas en entornos normales de la protagonista y el presente en primera persona que nos deja inmersos en la percepción y la angustia de Zoo en su soledad. Esta alternancia es, posiblemente, uno de los grandes aciertos de la novela porque no permite que nos aburramos con el pasado ni que nos saturemos de presente.

Curiosamente, la sinopsis se empeña en mantener en secreto qué ocurre con el reality, cuál es la razón por la cual Zoo está sola (realmente sola) mientras que el texto nos lo dice en la primera frase.  ¿Saberlo baja la tensión la lectura? No. Al contrario. Al saberlo, lo que hacemos es una descripción amplia sobre la disociación mental del concursante. Esta disociación ocurre en todos los programas de este tipo, pero en Zoo la tenemos en su máxima expresión. Es necesario que las cosas se pongan demasiado extremas (incluso para un reality de mal gusto) para que el personaje empiece a asociar su experiencia con la realidad. Y es que ese, más que la supervivencia en si, es el interés del libro.

Y, a pesar de que la supervivencia es sólo el telón de fondo, tenemos un texto que ha sido muy bien cuidado en ese sentido y que muestra cómo los humanos somos capaces de muchas cosas por seguir vivos más allá de la calidad de la vida que tengamos. Una extensa labor de investigación (o de visionado de canales especializados en programas de ese tipo, al menos).

Lamento profundamente el hecho de que, en algunos momentos, la autora introduzca sus propios juicios personales acerca de su país y sus sesgos sobre diversidad, religión, espiritualidad y política. No resulta interesante. Al contrario, saca de la historia al lector y el discurso se vuelve extraordinariamente parecido al monólogo del cuñado pesado la cena de navidad. Y esto es así independientemente de lo de acuerdo o en desacuerdo estés con lo que se dice.

Mención aparte merecen los foros del programa que podemos encontrar al final de algunos capítulos y que es real como internet mismo. Es decir, básico, estúpido y rayano en lo desagradable.

El resultado es una lectura entretenida y fácil de llevar que termina desinflándose en los últimos capítulos en pos de un final feliz que parece poco orgánico y desarrollado mayormente para contentar a un público más amplio que prefiera ese positivismo aunque sepa falso.

Recomendado para: curiosos, pseudo psicólogos y gente que no anticipe el final.
Abstenerse: estómagos sensibles y gente que odie que el autor te imponga su percepción moral de las cosas.

Título: Estás sola
Autor: Alexandra Oliva
Fecha de publicación: 2016
Edición en España: 2017
Editorial: Plaza y Janés

Lecturas Conjuntas Abril (+ 3 meses escribiendo)

Mes nuevo, nuevo balance de lecturas conjuntas. Este mes sigo llevando algo de retraso, pero he conseguido superar las lcs del mes y sacarme una de las anteriores, así que me siento bastante satisfecha. Y ¿a qué LCs me apunto?

correct-okay-mark-right-green-sign-symbol-ticks-398301 Un grupo de gente muy chachi, reunidos primero por goodreads y luego por whatsapp, después de pasar horas charrando un poco de todo, hemos decidido leer algo juntos. Y ese algo ha sido el clasicazo Farenheit 451 de Ray Bradbury. Me temo que este club es un pelín exclusivo…

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correct-okay-mark-right-green-sign-symbol-ticks-398301 La genial Lulu Von Flama organiza la lectura conjunta de Horizonte rojo Volumen 1 de Rocío Vega. Como veis, el volumen 1 abarca tres números.

LECTURA CONJUNTA

Y, ¿de qué va el libro? Pues nos han hecho una imagen, así que aprovechemoslo.

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¿Interesante? Pues tenéis toda la información aquí. Eso sí, aviso que empieza el día 15.

 Os pongo la LC de #LeoAutorasFantásticas porque es genial, aunque yo no la vaya a seguir porque mi última relectura fue hace poco. Se trata de La corte de los espejos de Concepción Perea. Ideal para abrir boca para la segunda parte que sale el mes que viene en Runas…

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Como veis en el título… llevo tres meses escribiendo. Es un poco raro, pero quería  hablaros de esto en algún momento.

Siempre me ha gustado escribir y, como podéis ver en la presentación, cuando abrí el blog pensaba que me serviría para darme un empujoncito. Pero me equivoqué. Me centré en leer y hacer reseñas y dejé el escribir de lado porque… bueno, porque era complicado. Mi excusa principal era y sigue siendo que tengo niños y éstos ocupan mucho tiempo. Esa es una realidad. Así que pensaba que era absolutamente imposible que sacara tiempo para volcar en bites ( o en papel) las ideas que tenía (y aún tengo) en la cabeza. De hecho, aún pienso que es muy difícil.

Pero empezaron a aparecer algunos concursos de blogs que no requerían muchas palabras. Y luego el reto de El libro del Escritor del que, si alguno me lee regularmente, estaréis más hartos. Y me lancé.

Os seré sincera, no daba un puñetero duro por mi misma. Creía que no conseguiría hacer más de 5 relatos antes de dejarlo. Pero llevo 13 y la cuenta sigue. Me he metido en otros concursos, en otros retos… Voy haciendo poco a poco. Y con esto, me he demostrado que, mal que mal, sí que puedo.

