Es el fin del mundo…

El bastón de Indar golpeaba el suelo con fuerza, sin perder el ritmo. Parecía que retumbaba en aquella caverna lisa por el simple placer de anunciarse, pero eso no era cierto. Indar tanteaba el suelo, lleno de cascotes, temeroso de que se produjera un desprendimiento.

Las Cuevas lisas eran peligrosas. Procedían de Tiempos Remotos, y estaban llenas de Secretos. Indar, como chamán, sabía muy bien que no debía bajar la guardia. Caer y partirse la pierna no era una buena opción. Molestar a los espíritus de las Cuevas era un resultado mucho peor. Recordó las advertencias de su maestro sobre los espíritus y los senderos, y el orden correcto de los símbolos sagrados. Cerró los ojos un momento. Dejó que las plumas le rozaran el interior de la muñeca, arrastrando las preocupaciones y otorgándole claridad. Puede que esta vez estuviera solo, pero no podía dejar que el miedo le mordiera. El espíritu de su maestro le perseguiría en sus pesadillas. No podía flaquear. Ya no era un niño. Tenía una misión.

Bajó del montículo de escombros por un lateral, donde se escondía una serie de escalones casi intactos. Una serie de escalones que no se veían si no los conocías y que se adentraban en lo más profundo de la Cueva. Un Sendero Sagrado.

Comenzó a cantar la letanía ancestral.
«Vamos a la playa, la bomba estalló. Las radiaciones tuestan y matizan de azul Vamos a la playa todos con sombrero. El viento radiactivo despeina los cabellos. Vamos a la playa oh o-o-o-oh Vamos a la playa oh o-o-o-oh Vamos a la playa oh o-o-o-oh Vamos a la playa oh oh».

Mientras, las salas vacías y los pasillos infinitos le devolvían un coro de voces. Indar sintió que, por un momento, no estaba solo. Generaciones de hombres sabios y guardianes le arropaban, escondidos entre el polvo y las sombras.
Se sentía observado, y eso le tranquilizaba.

Adur sonrió. Oculto entre las sombras, sintió cómo el recinto se llenaba de la voz del joven chamán. El muchacho estaba tan concentrado en su cántico que ya no le oiría moverse. No recordaba haber tenido una oportunidad así de clara. Llevaba tanto tiempo esperando, se había imaginado el momento tantas veces, con tantas variables, que ahora no tenía muy claro cómo actuar. Nervioso, se recolocó la bata con su nombre bordado en el bolsillo. Era sólo un jirón pardusco, pero era parte de su cordura. Se ató un botón imaginario, tanteó la llave que pendía de su cuello y carraspeó ligeramente, simulando que estaba preparándose para entrar a una reunión.

¿Cuánto hacía de la última reunión? Siglos. Eones. El tiempo para Adur era como jalea espesa, le impedía moverse con la rapidez que le gustaría y le daba a todos sus recuerdos un todo dorado y resplandeciente. De pronto era otra vez un joven científico, brillante y no demasiado escuchado por sus superiores, ilusionado por la posibilidad de ser el creador de una bomba de fusión. Al segundo siguiente era el hombre perdido que garabateaba en los muros húmedos enormes magdalenas y paisajes llenos de esqueletos, tanto de edificios como de personas. Había sido ese ser perdido que imaginaba cómo debería haber sido el mundo si la historia fuera justa durante muchos años. Demasiados. Loco, sin objetivo, sin ocupación… hasta que encontró la llave.
Aquella llave le había dado un objetivo; un futuro, pero sobre todo un final. Y eso era algo que un inmortal como él necesitaba. Porque Adur era inmortal. Llevaba vagando por aquellas instalaciones desde antes del nuevo mundo, antes de la ruina, antes del tiempo mismo… Se conocía de aquel entonces. Se reconocía de cada uno de los videos de seguridad que había conseguido ver, de cada archivo confidencial. Había sido joven, y también anciano. Había sido un hombre blanco y un soldado de piel de melocotón, un lampiño anciano oriental. Ahora la arena y el olvido habían dado a sus manos un tono de tierra tostada. Recordaba cada uno de sus juegos de dientes. Y estaba cansado.
El mundo había sido cruel, había sido malo, y era necesario limpiarlo. Adur lo conseguiría de una vez por todas con una explosión nuclear.

Perseguir al muchacho por los pasillos era sencillo. Si se perdía, solo tenía que seguir los números marcados en las paredes. B10, B9; B8…. Pero no se perdería. El chico cantaba fuerte, y a cada golpe, el resplandor verde del palo en el que se apoyaba y con el que marcaba el ritmo de su canción se intensificaba. Era una luciérnaga radioactiva, el abdomen hinchado de un insecto mutante mordido por el cráneo de un gato. Era repugnante y tenía que desaparecer.

A todas luces, era una suerte que el otro, el anciano, no hubiera venido esta vez. Un solo chico era un objetivo mucho más asequible. Los ojos opacos del otro le habrían visto incluso a través de las paredes. Pero con éste cachorrillo Adur podía acercarse sin temor.

A cada paso que daba, la canción del joven calaba en Adur: resonaba en su pecho, rebotaba en su garganta… pero no podía llegar a su corazón. El hombre descargó con fuerza un golpe sobre la cabeza del joven mientras canturreaba. «oh, oh, oh, oh».

