Todos los pájaros del cielo. IAs y cómo crear al hombre perfecto

Empiezo a pensar que leer lo que publica Insolita es, en general, una buena idea. No es una editorial que tenga un gran volumen de publicaciones, pero nada de lo que les he leído me ha defraudado y tengo claro que trabajan con mucho mimo.
Y este libro es un ejemplo.

Patricia es una bruja que tiene el don de comunicarse con los animales. Laurence es un geek que ha construido una máquina del tiempo que le permite viajar dos segundos hacia el futuro. Juntos sobreviven como pueden al infierno de crecer siendo los raros, los marginados. Hasta que sus vidas toman caminos diferentes…
Cuando se reencuentran, ya adultos, Laurence se ha convertido en un genio de la ingeniería que trata de salvar el mundo —o al menos a un 10% de la población mundial— en el San Francisco de un futuro próximo. Por su parte, Patricia ha terminado sus estudios en Eltisley Maze, la academia oculta para magos y brujas, y trabaja en secreto para intentar paliar los innumerables males que asolan la Tierra. Aunque provienen de mundos enfrentados, la bruja y el científico descubrirán que tal vez tengan más en común de lo que piensan.

He dado en pensar que este libro tiene un fuerte componente de “efecto anchoa”: o te encanta o lo odias. Su combinación de puntos fuertes y débiles es cuando menos extraña.
Para comenzar tienes una narrativa bastante sencilla, cargada de cinismo y humor retorcido. Una voz algo oscura que se mantiene durante todo el libro sin importar la atmósfera general de la narración. Es la misma para Patricia que para Laurence, para cada uno de sus mundos enfrentados y para su mundo común. Y creo que es un acierto en la narración de cosas ordinarias, pero tal vez debería haberse dejado llevar un poco por la atmósfera de las extraordinarias.

Así mismo, creo que la historia se descontrola a la mitad del libro. Me explico. El inicio, con Patricia niña, con Laurence preadolescente y con ambos en el instituto me parece delicioso. Es original, es imaginativo, y al mismo tiempo puedo creérmelo aunque sea terriblemente exagerado. Aunque los bullys se inspiren en Carrie para abusar de sus victimas. Aunque la autora sublime y cristalice todos los abusos de las películas de adolescentes e institutos y deje caer el resultado sobre los hombros de sus protagonistas. Pero después, cuando son adultos, resulta que son poderosos, tienen éxito en sus respectivos campos, son guapos y tienen vidas que vistas desde fuera son bastante envidiables. Son modernitos millenial que llevan el american way of life del siglo XXI y sus formas de consumo aceptadas. Ambos solitarios y heridos en su juventud son ahora parte de un grupo: un engranaje social muy sólido para el cual son, de algún modo, los elegidos.
Con el salto temporal a mediados del libro, los terribles enemigos de la primera parte son reducidos a la nada. Son miniaturizados, desposeídos, sin que ello signifique nada para los protagonistas. Superarlos no requiere esfuerzo ni evolución real en los personajes, lo cual es una lástima.

Por último, la resolución es algo pobre. Era necesario que se hiciera, porque era lo que estaba sembrado en el texto, un regreso al principio del libro. No tendría sentido que se abandonaran priedras de toque como los pájaros, el Árbol o la IA de Laurence. Pero esta vuelta es poco o nada orgánica. El libro lanza la historia hasta magnitudes tan grandes (de escala planetaria e incluso transdimensional) y la aleja tanto de sus inicios, tanto en el mundo de la tecnología como en el de la magia, que te preguntas por qué pueden llegar al minimalismo después. Es un salto difícil para el lector, que se tiene que conformar con aceptar las cosas como vienen.
De hecho, no veo que la historia esté cerrada en absoluto. Al final, la confrontación entre magia y ciencia sigue viento en popa, y ambos mundos están perdiendo una guerra global por la salvación de un planeta en medio de un apocalipsis. Que esto no importe nada porque hay amor es algo que me entristece.