¿Qué quiere decir esto? ¿Estoy diciendo que me voy a dedicar a escribir “la novela” o algo asi? No. Tres meses son mucho, pero no son nada. Quiero seguir demostrándome que puedo. Si es posible, quiero demostrarme que valgo… Y entonces igual me lance al largo. De momento, quiero seguir poniéndome a prueba. Quiero poder hablar con vosotros y deciros “Llevo un año escribiendo”.

Libros que vienen – Abril

Como cada principio de mes, aquí vengo con la carretada de libros nuevos que, en un mundo mágico en el que tuviera dinero para comprarlos (y tiempo para leerlos), querría añadir a mis estantes.

Tiempos de Honor  Ismael Contreras

Nazarí edita la primera secuela de “Donde lloran los dragones”, una nueva aventura en Coraterra que despejará algunos de los flecos del primer libro.

Lo conocí antes de que él mismo se conociese.
Lo conocí antes de las nuevas ventiscas, antes del odio y las conquistas.
Lo conocí antes de que la gente dejase de creer en Dios, antes de que regresasen los dragones.
Lo conocí cuando aún vivía de verdad, cuando era capaz de calmarme, de besarme y hacer desaparecer todo cuanto nos causaba mal.
Lo conocí antes de que la guerra nos consumiese, antes de que tuviésemos que elegir.
Lo conocí antes de estos tiempos de honor, que tan ridículos suenan ahora a nuestros oídos…

Cuentos del Mañana para Ayer. Begoña Pérez Ruiz

Con el criterio y el buen hacer que la caracterizan, la autora de Azul nos trae esta recopilación de ficciones cortas. Algunas se ambientan en el mundo de su novela, otros no, pero todos tienen el gusto de la buena ciencia ficción en su vertiente más social y humana.
Con ella podremos ir llenando el hueco hasta que llegue la segunda parte de su novela larga, y también podremos aprender a apreciar el arte del relato.

Edita Eride ediciones



El zoo de papel y otros relatos. 
 Ken Liu

Seguimos explotando el género corto con el siguiente libro que nos trae Alianza en su sello Runas.

Quince relatos y novelas cortas de uno de los mejores escritores de ficción breve de la ciencia-ficción: Ken Liu.
“El zoo de papel” es la primera obra que ha obtenido los tres grandes premios del género en el mismo año.

El cuento de la criada. Margaret Atwood

Salamandra reedita este clasicazo de la ficción especulativa gracias al próximo estreno de una serie basada en ella. La portada es una edición inglesa, porque no he encontrado la de la nueva edición.

Unos Estados Unidos del cercano futuro han revertido a un sistema religioso y machista en el que las mujeres fértiles se consideran propiedad para la futura perpetuación del orden establecido. Margaret Atwood emplea tal situación para mirar con ironía a nuestro presente que, quizá, después de todo no esté tan alejado del mundo que describe.

El mundo resplandeciente. Margaret Cavendish

Siruela reedita esta obra que se cuenta entre las de la génesis de la ciencia ficción.

Originalísimo trabajo que incorpora además elementos propios de la filosofía utópica y de la novela de aventuras, y una lectura imprescindible para comprender la mentalidad de la época. Con una mirada moderna y subversiva, la autora desafía convenciones literarias, roles de género, divisiones religiosas y teorías científicas, convirtiendo así el fantástico viaje de una dama hasta una extraña tierra poblada por animales parlantes en todo un reto para la imaginación y el pensamiento contemporáneos.


Los jugadores de Titán  Phillip K Dick

Tras perder la guerra contra Titán, la Tierra quedó cubierta de radiación y la mayor parte de la población superviviente es estéril. Las babosas alienígenas que gobiernan el planeta obligan a dichos supervivientes a participar en un juego complejo e interminable en el que se apuestan dos activos muy importantes: tierras y esposas. Pete Garden acaba de perder a su esposa y el territorio de Berkeley, en California, pero tiene un plan para recuperarlo todo.

Minotauro nos edita esta sátira humorística plagada de aventuras de uno de los pesos pesados de la ciencia ficción clásica.

El libro de los espejos . E O Chirovici

Cuando el agente literario Peter Katz recibe un manuscrito titulado El libro de los espejos, no puede evitar sentirse intrigado por lo que encuentra en él. Se trata de las memorias de un tal Richard Flynn, y en ellas habla de su época como estudiante en la Universidad de Princeton en la década de los ochenta, al tiempo que relata su estrecha amistad con otra estudiante y su relación con el profesor Joseph Wieder, un reconocido psicoanalista especializado en la pérdida de la memoria. En el manuscrito, Flynn vuelve a los detalles olvidados de aquellos meses para contar la verdad sobre un trágico suceso que tuvo lugar la víspera de Navidad de 1987, hace más veintisiete años. Pero el manuscrito termina de forma abrupta y el agente literario se obsesiona por desenterrar la verdad. No será el único: un periodista de investigación intenta reconstruir los hechos y el detective original del caso, ya jubilado, pretende resolverlo antes de que el Alzheimer devore sus recuerdos.