Indar lo miró desde el suelo. El calor de la sangre que le manaba de la cabeza iba cubriendo sus sentidos de una película de irrealidad. En hombre negro y enjuto dejó caer el objeto con el que le había golpeado. El rojo destacaba sobre el blanco de la peana. Con su último aliento, Indar dijo la palabra sagrada que servia para nombrarlo:
—Microscopio.
El hombre se volvió y lo miró por última vez.
—Lo siento, chaval. No es personal —dijo para unos oídos muertos mientras se encogía de hombros.

La puerta A0 estaba abierta, sostenida por una única bisagra. Adur se internó en la habitación, abarrotada de armarios y cajas negras cuajadas de botones. Una parte de él se sentía confusa. Pero otra parte recordaba. Tenía la llave. Tenía que girarla en una cerradura escondida en la mesa que tenía enfrente. Se dirigió allí casi sin respirar.
Insertó la llave en su ranura y giró. Un protector de plástico se alzó dejando al descubierto un pulsador rojo. Tomo aire y, muy solemnemente, lo apretó.
Se dejó caer al suelo.
El mundo se acababa, al fin. Podía descansar.

Sobre el cadáver de Adur el Inmortal cayeron unos pocos globos descoloridos y una pancarta casi ilegible que le deseaba un feliz cumpleaños.


Este relato corresponde al #OrigiReto2019 de Stiby y Katty (normas aquí y aquí)
Objetivo 24 (usar una de las dos imagenes dadas) y objetos ocultos 25 (explosión nuclear) y 23 (microscopio)
1079 palabras. Milpalabarista.

10 Comentarios

  • Raúl - Kalen

    Cuando empecé a leer este relato post-apocalíptico lo imaginé lleno de detalles como parte necesaria e irremisible de algo mucho más grande, pero ese final brillante e inesperado me hizo cambiar de opinión. Es un relato redondo e independiente, que te sumerge en la trama y te evoca imágenes entrelazadas del mañana y el ayer, con una ligera vis cómica que hace que pueda decir claramente que está en mi top de favoritos de este mes. Enhorabuena y gracias por compartir la historia.

    • duxiet

      Pues gracias. Tiene un punto un poco loco, pero es que no me quería tomar demasiado en serio este relato post-apoc porque tampoco era el objetivo… y cuando mi mente desbarra, desbarra de verdad.

  • Vanessa

    Muy buen relato. La historia me ha gustado mucho. Al principio me ha parecido confuso el cambio de Indar a Adur y me he perdido. Pero ya cuando he aclarado ese punto la lectura ha sido fluida y con ganas de llegar a la resolución.

    Muy buena historia la que nos has ofrecido este mes, compi. Ya espero marzo 😀

  • Stiby

    Muy buenas!

    Pues me ha gustado mucho el final, que si he comprendido bien se refiere a que (SPOILER, que luego la gente viene a leer mi comentario antes que el relato y NO xd) todo es una imaginación de un niño que cumple años. ¿es así? De ser así, me ha gustado mucho. Si no, hay algo que me he perdido.

    Por ejemplo no llego a comprender si ambos personajes, Adur e Indar, son en realidad la misma o son dos niños jugando. Cuando ha salido la canción similar a Vamos a la playa, calienta el sol, ya he pensado que sería algo “cómico” al final. Me ha recordado a un objetivo del ori18 que consistía en escribir algo que no fuese al final lo que parecía. Creo que, si he entendido bien, casaría muy bien con este relato.

    Si nada de lo que he dicho tiene ningún sentido para ti, por favor, ignora este comentario xDDD

    Un detalle, en esta frase “Y eso era algo que un inmortal como él necesitaba. Porque Adur era inmortal. ” se me hace repetitiva la segunda frase pues la primera ya lo deja claro. Pero bueno entiendo que es para dar énfasis 😀

    Saludos!

    • duxiet

      Uhm… creo que era un poquito demasiado raro xD
      No son niños jugando, son un chico joven que es un chamán en un mundo post-apocaliptico. Adur es un hombre que está bastante trastornado, una persona que lleva sola mucho tiempo viendo cosas antiguas y ha asumido que todas las personas con las que en algún momento se ha identificado son él.
      Adur quiere acabar con el mundo, cree que con su llave y el botón del pánico que aprieta, lanzará una bomba nuclear, como en una película. Pero el botón del pánico era algo que estaba ahí para un cumpleaños de hace un siglo o dos. xD Definitivamente, demasiado raro.

      Hice énfasis en la inmortalidad de Adur precisamente porque quiere morir, porque muere… y porque está lo bastante loco para creerse que de verdad es inmortal y que solo descansará arrasando el mundo.

      Sorry

      • KATTY

        Brillante. Me encanta el momento de las plumas al principio, me ha dado una imagen muy visual. La persecución, la canción… No tenía muy claro que objetivo ibas a usar y creía que usarías el fin del mundo para destino funesto, así que la forma en la que terminas me ha parecido totalmente inesperada y estupenda. Buen relato, buen avance, tiene un toque muy melancólico que no termina de ser de mi gusto, pero eso ya es a título personal, porque el relato está genial tal cual ^^

        Muy bien hecho.

        .KATTY.

  • Gerardo

    Será porque yo no soy muy de fantástica, pero no lo he entendido. Pero es una delicia leerte.
    Lo único negativo que encuentro es el párrafo central que se me hace demasiado largo, y que noto ligero abuso de los puntos suspensivos. Incluso en uno metes cuatro : B10, B9; B8….
    Muchísimas gracias por regalarnos un texto tan bien escrito.
    Saludines

    • duxiet

      Gracias.
      Lo de los puntos suspensivos es uno de mis puntos flacos. Una manía conservada desde la adolescencia. Se que debería quitarmela, pero a veces no sé cómo.
      Muchas gracias por comentar <3

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