Parece que me toca pues, hablar del amor en el libro. Podéis contar este párrafo como un spoiler.
Estamos ante un libro de relaciones.
Patricia y Laurence son niños que crecen sin amor.
Patricia es una hija descarriada, y la forma de sus padres de quererla es aislarla. ¿Te pierdes en el bosque a los seis años? No vuelves a pisar verde en tu vida. Y así con todo. Que quede bien claro que eres inferior, que decepcionas a tus mayores, etc.
Por su parte, los padres de Laurence lo obvian. Lo único que desean es que sea “normal”, que “no destaque”, que “no se meta en problemas”. En resumen, que no moleste.
Ambos modelos de padres son represores: muros inamovibles que fomentan las reacciones out of the box de los dos adolescentes.
Es esta situación común de desamparo ante el mundo adulto y de victimas en el instituto lo que los acerca, siendo dos personas que, a priori, no tendrían mucho en común.
Al final de su relación adolescente se planta la idea de que tenemos que shippearlos. Que sí, que están mejor juntos.
Así que cuando en un cambio de capitulo, de adultos, pasamos de que ambos vivan sus vidas (y Laurence llevaba muchas páginas pensando en proponerle matrimonio a su novia) y estén retomando el contacto como amigos a verlos en la cama, tenemos que aceptarlo. Ya nos lo ponen como resumen narrativo justo antes de la escena de sexo. Porque una relación amorosa que se desarrolla a partir de una amistad de muchos años durante un periodo relativamente largo de tiempo es aburrida y no tiene mucho sentido en un libro que, al final, habla de relaciones y de amor.
El amor es, de hecho, lo que busca el libro. Patricia y Laurence se quieren. Eso está bien. Y de hecho, el plot twist principal consiste en separarlos cuando al fin se han dado cuenta de ello. Porque qué sería de una historia de relaciones sin problemas de comunicación.
Porque obviamente, ambos son mierdecillas inseguras con muchísimas cicatrices. No solo las que conocemos, de la infancia y el instituto, sino muchas otras. En el caso de Patricia, tiene detrás una comunidad que la considera un arma en su arsenal y que la machaca continuamente (por su bien, dicen) para que no se le suba a la cabeza el hecho de que es poderosa, lanzandola una y otra vez al pozo de su propia inseguridad. Laurence es el niño mimado de su entorno, el genio, el hombre capital… Todo el mundo espera tanto de él constantemente que siente que es un impostor, que no merece lo que tiene. Y eso lo hace llegar también a su novia, de la que no para de repetir que es tan perfecta que no debería estar con él, que le va a abandonar y etc.
En resumen, son caldo de relaciones tóxicas.
Pero cuando se juntan, maravilla, todo encaja, todo es bueno, todo está bien. ¿No mola cómo el amor romántico es la cura para todo y cómo es el único camino posible a la felicidad?
Porque es tan así que incluso la IA, a la que perdemos la pista (pero no mucho) al acabar la parte de adolescentes, aparece después como una especie de alcahueta tecnológica, decidida a que todo el mundo encuentre una pareja. Y lo dice él mismo: el amor lo es todo. Porque esa IA se siente solita. Que dividirse en una red gigantesca de nodos y relacionarse con millones de usuarios humanos no da compañía de verdad. La pobre IA necesita otra red autoconsciente a la que amar para estar completa.
¿Quién puede estar completo y ser feliz si no está en pareja? ¡Qué locura!
Y ese es el tema. Que tenemos una obra que es muy esperanzadora porque al final, todas las ovejitas que siguen vivas encuentran a su pareja y eso, querido público, es bien. No lo olvidéis.
Por cierto, a lo largo del libro, Patricia a terminado construyendo a un hombre perfecto en Laurence. No solo alguien que le quiere y que desea compartir su vida con ella, si no uno que se atreve a poner en común sus sentimientos, que se ha prometido no abandonarla nunca, que está dispuesto a sacrificarse por ella… y que no va a volver a pasar por uno de sus peores escollos en la relación: que el chico de cuando en cuando decía cosas inapropiadas o que le enfadaban. Laurence pierde su mayor defecto, y entra dentro del club de los hombre ideales, junto a Harpo Marx.
Fin del spoiler

Con todo esto, y a pesar de que intenta exponer de forma muy original y en un contexto diferente conceptos de ciencia-ficción clásica como la Inteligencia Artificial, la percepción, los agujeros de gusano, el desastre natural y la colonización de otros planetas, termina perdiendo muchas oportunidades.
A pesar de todo lo dicho, la obra me ha parecido una delicia. Aunque una de esas que empalagan un poco y hay que ir dejando para otro día.
Es una buena experiencia de lectura. O no. Depende de si te gustan los pescaditos azules en conservas saladas.

Recomendado para: hopepunk fans y otros amantes del amor, gente que busca otras formas de mostrar y entender la magia, cínicos irredentos
Abstenerse: si buscáis una historia que cierre de verdad, si pasáis millas de las relaciones personales o si tenéis una fuerte opinión respecto a la “trampa del amor romántico”

Título: Todos los pájaros del cielo
Autora: Charlie Jane Anders
Año de publicación: 2016
Publicación en España: 2018
Editorial: Insolita

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