Literatura Random House edita esta interesante novedad

Doblan por los mastines  Steven Erikson

Ya está aquí, ya llegó…. el octavo volumen de la saga Malaz.
En Darujhistan, la ciudad del fuego azul, se dice que el amor y la muerte llegarán bailando. Transcurre el verano y el calor es sofocante, pero al hombre redondo y pequeño con el chaleco rojo desteñido le molesta algo más que el sol. Las cosas no van bien. Funestos presagios plagan sus noches y acechan las calles de la ciudad como demonios de las sombras. Los asesinos acechan por los callejones, pero han cambiado las tornas y los cazadores son presas.
Manos ocultas rompen las ataduras de la tiranía. Mientras los bardos cantan sus trágicas historias, en algún lugar lejano se oye el aullido de los mastines… Y en la distante ciudad de Coral Negro, donde gobierna el Hijo de la Oscuridad, hay sed de venganza. Parece que el amor y la muerte van a llegar de la mano… y bailando.


El guerrero a la sombra del cerezo 
David B. Gil

Japón, finales del siglo XVI. El país deja atrás la Era de los Estados en Guerra y se adentra en un titubeante periodo de paz. Entre las víctimas del largo conflicto se halla Seizo Ikeda, único superviviente del clan regente de la provincia de Izumo, huérfano a los nueve años tras el exterminio de su casa. Hostigado por los asesinos de su familia y condenado al destierro y al olvido, inicia un largo peregrinaje al amparo de Kenzaburo Arima, último samurái con vida del ejército de su padre, convertido ahora en su mentor.
En el otro extremo del país, Ekei Inafune, un médico repudiado por aplicar las artes aprendidas entre los bárbaros llegados de Occidente, se ve implicado en una conjura urdida a la sombra de los clanes más poderosos del país. Una conspiración capaz de acabar con el frágil periodo de calma que da comienzo.

Novela histórica que edita Suma de Letras

La carrera. Nina Allan

Tres lugares: Sapphire, Hastings, el Océano Atlántico. Distintos momentos en el tiempo, desde el presente hasta un incierto futuro marcado por el fracking y el colapso ecológico. Tres mujeres: Jenna, Christy y Maree. Experimentos, conexiones telepáticas entre el ser humano y el reino animal, ballenas tan descomunales que su existencia desafía las leyes de la física. ¿Y qué hay de cierto en la leyenda que las cree portales a otros mundos? ¿Existen otros mundos?

Novela de ciencia ficción que edita Nevtsky

El ángel de las tormentas . Trudi Canavan

Tras un año de espera, y bajo el sello de Suma, llega la segunda parte de La ley del Milenio.

Tyen se ha convertido en profesor de magia en una respetada escuela. Aunque no va a ejercer durante mucho tiempo. Corre el rumor de que el temible Soberano de Todos los Mundos ha vuelto y que piensa imponer las antiguas leyes que incluyen la prohibición de las escuelas de magia. Asustados, alumnos y maestros huyen, pero Tyen debe cumplir la promesa que le hizo a Vella, la joven hechicera que alguien convirtió en libro: debe liberarla.
Por su parte, Rielle, que empezaba a acostumbrarse a su nueva vida como artista del tapiz, tendrá que renunciar a ella por culpa de una terrible guerra que amenaza con destruirlo todo. Cuando la derrota empiece a ser evidente, el poderoso Ángel de las Tormentas hará acto de presencia e invitará a Rielle a unirse a la corte de artistas de su reino celestial. Pero ¿qué querrá a cambio de tan extraordinaria oferta?

La flor de fuego Alba Quintas

Nocturna edita esta novela juvenil que lleva al terreno de la ficción la matanza de Colombine.

Nadie sabe qué ocurre en el instituto. Estudiantes y profesores corren por el edificio e intentan salir a toda costa mientras resuenan estallidos similares a disparos… Pero eso no es posible, ¿verdad?
Una chica en la calle asegura que los ha visto entrar y, sí, iban armados. Otro alumno tiembla en la biblioteca tras haber presenciado una escena que jamás olvidará. Y John…¿Dónde está John? ¿Por qué, cuando todos se esfuerzan por huir, él recorre los pasillos en dirección a los disparos? Tal vez él quiera contarlo. Porque esta es la historia de John. Y la historia de John es la historia de Columbine. O quizá no tanto.

Vienen cuando hace frío  Carlos Sisí

La crisis económica azota Estados Unidos. Joe Harper, residente en Baltimore, acaba de perder su empleo. Mientras sopesa mudarse a un barrio más barato, recuerda que su abuelo, el mítico Cerón Harper, le dejó en herencia una cabaña en Sulphur Creek, un pueblo canadiense. Toma el poco dinero que le queda y se dirige hacia allí. Es un lugar remoto y aislado, al lado de un parque natural, ideal para esperar que todo mejore.
La cabaña está prácticamente en ruinas, pero Joe no se arredra. Reconvertido en pionero, arregla el tejado, repara con tablones el porche, consigue apartar piedras enormes. Cuenta cada dólar y lo invierte en comestibles, en agua. Y, casi enfebrecido por el cansancio, se siente vivo. Para su sorpresa, pronto descubre que Sulphur Creek se vacía durante los duros meses de invierno. Un hecho curioso, que podría atribuirse a las extremas temperaturas, pero que parece adquirir otro significado cuando uno de sus vecinos le susurra: «No pase aquí el invierno. Ellos vienen. Vienen cuando hace frío». Sin embargo, Joe no cree en leyendas, fantasmas ni demonios. Piensa que los aullidos que se escuchan son sólo un signo de la fuerte ventisca y que las sombras forman parte de la oscuridad característica de la estación.

Edita Stella Maris

Caen estrellas fugaces  Jose Gil Romero y Goretti Irisarri

Suma de letras nos trae esta prometedora obra

El cielo de Madrid se tiñe de rojo sangre… El firmamento parece venirse abajo. Pero este solo es el primero de una serie de sucesos extraordinarios. A lo largo de dos intensos días de septiembre de 1859, dos personajes opuestos llevarán a cabo la investigación de estos fenómenos. Él es un hombre huraño y cínico, aferrado a la razón, antiguo investigador de falsos milagros que ya no cree en nada; ella, una joven vidente que puede percibir lo que la razón niega pero que vive atemorizada por inquietantes visiones.
Su aventura les conducirá hasta los infiernos, la ciudad de abajo, surcada por pasadizos ocultos; y también a los cielos, sobre los resbaladizos tejados. Juntos, recorrerán ese siglo XIX que se debate entre la fe y la ciencia, la luz y la oscuridad. Allí, donde acechan los monstruos, una singular belleza brilla junto a lo siniestro.


Vencer al dragón Barbara Hambly

Cuando el dragón Morkeleb el Negro ocupó la Gruta de Ylferdun expulsando a los gnomos que en ella vivían, el joven Gareth se atrevió a viajar a las lejanas Tierras de Invierno para buscar a John Aversin, Vencedor de Dragones, el único hombre vivo que, varios años atrás, había conseguido matar uno. A cambio de la promesa del rey de enviar ayuda a las Tierras de Invierno, Aversin aceptó intentar de nuevo la hazaña casi imposible de vencer a un dragón. En su empeño contó con la ayuda de su compañera, Jenny, una hechicera poco experta que conocía sus limitaciones y que, como Aversin, ya no era joven. Pero la realidad no tiene por qué ser igual a lo que narran las baladas. Los héroes son, en el fondo, seres humanos, y esta vez no solo deberán enfrentarse al dragón sino también a sí mismos, a las intrigas de una corte decadente y al poder aparentemente ilimitado de la maga Zyerne

Preciosa reedición de este clásico fantástico que nos ofrece ediciones B.

Dispara a la luna. Reyes Calderón

Lola MacHor recibe un insólito SMS de Juan Iturri, inspector de la Interpol en Lyon. Son sólo dos referencias enigmáticas, pero su instinto le asegura que su amigo está en peligro. A la vez, en presidencia del Gobierno, se recibe una carta con el sello de la Organización, en la que se reivindica el secuestro de Iturri. Junto a sus exigencias, anuncian su muerte en una semana en caso de que no se cumplan sus demandas. Villegas, el mayor experto antiterrorista español en suelo francés, es el encargado del caso, y Lola, gracias a su testarudez, consigue entrar en su equipo. Disponen de cuatro días para liberar a Iturri, pero nada es lo que parece.

Novela negra que aparecerá en el sello Booket y que ganó el Azorín en 2016


Teotoburgo
. Valerio Massimo Manfredi

En septiembre del año 9 después de Cristo, veinte mil soldados romanos avanzan confiados en su victoria hacia un bosque impenetrable en el norte de Germania. Pero en realidad todo comenzó años atrás…
Dos muchachos corren por el bosque. Armin quiere mostrar a su hermano Wulf un prodigio: el «camino que no se termina nunca». Una vía pavimentada de piedras pulidas, tan hermosa como si fuera obra de los propios dioses, que los soldados romanos están construyendo cerca de su aldea, en el corazón de la agreste Germania. Una calzada que cruza bosques, ríos, ciénagas y ni siquiera se detiene ante las montañas.
Mientras están admirándola, oyen los pasos de una patrulla romana. Pese a oponer resistencia, terminan siendo capturados. Sin embargo no les matan. Armin y Wulf son los hijos del caudillo de los queruscos, un guerrero poderoso y amado por su tribu. Son llevados a Roma en calidad de «huéspedes» de César Augusto, quien los deja al cuidado del centurión Marco Celio Tauro.
Años después los dos jóvenes se han convertido en Arminius y Flavus, dos expertos soldados respetados por todos y que han sabido ganarse la confianza del propio emperador.
Pero ¿pervive todavía la llamada de la sangre? ¿Podría la fidelidad a los suyos llevarles a traicionar la tierra que les ha adoptado?

Novedad histórica que nos trae Grijalbo


Poliamor 
Diego Beaumont

Diego Beaumont es artista, poeta y también booktuber. Nos trae un libro que conjuga a la perfección poética e imagen.

Saboreo tus cumplidos, me alimento de tus manías y repito postre de lamentos al limón. Ciego me quedo con tus colores, amarillo y rojo fuego, seductores como banderas desgastadas. Me ensordecen tus excusas, tu rumor de caracola y tu falta de sinceridad. Tu perfume caro me embriaga, empalaga y transmite señales de guerra. No hay tregua sin tus besos ni caricias más suaves que las tuyas.


Cuerpo.
Roger Peruga y Pau Sitjar

Tras sobrevivir a los peligros del Inhuma y el desierto, la compañía, al fin, alcanza su ansiado destino: La Resistencia. Pero su suerte vuelve a truncarse al contemplar la torre de Tad Szulk asediada por el ejército imperial, liderado por la hechicera Valra.
La amarga llegada, dará paso a una lucha feroz por la supervivencia de la Resistencia y sus héroes, envuelta por un manto de engaños y secretismo, que pondrá a prueba las creencias más profundas de Erlin.
El retorno de Franz Smuggler a la capital y su ambición insaciable chocaran con la rectitud del Maestro de Leyes, Valdor Arsent, quien tratará de forjar su propia visión del imperio. El resultado de esta batalla dará rienda suelta a la sed de sangre de Derak, el pirata Inmortal y al momento más convulso en la historia reciente de Maregard.
El regreso de Aldan a su tierra natal, la búsqueda de Erlin y su pasado, el sendero sin retorno de Prescott y la estoica perseverancia de Barlin, dejarán una huella imborrable en el camino del elegido y su profecía.

Edhasa edita el final de esta interesante saga llamada Memorias de Harkeck.

Una broma

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–No lo entiendo –decía Kah Sdra mientras le ajustaban las cadenas –. Ese chiste me lo contaba mi abuelo.

–Lo sé, Kah –respondió su abogado atusándose el flequillo –. Has tenido mala suerte.

–Sabes que fue veterano de la campaña de S8B14. Él estaba allí cuando el tío del Emperador… ya sabes. –Se mordió el labio y su mirada se desvió al botón superior de la casaca del letrado. No quería empeorar su situación.

–Es para que sea ejemplarizante.

–Lo sé. Pero aún así… ¿no es demasiado? Quiero decir… Destierro de por vida a la colonia 4Luv3RC, que está en construcción, y sin ciudadanía. –Se le escapó una lagrima. Se acababa de dar cuenta de que lo había perdido todo. –Sólo era una broma.

–Ya lo sé –respondió él con un suspiro exhasperado –. Ha sido un mal momento. Con el auge de la resistencia en el sistema S8, lo último que necesita el Imperio es parecer endeble. Piensa en la cantidad de escándalos están estallando últimamente alrededor de los Consejeros Imperiales. El tema de las miles de dosis de Extreyas cargados al presupuesto del Consejo de Guerra, por ejemplo… Las cosas están mal para la estabilidad Imperial. –Kah le miró sin entender –. Eres su cortina de humo.

Dos guardias entraron por la puerta. Llevaban el uniforme completo de asalto, como si Kah fuera el criminal más peligroso del Imperio. El más alto hizo un gesto con la cabeza al abogado.

–Es el momento, Kah –le aleccionó el letrado –. Intenta sonreír mientras te llevan al transbordador. O al menos mantente recta. Si puedes hacer como que has llorado, mejor. Eso les dará una semana más de portadas paternalistas. Y puede que te llegue algo de solidaridad popular. Algún recurso, dinero, consejos.. Vas a necesitar de todo allí a donde vas.

Nuevas Compañías

Nuevas compañias

Riss llevaba horas emboscando a un emboscado. Uno al que se le deba muy mal lo que estaba haciendo. Solo una persona muy despistada pasaría por alto aquella armadura negra mate y aquel pelo antinaturalmente rojo. Pero el mayor problema era su actitud. Todo él exudaba empeño en esconderse y alguien medianamente perceptivo oiría su tensión desde lejos.

Aquello le hacía gracia. Le atraía, del modo insano que los accidentes mortales atraen a las multitudes. Que aquel guerrero se acariciara de tanto en tanto  la muñeca y suspirara sólo aumentaba su encanto. Era como si el pobre llevase en la espalda la marca amarilla que entre los raterillos de su ciudad significaba “panoli”.

De hecho, aquel hombre tenía todos los números para morir.

Le pareció oir la Voz de la Diosa de nuevo. “Salva tres vidas y serás salvado”. Suspiró. ¿Acaso tenía otro remedio? Si había alguien en este plano que diera la bienvenida a todo tipo de baza para seguir vivo, era él. Además, era tan simple como evitar que se suicidara.

Se acercó al guerrero por la espalda. Estaba siendo sigiloso – era algo natural en él – pero si hubiese sido un jabalí en estampida, habría dado lo mismo. El hombre sólo tenía ojos para el camino. Estaba tan concentrado que Riss se permitió trepar al árbol más cercano y sentarse sobre una rama gruesa, prácticamente sobre su cabeza pelirroja.

–Bueno ¿A qué estamos esperando, amigo? –dijo socarronamente.

El guerrero se envaró y lanzó a Riss una mirada larga, evaluativa, con la que pretendía saber si el joven era peligroso, pero también transmitir una amenaza. Desde su asiento en la rama, Riss sitió una aprensión instintiva que no supo definir. Tal vez se había equivocado y aquel hombre no necesitaba ayuda.

Los hombros del pelirrojo se relajaron ligeramente mientras su vista volvía al camino.

–A una recua de esclavos –dijo con voz ronca.

La sonrisa de Riss desapareció por completo. Saltó de su rama y se puso al lado del guerrero.

–¿Esclavos? Están prohibidos desde antes de la Revolución

El guerrero soltó un bufido divertido y condescendiente

–Te sorprendería la cantidad de cosas que no deberían seguir existiendo y que aún pululan por ahí, chico. – Un brillo intermitente captó la atención de los dos.  –Ahí vienen – terminó  con una sonrisa inquietante.

Riss frunció el ceño. No es que imaginara cómo debían ser los esclavistas, pero aquellos reflejos no podían significar demasiadas cosas y ninguna era lo que había esperado. Armaduras pesadas bien lustradas, lo que significaba soldados entrenados y bien equipados, o estandartes metálicos, lo que implicaría que estaban bajo la protección de poderosas casas nobiliarias. O incluso peor, estandartes de cristal. Si eran de cristal, probablemente habría al menos un mago de combate.  En todo caso, lo que se avecinaba le inspiraba la misma confianza que la palabra de un Oeshi.

–¿Qué sabes de esos esclavistas? –La voz de Riss sonó más insegura de lo que había calculado. El guerrero arqueó una ceja.

–Absolutamente nada.

RIss le miró y se contagió de aquella sonrisa segura y afilada.

–Veo que eres todo un estratega. Como a mi me gusta.

Hizo un gesto vago de despedida y se escabulló entre la maleza. Al guerrero no pareció importarle. Su plan de todos modos no contaba con ningún joven aventurero.

Lo que vio Riss en el camino, desde su puesto entre las copas de los árboles, sí que cuadraba con la idea que tenía de unos traficantes de esclavos. Personas que en algún momento fueron asaltadores de caminos, cuatreros o, en el mejor de los casos, mercenarios. Hombres y mujeres que habían sido realmente duros, pero que la vida había masticado para escupirlos luego. Algunos habían sido derrotados por sus heridas, otros por sus adicciones, algunos por algún rival que los había despojado de su honor o su reputación. Todos tenían la misma mirada de hastío. La mirada de los aquellos que ya han perdido suficiente. Tenían por única ilusión vivir un día más y, tal vez, poder beber hasta perder el sentido otra vez. Contó media docena de  guardias para un grupo de unos veinte esclavos.

No había una sola armadura pesada. Ningún estandarte. Nadie validaba o protegía a aquellos hombres. Riss sintió un pinchazo en el pecho. Le costó unos momentos identificar que se trataba de un difuso orgullo.

Los presos –se negaba a pensar en ellos como esclavos– eran todos hombres. Estaban atados entre sí por las cinturas formando una especie de racimo de derrota. Los había jóvenes y ancianos, había varios todos de pelo, distintas pieles, pero la misma mirada vacía. No se buscaban entre sí, sólo caminaban en silencio.

En la parte media de la recua sobresalía un hombre. Caminaba mucho más erguido que los demás y la parte derecha de su cabeza lanzaba destellos metálicos. Sólo cuando se acercaron más Riss se dio cuenta de que una parte importante de aquel hombre estaba moldeada en metal inserto en la carne. El que brillaba estaba en la cabeza, pero también se veía en la cara, el cuello y al menos un brazo. Aquel hombre no estaba derrotado, estaba resistiendo.

Al final del grupo, rodeado por dos guardias, había otro hombre. Era muy alto, y tenía los huesos fuertes, marcados en su mandíbula y pómulos. Su mirada se perdía en el horizonte y daba una sensación general de cierta estulticia, una fuerza sin cerebro. Aquel hombre sin embargo no estaba derrotado ni se dejaba guiar como ganado. Aquel hombre estaba esperando.

El guerrero pelirrojo salió a mitad del camino con pasos elásticos, bloqueando el camino. Era un solo hombre, pero su presencia imponía como si fuera un pequeño ejército.  Riss preparó sus cuchillos arrojadizos. La triste comitiva se acercaba al pelirrojo, que llevó su mano lentamente a la empuñadura de su espada. Una de las dos guardias de la cabeza, una mujer de cabello rubio sucio con una cicatriz que le cortaba el labio, se adelantó para hablar con el guerrero. Estaba demasiado lejos para escuchar la conversación, pero Riss se dio cuenta de que no estaba siendo cordial. La tensión se dejaba ver en la postura de ambos, y era tan patente que incluso los presos se removieron inquietos.

El guerrero desenfundó su espada con un gesto calculado que la hizo soltar un gemido funesto. Al tiempo, la esclavista se llevó la mano a la parte baja de su espalda y blandió un alfanje, corto pero robusto.  Ambos contendientes se midieron unos segundos antes de abalanzarse el uno sobre el otro.

El resto de guardias también desenfundaron sus armas. Dos de ellos –uno de cada grupo, como un movimiento ensayado– avanzaron para apoyar a la esclavista que contenía a su oponente con eficacia, pero con esfuerzo. En ese momento el hombre metálico, que en la mente de Riss ya se llamaba Hombre de Hojalata, agarró del cuello con una mano centelleante al guardia que quedaba y lo alzó sin esfuerzo. Éste pataleó unos segundos antes de caer al suelo, desmadejado.

El golpe del cuerpo de su compañero llamó la atención del puesto de retaguardia, un hombre de melena ensortijada tan negra como su piel. Dio dos pasos  temblorosos en dirección al cadáver. El hombre gigantesco sonrió muy lentamente98i. Pasó la cuerda que le unía al resto de los esclavos sobre la cabeza del hombre que llevaba días burlándose de el y apretó con saña hasta que sintió que sujetaba un peso sin vida.

La situación para el guerrero pelirrojo era más peliaguda. La esclavista rubia había recibido unas pocas heridas superficiales, pero aguantaba apoyada por sus compañeros. El guerrero tenía que repartir su energía para bloquear los golpes. La rubia atacaba con toda la fuerza de su diestra. A su lado, un espadachín zurdo de barba rala mantenía al pelirrojo a distancia con un acero recto de gran tamaño. Estaba flanqueado por los otros dos guardias: una mujer robusta de piel olivacea que atacaba con dos hachas dobles y un hombre extremadamente delgado de pelo pajizo que parecía usar dos espadas cortas con movimientos amplios pero rápidos.

Riss lanzó su mejor daga, que se incrustó en el cuello del esclavista rubio. Éste soltó sus armas y buscó el cuchillo con las manos justo antes de caer. Riss no pudo evitar una mueca de disgusto. Había fallado el tiro.

La distracción permitió al guerrero pelirrojo superar la defensa del hombre de la espada larga, despachándolo de una estocada en el corazón. En ese momento una de las hachas de la más baja de las esclavistas que quedaban se enganchó en una junta de la armadura del guerrero. Éste apretó los dientes mientras seguía defendiéndose de las embestidas furiosas del alfanje. La esclavista morena plantó su pie sobre las costillas del guerrero y estiró. Una pieza de armadura del brazo del guerrero salió despedida. El pelirrojo lanzó un grito preñado de dolor.

–¡Bastarda! –gruño mientras se giraba hacia a ella. Riss creyó ver un reflejo rojo en sus ojos.

El guerrero arremetió de frente, seguro de la superioridad de su blindaje. Alcanzó a la  esclavista morena y cerro su brazo desnudo alrededor de su cintura. En ese momento la mujer comenzó a gritar de dolor. La esclavista rubia aprovechó que el pelirrojo le daba la espalda para alzan su arma. Riss lanzó su segunda daga, que se estrelló contra la hoja del alfanje.

La mujer morena comenzó a arder. Sus gritos agónicos y el olor de la carne quemada colapsaban los sentidos de todos los que estaban cerca. Su compañera tuvo que contener  nauseas y  lágrimas al tiempo.

Riss saltó de su rama con dos dagas en las manos, dispuesto a dar el apoyo que hiciera falta. El guerrero pelirrojo soltó el esqueleto carbonizado de la mujer de las hachas y noqueó a la otra con un golpe seco con el codo, aprovechando su conmoción. Quedó tendida en el suelo, con la parte izquierda de la cara ensangrentada.

El guerrero recuperó su pieza de armadura y se la colocó con un gesto de alivio. A continuación, hincó una rodilla en el suelo al lado de la mujer inconsciente.

El grandullón, que se había arrancado las ataduras, se acercó pesadamente a la esclavista rubia y le hundió la cabeza de un pisotón.

–¿Por qué has hecho eso, bestia estúpida?– gritó el pelirrojo –. La necesitaba para encontrar a Blythe.

El Hombre de Hojalata, que se dedicaba a cortar las ataduras de los demás esclavos, levantó la cabeza al oír aquel nombre.

–No necesitabas –gruñó el hombretón –. Tu dices “bestia estúpida”. Ellos piensan también. Y hablan. Bestia estúpida sabe cosas. –Sonrió beatíficamente.

El hombre de Hojalata se acercó al guerrero pelirrojo, que volvía a acariciar la trenza de cabello que llevaba en la muñeca.

–Esa trenza es suya, de Blythe –dijo suavemente –. Reconozco el engarce que la cierra… ¿De qué conoces a mi hermana, guerrero?

El pelirrojo le mantuvo un momento la mirada. Parecía incómodo, sin saber qué responder. Un movimiento a la espalda de aquel hombre parcheado de metal le llamó la atención.

–¿Dónde crees que vas, Bestia? –recriminó el guerrero al hombre gigante, que se iba en silencio.

El hombretón no le miró ni ralentizó su marcha. Simplemente siguió su camino.

–No le llames Bestia –dijo Riss, evaluando al grandullón –. Puede que les llamen monstruos, u ogros, pero las personas como él son humanos. Completamente. –El hombretón se paró para mirarle. El joven le sonrió. –Tendrás familia. Y un nombre, ¿a que si?

–Ceim. –Se pensó la siguiente respuesta. –No hay familia.

–¿A dónde vas, Ceim?

–Al oeste. –De nuevo pareció pensar si decir lo siguiente. –No hay familia, pero hay amiga. La llevaron con las otras chicas. Ceim la busca.

Riss se giró para mirar a los otros dos hombres. Dibujó una sonrisa encantadora.

–Parece que los cuatro tenemos el mismo camino.  Personalmente, no pienso dejar que unos bastardos trafiquen con la gente. Y no se a vosotros, caballeros, pero a mi me encantaría teneros por compañía.

Se estaba arriesgando. Aquellos hombres eran extraordinarios y le vendrían bien en el oeste. Y eran tres, como decía la Voz de la Diosa. Aunque él no los había salvado, precisamente. Quería la ventaja que suponían todos aquellos músculos extra. Y en el fondo, sentía que molestar en todo lo posible a unos esclavistas era lo correcto. Podía venderlo como lo que hiciera falta. Observo la actitud de cada uno, y le sorprendió intuir que su bravata estaba calando.

Los cuatro se miraron entre sí y, uno a uno, asintieron. Irían al oeste juntos.

–Alguien debería acompañar a estos hombres a su casa, ¿no os parece? –comentó el guerrero refiriéndose a los hombres recién liberados.

Los cuatro se miraron. Ninguno quería dar a ese rodeo, pero tampoco querían decirlo.
Un anciano se adelantó de entre el grupo de presos.

–No os preocupéis por nosotros. Sabemos volver.

El resto de ellos asentían con un murmullo de aprobación. Riss les sonrió. Se acercó al anciano y le puso una mano sobre el delgado hombro, en un gesto de apoyo.

–Gracias. Vuestro valor salvará a los vuestros –le dijo suavemente.

–Ten cuidado, chico. Vas a viajar con tres monstruos –respondió el anciano con preocupación –. Yo no querría.

 

Los cuatro se dirigieron hacia el oeste. Sabían que había muchas cosas temibles en esa dirección. Sobre todo si llegaban a las Ciudades de los Muertos. Riss se quedó un poco retrasado, junto al guerrero pelirrojo.

–¿Puedo preguntarte algo? –comenzó.

–Suéltalo, chico.

–Riss –corrigió él –. Mi nombre es Riss. – Tomó aire. –¿Eres un dragón?

El caballero soltó una risita

–Muy perspicaz. Si. Soy un Caballero Dragón.

Riss le miró de nuevo, parándose en el color de su pelo y el brillo casi febril de sus ojos

–Pensaba que ya no quedaba ninguno.

–Ya te lo dije. Te sorprendería la cantidad de cosas que no existen y que aún andamos por ahí.

Riss se humedeció los labios, dubitativo.

–Y es verdad que, sin la armadura….

–¿Nos quemamos? –terminó el guerrero –. Si.

–Oh –respondió Riss, pensando en lo mucho que eso podía complicar la relación de su nuevo amigo con su amada.

Siempre hemos vivido en el castillo. Merrycat, oh Merrycat

Lei Siempre hemos vivido en el castillo como parte de las lecturas conjuntas del grupo  #LeoAutorasFantásticas. Me costó mucho encontrar una copia en préstamo, y poco después la editorial pareció haber escuchado mis quejas y lloriqueos variados y lo reeditó. Conmigo tenían una venta hecha.

9788494534867_siemprehemovividoenelcastilloNo se me ocurre forma de presentar este libro que sus primeras palabras.
Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto
Las hermanas Blackwood viven una vida aislada y apacible en su casa familiar, sintiendo de lejos el odio generalizado del pueblo. Cuidan de si mismas y de su tío Julian que no hace más que escribir y reescribir sus memorias. Su vida podría ser normal si no fuera porque el resto de la familia murió en aquella misma mansión, victimas de un crimen nunca resuelto.

Siempre hemos vivido en el castillo es el relato real y apabullante de la vida de la américa profunda y sus pueblos, de las hermanas Blackwood, de su sociedad… y de la maldición que todo ello conlleva. Terror realista en grado sumo.

El trabajo de Shirley Jackson es tan terrible como hermoso. Os ruego que toméis lo que tenéis en la reseña como muestra de la narrativa fluida pero cargada de simbolismo y poética de esta narración, que además es relativamente corta. Una narración que es sorprendentemente reivindicativa y feminista, que expone absolutamente ese fenómeno conocido como mansplaining (Como diría en su reseña Eli del canal Libros Prestados, casi todo el nudo es mansplaining:el musical) así como las miserias y maldades propias del monstruo humano, tomado como un individuo monstruoso  y como una mente comunitaria monstruosa.

Y dentro de todo ello, la irrealidad de la mente mágica de la propia Merrycat donde cada pequeño detalle conlleva un mensaje transcendental y donde ella puede manipular las cosas para proteger su mundo y a su gente, para eliminar los agentes que amenazan la paz de su casa.

La lectura de este libro es muy ágil, tal vez ayudado por el hecho de que es un libro corto al que no parecen sobrarle ni faltarle páginas. Una lectura impresionante en conjunto, que impacta por el todo que es más que por sentencias aisladas.

Recomendado para: Todo el mundo. En serio, no sólo es un clásico de su género, si no que no conozco a nadie que se haya arrepentido de leerlo.
Abstenerse: Si buscas otra cosa, como terror de casquería o un libro lleno de artes marciales… 

Título: Siempre hemos vivido en el castillo
Autor: Shirley Jackson
Año de publicación: 1962
Última edición en españa: 2017
Editorial: Minúscula